“Es una visita incómoda para Milei”: el análisis de un experto sobre la llegada de León XIV

El historiador relativiza las expectativas de que la presencia de León XIV pueda recomponer los vínculos entre los argentinos. Y advierte: “hay un choque ideológico de fondo, profundo”. Analiza también la ubicación ideológica del Pontífice, su formación intelectual y su compromiso con los sectores populares.

Diego Mauro, historiador e investigador del Conicet, analizó la visita de León XIV a la Argentina y advirtió sobre las tensiones ideológicas entre el Gobierno de Javier Milei y la doctrina social de la Iglesia.
Diego Mauro, historiador e investigador del Conicet, analizó la visita de León XIV a la Argentina y advirtió sobre las tensiones ideológicas entre el Gobierno de Javier Milei y la doctrina social de la Iglesia. UNR.
Por Guillermo MontiEnviado especial Hace 18 Min

Resumen para apurados

  • El historiador Diego Mauro advirtió que la inminente visita del papa León XIV a la Argentina resultará incómoda para Javier Milei por un choque doctrinario de fondo.
  • La doctrina social católica y la visión de Prevost sobre los sectores vulnerables contrastan con el libertarismo oficial, tras previos ataques del presidente a la Iglesia.
  • Aunque se espera cautela diplomática oficial, el paso del pontífice no alcanzará para cerrar la grieta política ni revertir la fragmentación religiosa en el país.
Resumen generado con IA

¿Quién cuenta con la mejor información para analizar a fondo la llegada de León XIV a la Argentina? Las recomendaciones, emanadas de las más prestigiosas fuentes, fueron similares: “hable con Diego Mauro”. Doctor en Humanidades y Artes por la Universidad de Rosario e investigador independiente del Conicet, Mauro es especialista en historia socio-cultural y política del catolicismo argentino. Junto a Vicente Díaz Burillo escribió un libro de lo más interesante, titulado “La invención del Papado contemporáneo”.

Entrevistado por LA GACETA, Mauro trazó un paralelismo entre aquel país visitado por Juan Pablo II en 1987 y este de Javier Milei, con sus cambios en materia social y económica, pero siempre delineado por la crisis y el avance de la pobreza.

Pero es en lo político donde el analista advierte potenciales fricciones, a partir de las concepciones opuestas que el Gobierno nacional mantiene con la doctrina social de la Iglesia. Habrá diplomacia, anticipa, pero las tensiones no podrán ocultarse.

- ¿Qué significado histórico tiene la llegada de León XIV? ¿Y qué puede decirnos esta visita sobre los cambios que experimentaron la Iglesia y la sociedad argentina durante estas casi cuatro décadas?

- Cuando Juan Pablo II vino en 1987 se podía decir que, en términos de campo religioso, la Argentina era mucho más homogénea. El catolicismo concentraba entre el 80% y el 90% de la afiliación religiosa. Eso hoy ha cambiado. Tenemos un panorama mucho más diverso, más pluralizado en términos religiosos. Los católicos representan alrededor del 60%, o incluso menos, mientras que el mundo evangélico ha experimentado un crecimiento sostenido y nuclea aproximadamente al 20% de las afiliaciones religiosas. Después hay otro 20%, 22% o 23% que corresponde a quienes no tienen una afiliación directa con una institución religiosa. Por supuesto, dentro de ese universo hay una realidad muy variada: ateos, agnósticos, pero también personas que se vinculan con diferentes formas de espiritualidad, como las corrientes new age, por ejemplo. Entonces, la primera observación sería el proceso de pluralización del campo religioso.

- ¿Y en lo social?

- León XIV encuentra una Argentina estructuralmente mucho más empobrecida que la de los años 80. La pobreza en aquella década pasó de alrededor del 5% antes de la dictadura a más del 20% al finalizar ese período. Hoy esos números están muy por encima, en una Argentina que tiene un plan de estabilización que muestra sus límites y genera incertidumbres. No digo que vaya a repetirse el mismo escenario, pero sí que hay momentos de dificultades económicas que, en ese sentido, pueden considerarse comparables.

- Después está la diferencia entre los personajes, ¿no?

