30 Diciembre 2007 Seguir en 
Ser voluntario significa donar su tiempo y su trabajo para acompañar, escuchar, dar una mano amiga, luchar por la justicia, ayudar, ponerse en los zapatos del otro, y también soñar, divertirse, bailar y cantar con el otro.
Miles de tucumanos colaboran en la tarea voluntaria, como integrantes de ONG o desde otras instituciones como la universidad. Visitan enfermos en hospitales; ofrecen contención y apoyo escolar a niños y adolescentes en riesgo; organizan actividades para recaudar fondos y también van a buscar en sus propias casas a los jóvenes de barrios marginales para ofrecerles talleres de formación en oficios.
En el Hogar Escuela Obispo Colombres, de los Padres Rogacionistas, LA GACETA encontró a Carmen Orellana de Rodríguez, que colabora con el mantenimiento del jardín maternal. Tanto ella como otras mujeres del grupo confesaban que, si pudieran, estarían todo el día dedicadas a la tarea. “Yo tengo hijos de 28 y 29 años, y uno del corazón que tiene 14 años. Con discapacidad de un 90 % a causa de una enfermedad renal. He sido legionaria y recibí este chiquito enfermo. Me encantan los chicos y Dios me ha dado mucho, por eso quiero devolver algo de lo que he recibido”, expresó Orellana.
También la UNT ofrece a sus estudiantes la posibilidad de volcar el afán solidario en una tarea que los haga crecer como personas al mismo tiempo que se forman en una profesión. Algunos ayudan a conseguir trabajo a personas que se están recuperando de las adicciones. Otros enseñan deportes adaptados a niños con capacidades especiales. Y están quienes desde hace seis años trabajan para rescatar a chicos desnutridos de la enfermedad y de la muerte. Son algunas de las 42 experiencias de voluntariado que realizan estudiantes, docentes y personal de la UNT en toda la provincia.
Por ejemplo, la Fundación Inti Huasi trabaja junto con estudiantes de Psicología, Medicina y Bioquímica para ayudar a reinsertarse en el mundo laboral a personas que superaron adicciones. “Muchos de los que están a punto de recibir el alta médica, a causa de su enfermedad, no quieren abandonar la fundación por temor a no conseguir trabajo o a ser rechazados. Su dilema es qué encontrarán al enfrentarse con el mundo”, dijo Analía Avila, una de las voluntarias.
“La primera parte del proyecto apuntó al descubrimiento, a que conozcan sus gustos y sus aptitudes. Luego de analizar el mercado laboral, se les enseñó cómo manejarse en una entrevista o cómo hacer un currículum”, contó la joven.
Futuros profesores de Educación Física también contaron su experiencia enseñando deportes a alumnos de la Escuela Especial San Miguel Arcángel, de Tafí Viejo. De esta manera se hizo posible que los chicos con problemas de motricidad y con discapacidad mental -entre otras dificultades- participaran de los Juegos Evita, que se realizaron en noviembre, en Mar del Plata.
Miles de tucumanos colaboran en la tarea voluntaria, como integrantes de ONG o desde otras instituciones como la universidad. Visitan enfermos en hospitales; ofrecen contención y apoyo escolar a niños y adolescentes en riesgo; organizan actividades para recaudar fondos y también van a buscar en sus propias casas a los jóvenes de barrios marginales para ofrecerles talleres de formación en oficios.
En el Hogar Escuela Obispo Colombres, de los Padres Rogacionistas, LA GACETA encontró a Carmen Orellana de Rodríguez, que colabora con el mantenimiento del jardín maternal. Tanto ella como otras mujeres del grupo confesaban que, si pudieran, estarían todo el día dedicadas a la tarea. “Yo tengo hijos de 28 y 29 años, y uno del corazón que tiene 14 años. Con discapacidad de un 90 % a causa de una enfermedad renal. He sido legionaria y recibí este chiquito enfermo. Me encantan los chicos y Dios me ha dado mucho, por eso quiero devolver algo de lo que he recibido”, expresó Orellana.
También la UNT ofrece a sus estudiantes la posibilidad de volcar el afán solidario en una tarea que los haga crecer como personas al mismo tiempo que se forman en una profesión. Algunos ayudan a conseguir trabajo a personas que se están recuperando de las adicciones. Otros enseñan deportes adaptados a niños con capacidades especiales. Y están quienes desde hace seis años trabajan para rescatar a chicos desnutridos de la enfermedad y de la muerte. Son algunas de las 42 experiencias de voluntariado que realizan estudiantes, docentes y personal de la UNT en toda la provincia.
Por ejemplo, la Fundación Inti Huasi trabaja junto con estudiantes de Psicología, Medicina y Bioquímica para ayudar a reinsertarse en el mundo laboral a personas que superaron adicciones. “Muchos de los que están a punto de recibir el alta médica, a causa de su enfermedad, no quieren abandonar la fundación por temor a no conseguir trabajo o a ser rechazados. Su dilema es qué encontrarán al enfrentarse con el mundo”, dijo Analía Avila, una de las voluntarias.
“La primera parte del proyecto apuntó al descubrimiento, a que conozcan sus gustos y sus aptitudes. Luego de analizar el mercado laboral, se les enseñó cómo manejarse en una entrevista o cómo hacer un currículum”, contó la joven.
Futuros profesores de Educación Física también contaron su experiencia enseñando deportes a alumnos de la Escuela Especial San Miguel Arcángel, de Tafí Viejo. De esta manera se hizo posible que los chicos con problemas de motricidad y con discapacidad mental -entre otras dificultades- participaran de los Juegos Evita, que se realizaron en noviembre, en Mar del Plata.
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