Resumen para apurados
- En el Día de Prevención del Suicidio, Argentina reportó su peor tasa histórica (11,8 cada 100.000 habitantes), con fuerte impacto en jóvenes por factores sociales y psicológicos.
- La problemática ya es la primera causa de muerte entre los 15 y 34 años. Especialistas advierten sobre el aislamiento, el uso de redes sociales y la pérdida abrupta del empleo.
- Se busca romper el estigma y escuchar sin juzgar, mientras crecen los reclamos para reglamentar la Ley de Salud Mental y se difunden líneas de asistencia gratuita como el 135.
Todos los 10 de septiembre desde hace 23 años se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, una fecha que este año encuentra a Argentina frente a su peor registro histórico.
Según informes del Observatorio de Política Criminal y del Ministerio de Salud de la Nación, el país registra una tasa de 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes, la más alta desde que existen registros y muy por encima del promedio mundial estimado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La problemática golpea con especial fuerza a los más jóvenes. Según el psicólogo Eduardo Yocca, en contacto con LA GACETA Play, durante 2025 se registraron más de 5.000 suicidios en el país, lo que equivale a 14 casos por día, aproximadamente uno cada dos horas. Los adolescentes son hoy el grupo etario de mayor incidencia, y buena parte del aumento de casos se dio entre los 14 y 25 años.
Consultado sobre las razones por detrás, el profesional fue claro en que si bien no existe una causa única, garantizar las condiciones básicas de existencia marca un inicio con respecto a la prevención. Ir de lo macro a lo micro, según planteó Yocca, es el primer paso para entender el fenómeno: antes de pensar en lo singular de cada historia, hay que poder asegurar esas condiciones mínimas de existencia, que además alcanzan no solo a quienes consultan, sino también a los profesionales de salud mental que trabajan en los distintos ámbitos públicos y privados. El trabajo, los vínculos, el tiempo libre y de recreación son fundamentales. “Con hambre no se puede pensar”, expresó. El psicólogo también apuntó al impacto de las pérdidas laborales abruptas. Cada persona construye su propia escena del mundo, integrada por su trabajo, su familia y sus vínculos y, cuando esa escena se desarma, se pierde el sentido de la vida: “Cuando uno pierde algo de una forma tan brusca, lleva tiempo volver a armar esa otra escena donde uno pude volver a estar y a habitar el mundo”, explicó el profesional.
En el plano más singular y subjetivo, se planteó una diferencia que es fundamental para comprender el fenómeno al día de hoy: no es lo mismo no querer vivir que no poder o no saber cómo vivir en las condiciones que uno atraviesa. “Hoy por hoy hay una dificultad que tiene que ver no tanto con que la gente sienta que no quiere vivir, sino con que le cuesta vivir”, advirtió el experto. Esa diferencia, dijo, es justamente el terreno donde trabajan los espacios psicoterapéuticos y los dispositivos de salud mental. En esa misma línea, distinguió entre el riesgo y la urgencia: cuando alguien atraviesa una urgencia, la consulta debe ser inmediata y el objetivo es dar alojamiento y sostén a quien está a punto de atravesar una crisis.
El lugar de las redes
Sobre el rol de la hiperconectividad, el especialista explicó que los espacios digitales funcionan bajo una lógica paradojal: para algunas personas, sostienen vínculos y funcionan como un modo de estar presentes en el mundo, especialmente cuando el contacto cara a cara resulta más difícil. Es un nuevo modo de vincularse, que merece respeto y no ser juzgado.
La contracara aparece cuando esa manera de relacionarse domina toda las interacciones y la persona pierde el contacto con la realidad: ahí, dijo, hay que encender señales de alarma. Uno de los indicadores a los cuales dar atención es el encierro: cuando alguien deja de salir de su casa o se aísla de sus vínculos familiares y de amistad, es momento de estar atento y empezar a consultar de a poco.
Cómo acompañar
El encierro y el aislamiento de los vínculos personales fueron, para Yocca, uno de los indicios más claros a los que prestar atención, especialmente porque una persona muy encerrada en sí misma difícilmente logre expresar lo que está atravesando.
Frente a esa dificultad para hablar, el psicólogo remarcó que lo más importante es acompañar sin juzgar: ofrecerse como alguien que está disponible para el otro, en una posición de escucha, sin hacer un juicio de valor sobre lo que está pasando y entendiendo que del otro lado hay una persona que sufre. Ese sufrimiento, aclaró, no afecta sólo a quien lo atraviesa, sino a todo su entorno familiar, laboral y de amistades.
Este día busca poner en discusión un problema muchas veces invisibilizado. La campaña internacional para el período 2024-2026 se desarrolla bajo el lema “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, y este año propone además la consigna “Iniciar la conversación”, con el objetivo de reducir el estigma, favorecer la escucha y generar espacios donde hablar de salud mental deje de ser un tabú. Ante una situación de crisis, existen líneas de atención disponibles las 24 horas, los 365 días del año: la línea 135, de atención inmediata, y el 0800 122 1555, que ofrece atención psicológica y una red sanitaria de contención. (Producción periodística: Valentina Aranda)










