El Papa en el conurbano: una mano a la Argentina que más ayuda necesita

León XIV visitará el Pequeño Cottolengo de Claypole, donde la Obra de Don Orione asiste a 1.300 personas con discapacidad. “Sueño con que esta visita represente un antes y un después”, afirma el padre Aníbal Quevedo. LA GACETA estuvo allí.

Aníbal Quevedo, sacerdote de la obra Don Orione, celebró la visibilización que el Cottolengo está recibiendo pero habló de las dificultades de la institución en la marginalidad del conurbano.
Aníbal Quevedo, sacerdote de la obra Don Orione, celebró la visibilización que el Cottolengo está recibiendo pero habló de las dificultades de la institución en la marginalidad del conurbano. FOTO: Diego Aráoz/ LA GACETA
Por Guillermo MontiEnviado especial Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • Durante su gira por Argentina, el papa León XIV visitará el Cottolengo de Claypole para visibilizar y apoyar a 1.300 personas con discapacidad en el conurbano bonaerense.
  • La obra de Don Orione llega a este hito tras semanas de preparativos y reclamos presupuestarios, en un contexto de crisis económica y debate sobre la Ley de Discapacidad.
  • La Iglesia espera que la visita papal impulse un cambio positivo en la conciencia social sobre la discapacidad y favorezca la aprobación definitiva de la nueva ley en el Senado.
Resumen generado con IA

Avenida Lacaze 3.963. Estamos en Claypole, corazón del conurbano bonaerense, tierra de los más brutales contrastes. Aquí conviven sectores acomodados con la más explícita de las pobrezas, en un ida y vuelta al que muchos -no todos- parecen resignados. Avellaneda, Quilmes y Solano quedaron atrás; el mismo viaje completado por LA GACETA emprenderá León XIV porque aquí, en Claypole, se topará cara a cara con el rostro más desolador de la Argentina. Como hábil transeúnte de las periferias, el Papa sabe dónde habita la necesidad y por eso su gesto es un símbolo: transitará los recovecos de la Obra de Don Orione. El Pequeño Cottolengo lo aguarda.

Charitas Christi Urget Nos, se lee en el frontispicio. “El amor de Cristo nos impulsa”, es la traducción del latín. Es la entrada a 50 hectáreas en las que reina la devoción por el prójimo. Son 1.300 las personas con distintos grados de discapacidad que la Obra atiende allí. Ejemplos como este se ramifican por todo el país, por supuesto que también en Tucumán, donde el Cottolengo es parte indeleble de la geografía de Villa Urquiza.

Es una mañana gris y destemplada, pero el clima se adivina festivo. “Almirante Brown le da la bienvenida a León XIV”, reza la cartelería instalada sobre un puente peatonal, a metros del complejo. Allí se instalará una pantalla gigante, porque el público se mantendrá a prudente distancia de la comitiva oficial.

La puesta en escena está alimentada por tres murales: uno del Papa, otro de Don Orione y un tercero que demanda “La caridad no admite demoras”. Lo acompaña una cita: “Si no se cosecha cuando el trigo está maduro, la cosecha se pierde”. El entorno es propio de cualquier conurbano de la Argentina: un drugstore, el miniservice “Betty”, casitas chatas y venidas a menos, vecinos cuyo monotema son los padecimientos económicos y el rebusque de siempre. Las remeras con la efigie de León XIV se venden a $ 20.000. “Son de algodón”, subraya la vendedora ambulante.

“Ojalá que este hombre nos bendiga y el lunes hagamos la diferencia”, implora Raúl, acodado en un kiosquito estratégicamente ubicado frente al Cottolengo. Promociona panchos, hamburguesas y bondiola. “También tenemos cuadritos del Papa -indica-. Se lo dejó en $ 15.000”.

En una esquina, sobre dos gazebos de la Policía Bonaerense, el viento venció un telón que hermana a León y a Francisco en un saludo, unido por el escudo blanquinegro del club Claypole. En la esquina opuesta se alza un Chango Más. En el medio, el amarillo y blanco de las banderas papales. Mientras, los voluntarios van y vienen, afilando los últimos detalles de la organización. Dentro de pocas horas les tocará estar a metros del Papa; podrán contárselo a las futuras generaciones.

Desde adentro

“Es una gran alegría que estamos viviendo con mucha ansiedad, esperando que llegue ese día tan esperado, soñado”, resume el padre Aníbal Quevedo, sacerdote de la obra Don Orione y consejero de sus cottolengos en Argentina, Uruguay y Paraguay. En ese rol le tocó transitar largamente por Tucumán. Quevedo y su equipo cargan con la compleja situación que viene atravesando en materia presupuestaria el universo de la discapacidad en la Argentina. Lo ha denunciado en múltiples ocasiones; por eso espera que esta visita marque un quiebre positivo. Ojalá que para siempre.

- ¿Cómo llega el Papa al Cottolengo? ¿Quién toma la decisión de incluirlo en el recorrido de la gira?

- Entiendo que es una propuesta que le hace la Conferencia Episcopal sobre los posibles lugares que podría visitar. La Conferencia Episcopal propone y la Santa Sede elige. Nosotros no sabíamos nada, porque se hablaba de nuestra institución sin que estuviéramos al tanto. Recién en junio nos comunicaron por primera vez que existía esa posibilidad; nos preguntaron qué nos parecía y si estábamos de acuerdo. Por supuesto que fue un sí.

