30 Diciembre 2007 Seguir en 
Adoptar a un niño es un acto de amor que cambia la vida de las personas. La del pequeño, que encuentra una familia que lo contenga, y la de los padres que habían soñado largamente con un hijo. Pero no hay mucha gente que acepte adoptar a un niño con graves problemas de salud e incapacidad. En 2007 se conoció el caso de una niña tucumana de cinco años que padece hidrocefalia y había sido llevada a España por una pareja de ese país, con permiso judicial, para realizarle estudios médicos. Sin embargo, seis meses después, la Justicia provincial reclamó la repatriación de la pequeña para ser entregada en adopción a un matrimonio tucumano.
Cuando la nena se entregó a los brazos de sus nuevos papás, se mezclaron en Tribunales la alegría y el dolor. Los españoles Antonio y Consuelo Scortell consideraron injusto que les hayan permitido terminar los estudios ni las intervenciones quirúrgicas previstas. Ahogada en lágrimas, Consuelo expresaba: “En ningún momento quisimos quedarnos con la niña ni entrar en guerra con nadie; sólo procuramos que reciba la atención médica que aquí no tuvo”.
La entrega se hizo ante la jueza de familia Esther Valderrábano de Casas. La recibieron A. V. y su esposa M. F., enfermera del Cottolengo. Su abogado, Gonzalo Rodríguez, aseguró que el matrimonio tucumano hará tratar a la niña en el hospital Garrahan, de Buenos Aires.
La pareja española, junto a otros miembros de la asociación “Preservar el origen”, a la que pertenecen, se fueron acongojados, sin haber podido despedirse de la pequeña. La ONG hispana le había comprado una silla especial para trasladarse y aportó 3.000 euros para adquirir una sonda de drenaje.
No obstante, la historia de la niña aún puede tener otro final. El legislador Jorge Mendía ayuda a su padre biológico, el boliviano Milton López, para que consiga su DNI y pueda hacer un juicio para recuperar a su hija. “Hay un vacío legal. Si no tiene documentos, la persona no existe y no puede ser el padre de nadie. Por eso la madre de la niña tuvo que anotar a sus tres hijos con su apellido -indicó el legislador-. Este es un caso para un estudio nacional e internacional”.
La familia de la nena vive humildemente en Benjamín Paz. Fue a visitarla en tres oportunidades y en otras llamó por teléfono, según consta en el Cottolengo.
Cuando la nena se entregó a los brazos de sus nuevos papás, se mezclaron en Tribunales la alegría y el dolor. Los españoles Antonio y Consuelo Scortell consideraron injusto que les hayan permitido terminar los estudios ni las intervenciones quirúrgicas previstas. Ahogada en lágrimas, Consuelo expresaba: “En ningún momento quisimos quedarnos con la niña ni entrar en guerra con nadie; sólo procuramos que reciba la atención médica que aquí no tuvo”.
La entrega se hizo ante la jueza de familia Esther Valderrábano de Casas. La recibieron A. V. y su esposa M. F., enfermera del Cottolengo. Su abogado, Gonzalo Rodríguez, aseguró que el matrimonio tucumano hará tratar a la niña en el hospital Garrahan, de Buenos Aires.
La pareja española, junto a otros miembros de la asociación “Preservar el origen”, a la que pertenecen, se fueron acongojados, sin haber podido despedirse de la pequeña. La ONG hispana le había comprado una silla especial para trasladarse y aportó 3.000 euros para adquirir una sonda de drenaje.
No obstante, la historia de la niña aún puede tener otro final. El legislador Jorge Mendía ayuda a su padre biológico, el boliviano Milton López, para que consiga su DNI y pueda hacer un juicio para recuperar a su hija. “Hay un vacío legal. Si no tiene documentos, la persona no existe y no puede ser el padre de nadie. Por eso la madre de la niña tuvo que anotar a sus tres hijos con su apellido -indicó el legislador-. Este es un caso para un estudio nacional e internacional”.
La familia de la nena vive humildemente en Benjamín Paz. Fue a visitarla en tres oportunidades y en otras llamó por teléfono, según consta en el Cottolengo.










