¿Hubo "emoción violenta" en el crimen del country?: las contradicciones de los peritos sobre la mente del asesino
El perito aportado por la familia Figueroa presentó un peritaje que busca explicar el femicidio de Mercedes Kvedaras bajo la figura de la "emoción violenta". Mientras los peritos forenses oficiales sostienen que el acusado José Figueroa mantuvo el dominio de sus facultades.
Resumen para apurados
- Peritos debaten si José Figueroa actuó bajo emoción violenta al matar a Mercedes Kvedaras en un country de Salta, mientras forenses oficiales afirman que tuvo pleno autocontrol.
- La defensa de Figueroa presentó un informe para atenuar la acusación, contradiciendo los peritajes oficiales que sostienen que el imputado mantuvo el dominio de sus facultades.
- La resolución sobre el estado mental del acusado definirá si recibe cadena perpetua por femicidio o una pena menor. El caso sienta un precedente sobre peritajes en crímenes de odio.
En una audiencia decisiva marcada por el análisis técnico del comportamiento humano, el médico psiquiatra Osvaldo Navarro presentó su informe pericial sobre José Figueroa, el principal acusado del crimen de Mercedes Kvedaras. Sin embargo, su testimonio no llegó exento de polémica: los dos médicos que lo acompañaron originalmente en las pericias, la doctora Gabriela Moyano y Gustavo Flores, no coincidieron con sus conclusiones finales, lo que obligó a Navarro a presentar un informe por separado.
Mientras Navarro intentó explicar el acto desde una vulnerabilidad psíquica extrema, los testimonios de Moyano y Vacaflores ante los jueces dibujaron el retrato de un hombre que, lejos de haber actuado bajo un arrebato incontrolable, mantuvo en todo momento el dominio de sus facultades. Esta grieta profesional entre los peritos de control y los forenses oficiales sitúa el debate en un punto crítico: ¿fue el ataque un estallido animal e inevitable o el acto consciente de un sujeto que nunca perdió el control?
La primera impresión
Navarro comenzó describiendo el inicio de la evaluación en 2023. Recordó que el primer día la presentación de Figueroa fue "llamativa" debido a las extremas medidas de seguridad (incluyendo el uso de un casco y chaleco), lo que generó una situación de "incomodidad e incertidumbre" en el evaluado. Según el perito, Figueroa manifestó "dificultad para respirar y cansancio por el temprano traslado".
Durante las entrevistas, el psiquiatra observó a una persona "tranquila, lúcida y coherente", pero bajo un régimen farmacológico severo que incluía clonazepam, quetiapina, estabilizadores del ánimo y antidepresivos. Navarro fue enfático al señalar que esta medicación "lo mantenía simplemente tranquilo", pero que en una persona sin sus problemas "lo hubiera tenido dormido todo el día". Además, reveló que Figueroa presentaba un "cierto riesgo hacia su propia persona", habiendo intentado quitarse la vida anteriormente.
El "estoico" que se orinó encima
Uno de los momentos más reveladores del testimonio fue cuando Navarro definió a Figueroa como un "estoico". Según el profesional, el imputado es un sujeto estructurado, atado a sus rutinas y con un alto sentido del deber familiar.
Para ilustrar esta característica, el perito relató un hecho ocurrido durante las pericias: Figueroa, queriendo ser servicial y amable, no se animó a pedir permiso para ir al baño durante una extensa entrevista y terminó orinándose encima. Navarro utilizó este ejemplo para describir a alguien que "a costo propio resuelve las cosas" y que soporta presiones internas sin exteriorizarlas.
La teoría de la "emoción violenta" y el "dique roto"
El núcleo del informe pericial de Navarro se centró en explicar el estado mental de José Figueroa bajo la figura de la emoción violenta, describiéndola no como una planificación, sino como un desborde absoluto de los frenos inhibitorios.
Según el profesional, Figueroa se encontraba en un estado de base longitudinal de "estupor" y "obnubilación", exacerbado por un duelo prolongado, la falta de sueño y el consumo de psicofármacos por cuenta propia. Esta vulnerabilidad previa configuraba lo que el médico denominó un "dique que tenía algunas grietas", una estructura psíquica que, aunque intentaba contener una enorme carga emocional, estaba a punto de colapsar ante cualquier impacto adicional.
