Resumen para apurados
- Flávio Bolsonaro y Lula disputarán el balotaje presidencial en Brasil el 25 de octubre, al no superar el 50% de votos necesarios para ganar en primera vuelta.
- Con el 99,9% escrutado, Bolsonaro obtuvo el 47,05% frente al 45,14% del actual mandatario, tras un conteo reñido y una marcada polarización entre el norte y el sur.
- El próximo presidente deberá negociar con un Congreso dominado por el bolsonarismo en el Senado y el bloque pragmático del Centrão como árbitro en la Cámara de Diputados.
BRASILIA, Brasil.- Los brasileños esperaron con el corazón en la boca los resultados lo de la primera vuelta de las presidenciales, entre el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador conservador Flávio Bolsonaro.
Como se esperaba, hubo una elección muy reñida, la balanza se fue inclinando y a medida que avanzaba el conteo, se consolidó la realidad de que habrá balotaje, el 25 de octubre.
En una definición infartante, los números fueron acercando a un Lula que empezó el conteo muy atrás respecto de su rival. Durante un par de horas, Bolsonaro logró un 51% de los votos, basado sobre todo en los números que llegaban del sur de Brasil, con intereses en el agronegocio y fuertemente conservador y había temor de que le alcanzaran para un triunfo en primera vuelta. Ese escenario, sin embargo, no llegó nunca a cuajar porque no logró en ningún momento la diferencia porcentual necesaria para asegurarse de que no era necesario pasar a un balotaje. Hacia las 22.30, y computado el 99,9% de los sufragios, la lista 22, que encabezaba el hijo del ex presidente, alcanzaba el 47,05% (con más de 56 millones de votos). El Partido de los Trabajadores, la lista 13 de Lula, sumaba el 45,14%, con casi 54 millones votos.
Esquema parlamentario
En la Cámara de Diputados, el nuevo mapa parlamentario consolida un esquema donde el denominado Centrão, con sus 235 bancas, retiene la llave absoluta de la gobernabilidad.
El quórum y la mayoría absoluta exigen 257 votos y las reformas constitucionales 308, ni el bolsonarismo (131) ni la izquierda (122) cuentan con masa crítica propia para imponer una agenda legislativa.
Cualquier intento de avanzar con proyectos de ley o frenar iniciativas del Ejecutivo obligará a negociar acuerdos presupuestarios y de cargos con este bloque pragmático, que funciona como el árbitro de la Cámara baja.
El Senado Federal se inclina a la derecha, con el bolsonarismo afianzado como primera fuerza, con 33 bancas, frente a una izquierda replegada a 15 escaños.
Para lograr la mayoría simple de 41 senadores, una confluencia entre los legisladores bolsonaristas y el Centrão (31 bancas) suma con comodidad 64 voluntades.
Este volumen supera con holgura 54 votos (dos tercios) requeridos para autorizar juicios políticos a ministros del Supremo Tribunal Federal o rechazar pliegos judiciales y diplomáticos, otorgando al sector una capacidad de presión institucional inédita sobre otros poderes del Estado.
Esa configuración anticipa un congreso con dinámicas diferenciadas entre ambas cámaras. Diputados deberá operar bajo una lógica de negociación permanente centrada en recursos y demandas sectoriales, mientras que el Senado haría de un contrapeso con fuerte carga ideológica, capaz de vetar nombramientos estratégicos y condicionar cualquier iniciativa que no cuente con el respaldo del bloque conservador.
De 80 años, Lula busca un cuarto mandato. Su lema de campaña fue defender la democracia contra la “barbarie” y el “negacionismo” del hijo del ex presidente ultraderechista Jair Bolsonaro.
El izquierdista hizo bandera electoral de la soberanía y de su disputa contra la presión del presidente estadounidense, Donald Trump, quien extiende su área de influencia en la región con gobiernos de derecha en Argentina, Chile o Colombia.
Lula cuenta con su base electoral en el empobrecido noreste, entre los votantes de bajos ingresos, católicos y mujeres. Bolsonaro lidera en el sur, entre los más acomodados y los evangélicos neopentecostales, a quienes los católicos acusan de fanáticos que quieren destituir los símbolos religiosos tradicionales de Brasil.
Unos 160 millones de ciudadanos estaban convocados a sufragar y el voto es obligatorio en Brasil, salvo justificación.
En pocos meses, Flávio Bolsonaro logró pisar los talones a Lula en las encuestas, incluso después de que se supiera que era investigado por corrupción en la financiación de un filme biográfico sobre su padre. Promete una férrea política contra la inseguridad y austeridad fiscal.
Lula, reconocido por los programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de personas, regresó al poder en 2023, después de ir preso por un escándalo de corrupción y de que sus condenas fueran anuladas.
Durante el tercer mandato de Lula, la inflación se mantuvo a raya y el desempleo cayó, pero los brasileños se quejan del alto costo de vida y se muestran hastiados con la delincuencia. También se redujo drásticamente la deforestación en la Amazonía, aunque el cambio climático estuvo ausente de la campaña, pese a la multiplicación de eventos extremos como sequías e inundaciones en el país.
Desde el extranjero: en casi toda Sudamérica se impuso Lula
El voto de los brasileños en América del Sur reflejó una polarización geográfica y sociológica, dividiendo a la región: un Cono Sur por Lula da Silva y una franja fronteriza y agropecuaria con respaldo masivo a Flávio Bolsonaro. Argentina se consolidó como bastión de la izquierda brasileña. Allí Lula obtuvo el 64,6% de los sufragios frente al 28,7% de Bolsonaro, impulsado por una comunidad migrante con presencia en centros urbanos, ámbitos académicos y sectores culturales.