- Karol Wojtyła, que fue un Papa polaco y no italiano, implicaba un cambio. Entre los años 80 y la actualidad, en estas últimas décadas, la Iglesia Católica se ha ido haciendo menos europea. La elección de Francisco, que responde a una crisis, y ahora la de Robert Prevost, un estadounidense-peruano, un americano en definitiva, también muestran ese proceso. Hay una deseuropeización lenta, pero continua, del catolicismo, que era una institución netamente europea y que se va volviendo mucho más transnacional en su composición.

- ¿En qué medida León XIV representa una continuidad con el legado de Francisco y en qué aspectos podría introducir diferencias?

- Prevost era un hombre de Francisco. Se podría decir que el papado de León XIV está en continuidad con el de Francisco, por supuesto que con sus matices. Francisco lo había ido potenciando, no solo al designarlo obispo de Chiclayo, sino también, y sobre todo, cuando lo llevó a Roma para presidir, como prefecto, el Dicasterio para los Obispos, un lugar muy estratégico e importante. Francisco le tenía mucha confianza a Prevost. También comparte con Francisco el hecho de provenir de una orden religiosa, con todo lo que eso implica, y una experiencia de gestión. Francisco la tuvo en una diócesis importante y desafiante como la de Buenos Aires y, después, al presidir la Conferencia Episcopal. Prevost, por su parte, presidió la Orden Agustina, lo que le dio una mirada política y geopolítica global. Otro punto de coincidencia, a diferencia de Benedicto XVI, que era un intelectual, un teólogo muy refinado, pero que mostró serias dificultades para gobernar, es que estos son líderes religiosos con experiencia de gestión, diríamos en términos políticos.

- ¿Hay más coincidencias?

- En términos teológicos predominan las continuidades, también en materia de doctrina social de la Iglesia. Dilexi te, un documento que se publicó el año pasado y ahora su primera encíclica, Magnifica Humanitas, siguen la línea de Francisco, la profundiza en algunos aspectos, la amplía y la desarrolla. Pero sí se encuentra en Prevost, tal vez, un estilo más cauto, más moderado en sus declaraciones, no tan proclive a hablar constantemente, como hacía Francisco, que daba muchas definiciones sobre numerosos temas. En términos de moral y de doctrina, parece un poco más ortodoxo. Por ejemplo, cerró claramente la puerta al diaconado femenino y habló de la familia como la unión del hombre y la mujer. Francisco tampoco había innovado en estos campos, pero su idea de una Iglesia abierta a todos era una insistencia muy fuerte. Eso, de hecho, le generaba muchas tensiones con los sectores tradicionalistas. En Prevost uno observa más cuidado en sus declaraciones: es más moderado y también más respetuoso de las tradiciones.

- Hay señales en ese sentido...

- Cuando fue elegido, decidió utilizar la vestimenta papal más tradicional: la museta y el crucifijo de oro. También se quedó a vivir en el Palacio Apostólico, algo que Francisco no había hecho. Pero todo eso puede responder también a la necesidad de contener las tensiones internas de la Iglesia, más allá de las diferentes sensibilidades que pueda tener Prevost. Uno podría decir que ahí hay un desafío: mantener la unidad y, de algún modo, bajar el nivel de polarización interna, que fue una de las herencias difíciles que le dejó Francisco.

- ¿Cómo cambió el lugar del catolicismo en la vida pública desde la última visita papal? ¿La llegada de León XIV podría generar una revinculación de los fieles con la Iglesia?

- Si bien el catolicismo retrocede en términos estadísticos, eso no necesariamente se refleja en su presencia en el espacio público. Es cierto que ahora tal vez comparte ese espacio con un mundo evangélico muy dinámico. Eso es diferente de lo que se veía en los años 80. Pero los católicos también se movilizan mucho; de hecho, la peregrinación juvenil a Luján batió un récord este año. Las devociones marianas siguen siendo muy atractivas y populares en todas partes del país. Por otro lado, si la visita del Papa puede contribuir a revincular a los católicos con la Iglesia, soy más escéptico. Es cierto que, a mi entender, va a generar un dinamismo en el mundo católico, pero no sé si servirá para producir nuevos fieles, porque los procesos de conversión y de acercamiento a la religión tienen lógicas propias.

