El revitalizante oxígeno uruguayo

La visita del ex canciller uruguayo Omar Paganini dejó en Tucumán algo más que la presentación de un libro: una invitación a pensar con serenidad un mundo atravesado por una regresión democrática, conflictos bélicos, vértigo tecnológico y deterioro del debate. En tiempos de estridencia, el estilo político uruguayo ofrece una bocanada de civilidad, mesura y confianza en las instituciones.

la gaceta / foto de diego aráoz
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Daniel Dessein
Por Daniel Dessein 06 Septiembre 2026

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Algunas veces es difícil identificar el momento en que nos enamoramos de alguien o de algo. Y otras veces ese instante aparece nítido en la memoria. Me pasa con el Uruguay. Una tarde del 26 de julio de 2017 mi amigo Washington Beltrán, director del diario El País y nieto homónimo del periodista que perdió la vida por un balazo disparado en un duelo por el dos veces presidente José Batlle y Ordoñez, me llevó a la sede de uno de los medios de la competencia, la revista Búsqueda. Allí nos encontramos con el mayor referente del partido de Batlle -y también dos veces presidente- Julio María Sanguinetti. Los herederos de los protagonistas del viejo duelo se abrazaban un siglo más tarde.

A mí me tocaba entregar un reconocimiento a quien había sido director de la revista, Claudio Paolillo, un periodista corajudo y talentoso que criticaba agudamente al entonces presidente uruguayo, Tabaré Vázquez. De pronto, caminando sin escolta visible, como si fuera un cliente anónimo entrando a un café, apareció el Presidente y abrazó a Paolillo, muy afectado por un cáncer avanzado. Aplaudieron, espontáneamente, dirigentes de la oposición y colegas del periodista. José Claudio Escribano, el legendario subdirector de La Nación, me dijo minutos después: “No es solo un presidente abrazando a uno de sus mayores críticos sino también un oncólogo conteniendo a un moribundo”.

A partir de mi experiencia en una de esas postales tan uruguayas de convivencia, humanidad y civilidad, símbolos de una continuidad de principios y de una estabilidad política y económica que despiertan tanta envidia en el resto de los latinoamericanos, me involucré en un proyecto para dirigir un diario en Montevideo.

Así conocí el nombre y las ideas de Omar Paganini, ministro y luego canciller del gobierno de Luis Lacalle Pou. A través de un contacto común nos hicimos amigos y terminamos gestando, con LA GACETA y las editoriales Vleer y Aurora, Manual urgente para un mundo incierto, libro que se presentó el jueves pasado en Tucumán.

El ensayo aborda los temas más acuciantes de la actualidad: la erosión democrática, el avance acelerado de la tecnología, la fisonomía de la nueva política, el auge del belicismo, el deterioro del debate público, el desdibujamiento de los parámetros tradicionales para pensar el mundo. Temas urgentes que requieren una pausa para enfocarlos en profundidad.

Paganini ha recorrido el planeta y ha tratado cara a cara a los protagonistas de la escena global. Ha debatido con los presidentes y cancilleres de las grandes potencias y con todos los líderes de nuestra región. Combina toda esa experiencia con el análisis de los fundamentos de una democracia liberal amenazada. Todos los problemas que hasta hace poco parecían lejanos hoy impactan rápidamente en nuestra vida cotidiana.

Paganini ordena buena parte de la incertidumbre que aborda en su libro en tres grandes dimensiones. Una es institucional: la democracia liberal, la economía de mercado y el orden internacional basado en reglas atraviesan una crisis que parecía impensable pocas décadas atrás. Otra es tecnológica: la inteligencia artificial y la aceleración de los cambios avanzan a una velocidad mayor que nuestra capacidad para comprenderlos, regularlos y adaptarnos a ellos. La tercera es bélica: regresaron las guerras entre Estados, la amenaza nuclear y una lógica de poder que debilita el multilateralismo construido después de la Segunda Guerra Mundial. El libro intenta pensar esos tres movimientos en conjunto y plantea una paradoja inquietante: mientras la humanidad progresa vertiginosamente en el plano técnico, puede retroceder en el institucional y político.

La visita de Paganini trajo una transfusión de calma y mesura uruguaya para reflexionar acerca de las convulsiones que sufrimos y el resquebrajamiento de los pilares sobre los que asentamos nuestras sociedades. Las instituciones -la justicia, las organizaciones internacionales, los congresos, la prensa- se debilitan cuando más las necesitamos. Son los espacios deliberativos los que se fragilizan y es la deliberación la que puede reparar las grietas de nuestro mundo. Debemos reflexionar, conversar y cooperar -la clave del progreso de nuestra especie- para superar el atolladero.

El ex canciller uruguayo trajo fuertes advertencias desprovistas de optimismo pero nutridas de esperanza. No podemos aguardar el futuro como una fatalidad. Debemos repensar el presente para construir el porvenir.

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