- ¿Cómo siguió todo?

- La primera visita fue la de representantes del Vaticano, que se reunieron con nosotros, con autoridades nacionales y de la Conferencia Episcopal. Esa visita no trascendió: la prensa no se enteró. La segunda ya fue más conocida; tanto que los estaban esperando en el aeropuerto. En esa oportunidad se definieron todos los pasos. La última visita fue la semana pasada, tres recorridas de mucha gente vinculada con la organización para revisar los detalles finales del evento.

- ¿Cómo se están preparando y en qué va a consistir la visita de León XIV?

- El Papa va a ingresar al predio y tendremos dos públicos diferentes, distribuidos en dos espacios. Uno estará ubicado afuera de la iglesia, que tiene una especie de plataforma. Ese público estará integrado por nuestros residentes de distintas instituciones, entre ellos los que están viajando desde Tucumán. Adentro de la iglesia habrá otro público, también integrado por residentes de nuestras instituciones, sobre todo de Claypole, algunos familiares, empleados, las autoridades que lleguen del Vaticano y los obispos argentinos que participen. Entiendo que serán pocos, porque de Claypole el Papa irá a dar la misa en el Monumento de los Españoles y se supone que será el encuentro más multitudinario.

- ¿Con qué se va a encontrar el Papa?

- Con un público que lo espera con mucha alegría y esperanza, y que representa la vida con límites y necesidades. Se encontrará con personas con discapacidad, con personas que tienen distintas limitaciones. En el mensaje que dio apenas llegó a Uruguay, el Papa decía: “la dignidad no se le otorga a una persona: la tiene y no se la gana”. Es decir, no es que una persona tenga que hacer algo para merecerla. La dignidad es intrínseca a la persona.

- Algo que los toca de cerca...

- Todos esos mensajes son muy propios de nuestra realidad y entiendo que vendrá a hablarnos en esa sintonía. ¿Qué esperamos entonces? Un mensaje de esperanza y, sobre todo, la visibilización que nos está dando desde el momento en que se conoció la noticia. Todo este espacio que está teniendo en la prensa nos permite hablar de discapacidad. Nosotros somos una obra de Don Orione, somos una obra de caridad de la Iglesia. Sin embargo, lo que representamos es a tantas personas con discapacidad. Comparativamente, atendemos a 1.300 personas. ¿Y cuántas personas con discapacidad hay en la Argentina? Somos apenas una mínima muestra. ¿Por qué nos elige? Porque quiere mostrarse cerca de ese público y nosotros se lo ofrecemos. Nuestra gente representa a esas personas que, aun con sus limitaciones, quieren ser felices y tener calidad de vida.

- ¿Cómo está la obra en estos momentos, después de los problemas que atravesó durante los últimos tiempos?

- Hubo varias situaciones. Básicamente, tienen que ver con el sistema de financiamiento argentino. La legislación de nuestro país es una de las más avanzadas del mundo porque adopta la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. Pero cuando no se cumple, nos quedamos sin algo fundamental. En este último tiempo, sobre todo al comenzar el año, fueron los momentos más críticos. Después hubo una dinámica de pagos mejor. Ahora, lo que se está tratando es la nueva Ley de Discapacidad, que consiguió en la Cámara Baja una amplia adhesión; lo que buscamos es que pueda ser aprobada en la Cámara Alta y que luego se cumpla, que no tenga un veto y que, en definitiva, nos permita vivir bien.

- En lo personal, ¿qué significa todo esto? ¡Vas a estar junto al Papa!

- Sí, es un sueño. Pero es un sueño que me moviliza mucho. Veía las imágenes de París y ahora las de Uruguay. Esas imágenes llegan a todos los hogares. Nosotros estaremos acá, cerca del Papa, pero todo el mundo estará viendo lo que sucede. Entiendo que eso nos lleva a una situación en la que cada persona que vea a nuestra gente, a nuestra institución y a la Obra de Don Orione, pueda interpelarse acerca de cuál es su aporte a la discapacidad, a este público tan numeroso de hermanos y hermanas que necesitan algún tipo de ayuda. ¿Qué puede hacer cada uno de nosotros frente a la discapacidad? No hablo solamente de aportes económicos, también me refiero a la energía, al tiempo, a la visibilización y al lugar que les damos a las personas con discapacidad. Entiendo y sueño con que esta visita del Papa represente un antes y un después.

- ¿Qué estás viendo en León XIV? ¿Un legado de Francisco?

- Veo a un hombre con su propia impronta, alguien cercano, muy humano si se quiere, y también muy didáctico y pedagógico. Fijate lo que pasó en Uruguay. Se reúne el público en la plaza y él les dice: “les vengo a hablar de algo que ustedes conocen: el Monumento a Artigas”. Y estaba ahí, delante de todos. Ese monumento tiene la imagen de una anciana, una abuela, y también la de una mujer con un hijo. Entonces, explica lo que significa nacer. Ese nivel de pedagogía para comunicar lo hace muy cercano y muy fácil de entender. En la homilía de Paysandú hablaba de la importancia que tiene el mate en la cultura rioplatense. Imaginate: no necesitás que nadie te interprete ni que te traduzca lo que está diciendo. Cualquiera de nosotros puede entenderlo.

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