MADRID, España.- En unos cuantos meses, en todo caso antes de un año, algunos de los países más influyentes en el panorama internacional pueden sufrir modificaciones sustanciales del reparto de su poder interno con consecuencias globales.
Las elecciones previstas en Alemania (que se realizaron ayer), Francia, Estados Unidos, Israel y Brasil, entre otros, pueden dejar resultados que cambien la actual orientación internacional y provocar un vuelco en el reparto de fuerzas de las distintas ideologías y líneas de política a escala mundial.
La cita más próxima, y quizás la más inquietante a escala europea, según consigna el columnista español Carlos Elordi en un artículo para ElDiario.es, es la de las elecciones regionales en el estado alemán de Sajonia-Anhalt, situado en la antigua Alemania del este, previstas para el domingo. A esos comicios seguirán los de Mecklemburgo-Pomerania Occidental el 20 de septiembre y la serie continuará en meses sucesivos.
Lo más relevante es que, con pocas excepciones, en todas ellas, el partido favorito, incluso para hacerse con el poder en alguno de los estados federales, era la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que en lugar de moderarse por la proximidad del éxito se radicaliza cada vez más. La dirigente de AfD Alice Weidel ha declarado: “Si ganamos las elecciones federales -el paso siguiente para hacerse con el poder- en los primeros 100 días cerraré las fronteras, eliminaré todos los subsidios a los inmigrantes y llevaré a cabo las deportaciones más grandes de Alemania”.
Ese mensaje cada vez más girado hacia la xenofobia -sostiene un artículo publicado el pasado fin de semana- capta cada vez más a millones de alemanes que han abrazado la demagogia xenófoba como remedio para los problemas del país. “Los inmigrantes son los culpables” es el lema que ha abrazado un colectivo que no deja de crecer y que podría, en no muchos meses, gobernar el país.
“Es cierto que Alemania tiene problemas. Que su industria, sostén de un crecimiento económico formidable durante décadas lleva años perdiendo fuerza y cosechando fracasos. Que la guerra de Ucrania ha reventado el modelo energético y que los productos chinos le quitan cada vez más espacio de mercado. Pero los inmigrantes no tienen la culpa de ello, aunque millones de alemanes quieren hacérselo pagar”, escribe Elordi.
Ultras, a la cabeza
Francia, que celebrará sus presidenciales en abril y mayo del año que viene, tiene a la inmigración en el centro del debate político. Entre otras cosas, porque el gran protagonista de ese debate es el partido ultraderechista Agrupación Nacional, mayoritario en los sondeos, aunque por estrecho margen. Pero, aunque es la gran favorita para las presidenciales, no es un camino lineal. La veterana Marine Le Pen disputa el protagonismo al más joven Jordan Bardella, y la tradicional líder ultraderechista defiende posiciones más radicales, particularmente en el capítulo de la inmigración.
Entretanto, con una izquierda más dividida que nunca y, tras el hundimiento de las posibilidades políticas del presidente Emmanuel Macron, no se vislumbra un líder potencial para la centroizquierda y la centroderecha, cuya suma de votos aún sigue siendo mayoritaria. La falta de liderazgo es tan angustiosa que en los últimos días ha surgido la hipótesis de que el último presidente socialista, François Hollande, pudiera volver a la arena política encabezando la candidatura de la izquierda. Y él no la ha desmentido.
El inestable Trump
Otra cita electoral de trascendencia mundial es la de las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos.
Pasa que, según muchos sondeos, en estas elecciones, Donald Trump podría sufrir una derrota que ya se puede anticipar en base a la drástica baja de popularidad por la inflación, el cansancio con su política guerrerista y el temor por sus arremetidas antimigrantes, que afectando a la población latina que lo apoyó para llegar a la Casa Blanca.
Lo que nadie se atreve a pronosticar es qué pasaría en el caso de una derrota: si radicalizaría sus posiciones o cambiaría el rumbo de su política.
La inquietud más sustancial, dice Elordi, es que la reacción de Trump ante una derrota pudiera seguir la línea de que tuvo cuando perdió las elecciones con Joe Biden y ordenó el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Es decir, “saltearse todas las reglas y propiciar un auténtico golpe de Estado con el fin de que los suyos no perdieran el poder y los privilegios que han adquirido”, considera el columnista. “Parece una fantasía, pero en la prensa norteamericana no pocos creen que no es imposible”, añade.
Polos opuestos
Brasil -que va a presidenciales el 4 de octubre- e Israel -cuyas legislativas se celebrarán el 27 de ese mismo mes- son los otros dos países cuyos resultados electorales pueden tener un impacto global.
En el gigante americano, porque una derrota de Lula da Silva a manos del hijo del ex presidente Jair Bolsonaro y actual candidato de la derecha, Flávio, daría un impulso muy inquietante a la ola conservadora y muy radical que se expande por el continente.
En Israel, porque habría que ver si una derrota de Benjamin Netanyahu, posible, pero no segura, daría el poder a un candidato más moderado y negociador, o a un ultraderechista aún más radical que el actual primer ministro, acusado de crímenes contra la humanidad.










