“Si su objetivo es hacerse millonarios, no van a llegar a ningún lado”: el mensaje de Mariano Wechsler en Elevate
En el Teatro Mercedes Sosa, el cofundador de Digital House y Teamcubation compartió con estudiantes secundarios sus consejos sobre estudio, trabajo y la importancia de emprender con un propósito.
En redes, hacerse millonario parece una cuestión de días. Alguien tiene una idea, la pega y enseguida aparece contando en TikTok cómo lo hizo. Mariano Wechsler eligió discutir esa imagen frente a los estudiantes que participaron de Elevate Tucumán en el Teatro Mercedes Sosa. “Emprender no es una carrera de 100 metros. Emprender es un maratón”, les dijo.
El cofundador de Digital House y Teamcubation habló desde su experiencia como programador, emprendedor y docente. Durante 27 años enseñó programación en la escuela ORT, donde también había estudiado.
Sus objetivos eran bastante concretos: quería tener una empresa de software para pasar el día programando, una escuela para enseñar lo que sabía y abrir oportunidades para que más personas entraran en la industria. Había, además, un deseo que iba por otro lado, pero no era menos importante: casarse con la chica que se sentaba detrás de él en el colegio.
Entre recuerdos de sus primeras computadoras y proyectos que nunca imaginó concretar, la charla se acercó a una pregunta que varios de los chicos tendrán que enfrentar pronto: qué hacer después de terminar la secundaria.
La parte que no entra en un posteo
Para hablar de lo que cuesta llegar, comparó dos historias del mundo del entretenimiento. Lil Nas X la pegó con Old Town Road, una canción que mezcló country y rap y lo hizo conocido. Al guionista Craig Mazin, en cambio, le llevó más de 20 años y unas cuantas películas llegar al gran reconocimiento con Chernobyl, recordó Wechsler. Con esas dos historias, les mostró a los chicos que el éxito puede tardar mucho más de lo que parece, aunque en las redes los demás ya la tengan resuelta.
En su propia historia también hubo suerte. Haberse interesado por la tecnología cuando todavía era una actividad que entusiasmaba a pocos terminó por abrirle posibilidades que no podía anticipar. “Nadie sabe cuál es el futuro”, sostuvo.
Por eso, insistió: “Sigan estudiando, sigan aprendiendo, hagan una carrera, métanse en la universidad, métanse en una tecnicatura. Van a necesitar aprender”. Con la velocidad de los cambios tecnológicos, esa necesidad se vuelve cada vez más urgente. Y él también se incluyó: “Nosotros seguimos aprendiendo hasta hoy”.
Aprender, sin embargo, también exige probar. En su recorrido encontró una dificultad conocida por quienes buscan su primer trabajo: la falta de experiencia. “¿Y cómo cuernos voy a tener experiencia si no consigo el primer laburo?”, planteó, poniéndose en el lugar de los jóvenes.
Con Teamcubation buscó romper ese círculo. La empresa comenzó entrenando desarrolladores a través de proyectos reales de software.
Para explicarlo, eligió el fútbol: mirar partidos ayuda, pero llega un momento en el que hay que agarrar la pelota. Con las habilidades digitales pasa algo parecido. Después de estudiar una herramienta, toca usarla para resolver un problema.
Las personas también son parte del proyecto
Mientras repasaba sus empresas, Wechsler fue nombrando socios, colegas y personas que conoció a lo largo de los años. Para los chicos podían ser nombres desconocidos; para él, cada uno estaba asociado a una oportunidad o a un proyecto compartido.
“Me hubiese encantado que alguien me diga esto cuando tenía la edad de ustedes”, comentó. Hablar de esas personas lo llevó a un consejo que repitió varias veces: “No tomen atajos”.
Ganar un poco más o ahorrarse un esfuerzo puede resultar tentador. El problema aparece cuando, para hacerlo, se perjudica a otra persona. “Cuidá muy bien tus relaciones y cómo vas armando esa red”, recomendó. La reputación se construye durante años y una mala decisión puede cerrar puertas mucho tiempo después.
También les pidió que pensaran qué los mueve a emprender. “Si su objetivo es hacerse millonarios, no van a llegar a ningún lado”, afirmó. “Lo que sí tiene sentido es abrazar un propósito”: tener una razón para levantarse y seguir cuando aparecen las dificultades.
El ejemplo estaba entre los propios proyectos de Elevate. Una propuesta vinculada con los limones tucumanos podía llevar algo de la provincia al mundo. “Yo quiero contarle al mundo que en Tucumán tenemos los mejores limones de la Tierra”, dijo. La pregunta que les dejó fue por qué querían hacer lo que estaban haciendo.
También los invitó a pensar en el empleo que podrían generar. Les propuso una cuenta: si 50 de los 1.500 asistentes crearan emprendimientos que contrataran a 30 personas cada uno, esos puestos equivaldrían a la cantidad de gente reunida en el teatro. “Necesitamos muchos más emprendedores en este país porque lo que nos falta es generar empleo”, sostuvo.
Y antes de despedirse retomó aquel objetivo que había dejado pendiente al comienzo: “Y, por supuesto, me casé con la chica de al lado”.