- ¿Hasta qué punto el mensaje del Papa puede convertirse en una interpelación a las autoridades políticas y económicas a partir de los problemas que padece la Argentina?

- Creo que la visita de León XIV, por su línea teológica, plantea una fricción con las ideas del Gobierno, que son muy radicales. Si uno mira la doctrina social de la Iglesia, independientemente de quién sea el Papa, encuentra una serie de principios que entran en tensión con esas ideas. Entonces es una visita incómoda, sin duda, para Javier Milei. Además, Milei hizo algo poco habitual, que fue convertir al pontífice en un adversario, en un enemigo. Incluso habló de Francisco como el representantes del maligno en la Tierra. Después bajó los decibeles e intentó reconstruir la relación, pero su aliado Donald Trump ha atacado abiertamente al Papa. Su acercamiento con sectores de Silicon Valley, como Peter Thiel, que entienden que el Papa es el anticristo, también es significativo. Es decir, sus redes de relaciones internacionales y sus propias ideas chocan frontalmente con la doctrina social de la Iglesia y, en particular, con la orientación teológica de Francisco y ahora de Prevost. De todos modos, creo que el Gobierno va a intentar mantener todo dentro del canal protocolar. Si es prudente, evitará hacer declaraciones estridentes, mantendrá su sistema paraoficial de medios y el streaming con un tono más o menos moderado.

- ¿Y en cuanto al mensaje de Prevost?

- No creo que el Papa venga a intervenir o a atacar frontalmente. Hablará de temas generales. En este sentido, respecto de si puede contribuir a generar puentes y diálogos, sin duda hay espacios para eso. Por ejemplo, en la UCA va a recibir a sindicalistas, dirigentes sociales y empresarios. Esos pueden ser ámbitos de articulación. Pero no creo que la visita del Papa sirva, por sí misma, para superar o hacer desaparecer la grieta y la polarización política. Me parece que son procesos que van mucho más allá de lo que puede significar la visita de un pontífice. La relación de Milei con el catolicismo es complicada porque sus ideas, tanto las libertarias como las del anarcocapitalismo y las vertientes del liberalismo que cultiva, chocan frontalmente con las concepciones que el catolicismo social y la Iglesia en general tienen sobre la sociedad. Hay un choque ideológico de fondo, profundo, más allá de las personalidades y del estilo de Milei. Evidentemente, entre el catolicismo y el liberalismo existen tensiones y dificultades estructurales que se alojan en el corazón mismo de la teología. Es algo más técnico, de orden filosófico.

- ¿En qué tradición intelectual y política ubicaría a León XIV y cómo analiza estos meses que lleva de papado?

- Prevost se formó en las vertientes renovadoras de los años 60 y 70. Es interesante que, al igual que Francisco, llega al catolicismo después de haber atravesado una vida en el mundo exterior a la Iglesia. Prevost estudió Matemáticas en la Universidad de Villanova y después de eso terminó de decidirse por el sacerdocio y, posteriormente, por el carisma agustino. Algo parecido encontramos en Francisco, que había sido técnico químico antes de ordenarse. En Francisco hay toda una formación en el mundo de las corrientes liberacionistas del catolicismo en la Argentina y de lo que después sería la teología del pueblo. En Prevost, en cambio, hay una fuerte preocupación por la vida misionera que lo puso en contacto directo con las periferias sociales y con el mundo popular, del que nunca se va a apartar. En ese sentido, diría que Prevost tiene una larga historia de presencia y actividad vinculada con esta idea de la opción preferencial por los pobres, se observa en su encíclica. Yo lo ubicaría en ese lugar.

- Tiene que ver con lo ideológico, claro...

- No siempre es adecuado hablar de izquierda y derecha dentro de la Iglesia, pero es cierto que, si uno tuviera que ubicarlo en algún lugar, diría que Prevost se encuentra en el cuadrante de la izquierda. Sobre todo, si tenemos en cuenta el giro de la política internacional hacia posiciones de derecha. El propio Prevost dijo recientemente que la extrema derecha no refleja las ideas del cristianismo y que no constituye una buena manera de vivirlo. Y esto tiene que ver con que el catolicismo defiende la idea de igualdad. La fraternidad social que sostiene choca, en general, con los principios de la derecha política actual. 

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