23 Febrero 2011 Seguir en 
Vivieron al lado de la casa del juez Héctor Agustín Aráoz durante años. Y aunque no eran amigos, guardaban un aprecio muy grande por su vecino. Ayer, Cecilia Courel de Mazzeo y su esposo, Miguel Mazzeo, declararon como testigos en el juicio por el crimen del magistrado.
Courel de Mazzeo dijo que entre las 17 y las 18 del 26 de noviembre de 2004 escuchó unas detonaciones. "Pensé que eran cohetes o disparos de rifles de aire comprimido. No le di importancia", señaló la mujer.
Su marido, por su parte, expresó que volvía de comprar cigarrillos cuando vio a un grupo de personas que intentaban entrar en la casa de Aráoz. "Me paré un segundo porque tuve miedo que se escape el perro, al que yo le tenía pánico. Cuando vi que el portón se cerró, retomé el camino y entré a casa", declaró Mazzeo.
Luego, escuchó los llantos de una mujer que provenían de la propiedad vecina. "Lloraba fuerte y dijo ?dónde estabas vos, dónde estabas vos?", contó Mazzeo. Su esposa también afirmó que había escuchado el sollozo de una mujer.
Esta situación alertó al vecino, que salió de su casa y les preguntó a las personas que estaban allí qué había pasado. "Me dijeron que no sabían si había alguien muerto o no", comentó.
El hombre dijo que entró a su casa, le avisó a su familia y volvió a salir. "Vi a una mujer rubia y joven que estaba en una camioneta. Lloraba todo el tiempo", afirmó.
Courel de Mazzeo fue la persona que les dio a los policías el teléfono de la familia de Aráoz. Luego, se dirigió a la vivienda de un médico vecino. "Preguntamos por qué no llamaban a una ambulancia. Pero no nos respondían", dijo.
"Me llamó la atención que pasaba el tiempo y no hacían nada. No recuerdo si le dije a un policía o a alguno de mis vecinos que deberían matar al perro, que a lo mejor todavía estaba vivo", manifestó su esposo. Mazzeo afirmó que cuando llegó a su casa, le pareció ver un auto. "Creo que era oscuro. Al salir después con mi familia, vi una camioneta, donde estaba esa señorita que lloraba. No puedo explicar por qué, pero eso es lo que recuerdo. Primero vi un auto, y después una camioneta", dijo.
Courel de Mazzeo dijo que entre las 17 y las 18 del 26 de noviembre de 2004 escuchó unas detonaciones. "Pensé que eran cohetes o disparos de rifles de aire comprimido. No le di importancia", señaló la mujer.
Su marido, por su parte, expresó que volvía de comprar cigarrillos cuando vio a un grupo de personas que intentaban entrar en la casa de Aráoz. "Me paré un segundo porque tuve miedo que se escape el perro, al que yo le tenía pánico. Cuando vi que el portón se cerró, retomé el camino y entré a casa", declaró Mazzeo.
Luego, escuchó los llantos de una mujer que provenían de la propiedad vecina. "Lloraba fuerte y dijo ?dónde estabas vos, dónde estabas vos?", contó Mazzeo. Su esposa también afirmó que había escuchado el sollozo de una mujer.
Esta situación alertó al vecino, que salió de su casa y les preguntó a las personas que estaban allí qué había pasado. "Me dijeron que no sabían si había alguien muerto o no", comentó.
El hombre dijo que entró a su casa, le avisó a su familia y volvió a salir. "Vi a una mujer rubia y joven que estaba en una camioneta. Lloraba todo el tiempo", afirmó.
Courel de Mazzeo fue la persona que les dio a los policías el teléfono de la familia de Aráoz. Luego, se dirigió a la vivienda de un médico vecino. "Preguntamos por qué no llamaban a una ambulancia. Pero no nos respondían", dijo.
"Me llamó la atención que pasaba el tiempo y no hacían nada. No recuerdo si le dije a un policía o a alguno de mis vecinos que deberían matar al perro, que a lo mejor todavía estaba vivo", manifestó su esposo. Mazzeo afirmó que cuando llegó a su casa, le pareció ver un auto. "Creo que era oscuro. Al salir después con mi familia, vi una camioneta, donde estaba esa señorita que lloraba. No puedo explicar por qué, pero eso es lo que recuerdo. Primero vi un auto, y después una camioneta", dijo.








