BAJO PROTECCIÓN. “El primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual”; afirman expertos.

PARIS, Francia.- Los ataques a infraestructuras hídricas son poco habituales en tiempos de guerra, pero irrumpieron en la de Medio Oriente con bombardeos contra plantas de desalinización, un sector esencial para millones de personas en la región.
Una planta desaladora en Baréin sufrió daños ayer, tras un ataque con drones iraníes, afirmaron las autoridades locales, un día después de que Teherán acusara al país de una ofensiva similar en Qeshm, en Irán, que habría afectado al suministro de agua de 30 pueblos.
Después del ultimátum del presidente estadounidense Donald Trump, amenazando con destruir centrales eléctricas iraníes si Teherán no reabría el estrecho de Ormuz en 48 horas, Irán advirtió que atacaría infraestructuras energéticas, de tecnología de la información y de desalinización de agua de la región.
“El agua es la vida”, escribió ayer en X el ministro emiratí de Relaciones Exteriores, Abdalá bin Zayed al Nahyan, quien se comprometió a que nadie “pase sed”.
Este tipo de agresiones son limitadas, pero según Esther Crauser-Delbourg, economista especializada en agua, “el primero que se atreva a atacar el agua desencadenará una guerra mucho más devastadora que la actual”.
¿Por qué es importante?
En una de las regiones más áridas del mundo, donde el acceso al agua es 10 veces inferior a la media global según el Banco Mundial, las plantas desaladoras desempeñan un papel fundamental para la economía y el consumo de agua potable de sus millones de habitantes.
Alrededor del 42% de la capacidad global de desalinización se concentra en Medio Oriente, conforme a un reciente estudio publicado en la revista Nature.
En Emiratos Árabes Unidos, el 42% del agua potable procede de estas plantas, mientras la cifra asciende al 70% en Arabia Saudita, al 86% en Omán y al 90% en Kuwait, según una nota de 2022 del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (Ifri).
“Allí, sin agua desalinizada, no hay nada”, sentenció Crauser-Delbourg. Es especialmente estratégico en las grandes ciudades como Dubái y Riad.
Ya en 2010, un análisis de la CIA afirmaba que “la perturbación de las instalaciones de desalinización en la mayoría de los países árabes podría tener consecuencias más graves que la pérdida de cualquier otra industria o materia prima”.
También en 2008, el sitio Wikileaks, que dirigía Julian Assange, reveló un cable diplomático estadounidense que decía que “Riad debería ser evacuada en el plazo de una semana” si la planta de desalinización de Jubail -que abastece la urbe- o sus oleoductos resultaran “gravemente dañados o destruidos”.
¿Cuál es la amenaza?
Además de los ataques señalados el fin de semana, estas plantas son vulnerables a cortes de energía y a posibles contaminaciones del agua de mar, en particular por mareas negras.
“Se ha reforzado la seguridad de acceso, los controles en el perímetro inmediato de las plantas”, explicó Philippe Bourdeaux, director de la zona África/Oriente Medio de la empresa francesa Veolia, que abastece de agua desalinizada a Arabia Saudita en Jubail y a Omán en las regiones de Mascate, Sur y Salalah.
Bourdeaux precisó que “en algunos países, las autoridades han colocado baterías de misiles alrededor de las plantas más grandes, frente a la amenaza de drones o misiles”.
Para las mareas negras, en tanto, los operadores disponen de herramientas para reducir sus efectos nocivos.
Posibles consecuencias
En la última década, se han producido algunos ataques a plantas de desalinización: Yemen y Arabia Saudita se agredieron mutuamente y Gaza sufrió bombardeos israelíes, señaló el centro de reflexión californiano Pacific Institute, que lleva un registro de los conflictos relacionados con el agua.
Antes de 2016, hay que remontarse a 1991 y la guerra del Golfo para encontrar ataques de este tipo.
Podría haber desde inconvenientes puntuales hasta consecuencias mucho más graves si el conflicto se prolonga.
“Es posible que veamos grandes ciudades en éxodo. Y luego racionamientos”, pronosticó Crauser-Delbourg.
Además, se producirían efectos en cadena sobre la economía, en especial, en el turismo, la industria y los centros de datos, que consumen grandes cantidades de agua para su refrigeración.
No obstante, existen salvaguardas, matizó Bourdeaux. Según el responsable de Veolia, las plantas de desalinización suelen estar interconectadas, lo que puede limitar las consecuencias de la parada de una de ellas.
También suelen contar con varios días -de dos a siete- de consumo en reserva, agregó, tiempo suficiente para contener las penurias de la población, siempre y cuando las averías no se prolonguen demasiado.