El perito sostuvo que, en este contexto de sensibilidad extrema, frases de la víctima como "en algún lado la tengo que pasar bien" o "ocupate vos" actuaron como disparadores que "terminaron por romper ese dique ya debilitado". Navarro explicó que, ante un estímulo de "tal carga descalificadora", la reacción se desbordó completamente porque Figueroa ya presentaba una marcada labilidad para manejar sus frenos emocionales. En sus propias palabras, cuando este límite se traspasa, "las emociones salen de un modo como una tropilla" y se vuelven prácticamente imposibles de contener.
Para el psiquiatra, este estallido llevó al imputado a un terreno donde se pierde la capacidad de recurrir a "lo simbólico" o a la palabra para resolver el conflicto. Navarro afirmó que Figueroa entró en lo que definió como una "conducta animal, de un desborde sin ningún tipo de freno". En este estado de "estrechamiento de conciencia", el sujeto pierde la noción del tiempo y la orientación, actuando de forma impulsiva y ciega.
El profesional enfatizó que la naturaleza del ataque, una lucha cuerpo a cuerpo sin el uso de armas preparadas, refuerza la idea de un acto espontáneo: "la persona actúa como si se estuviera defendiendo en forma muy violenta de algo que quizás tiene una carga de violencia más subjetiva que objetiva". Finalmente, el perito concluyó que Figueroa no buscaba la muerte de su pareja, sino que se vio envuelto en un "torbellino de violencia" del cual despertó sorprendido por el desenlace fatal.
Controversia por el informe
La fiscalía y la querella cuestionaron duramente la originalidad del marco teórico del informe. Se le señaló a Navarro que su conceptualización de la emoción violenta contenía párrafos idénticos a artículos jurídicos disponibles en internet, específicamente de la Dra. Verónica Llull Casado. "Encontré al menos siete párrafos copiados textualmente", disparó el abogado querellante, Jorge Ovejero.
El perito admitió "la posibilidad" de haber tomado textos de su base de datos personal: "No creo que la haya bajado de Google porque yo tengo una cantidad de información en mi computadora... lo puedo haber tomado de otro lado y expresado ahí". Sin embargo, insistió en que su objetivo no era equiparar la emoción violenta con la defensa propia, sino expresar la vivencia subjetiva del imputado.
Otro punto que generó suspicacias durante el interrogatorio fue la redacción del informe, el cual estaba escrito íntegramente en plural (utilizando términos como "vimos" o "notamos"), a pesar de que Navarro lo había elaborado y firmado de manera individual tras no alcanzar un acuerdo con los otros peritos. Al ser consultado sobre esta inconsistencia, el profesional restó importancia al cuestionamiento técnico y justificó la elección gramatical explicando que se trataba simplemente de "una forma literaria" de presentar sus hallazgos
Finalmente, Navarro concluyó que la reacción de Figueroa no estaba vinculada a una problemática de género o a una "ofensa a su hombría", sino a una herida emocional del pasado relacionada con la separación de sus padres y situaciones de infidelidad previa que él intentó "taponar" sin éxito.
JOSÉ FIGUEROA
¿Qué dicen las otros psiquiatras?
La doctora Gabriela Moyano, perito oficial del CIF, fue categórica al descartar cualquier rasgo de descontrol involuntario en la conducta de Figueroa. Según su testimonio, el acusado presenta una "estructura neurótica con marcados rasgos obsesivos y narcisistas", lo que se traduce en una necesidad patológica de dominio absoluto sobre su entorno. Para Moyano, no existió un "estallido", sino una acción ejecutada con "plena conciencia" y comprensión de la criminalidad, subrayando que el imputado posee la capacidad de distinguir perfectamente entre lo lícito y lo reprochable. Esta visión se apoya en la "anestesia emocional" detectada en Figueroa, quien mantuvo un relato gélido y monocorde, desprovisto de cualquier afecto o remordimiento por el crimen de su esposa.
Por su parte, el perito de la querella, Gustavo Vacaflores, reforzó esta postura al desestimar el concepto de "emoción violenta", calificándolo como una construcción jurídica ajena a la medicina. El psiquiatra describió a un Figueroa lúcido y vigil, cuyo discurso "sobrecontrolado" y "escamoteado" delata una intención deliberada de ocultar información para mejorar su situación procesal. Vacaflores fue tajante al señalar que la conducta del acusado es compatible con la mendacidad, evidenciando que Figueroa no solo comprendía la gravedad de sus actos al momento del hecho, sino que actualmente utiliza mecanismos de defensa para minimizar el conflicto y depositar la culpa en terceros, manteniéndose siempre como un sujeto imputable y calculador.














