La crisis en Medio Oriente atraviesa una nueva fase de máxima tensión, aunque con una puerta abierta a la negociación. Pakistán, que asumió un papel de mediador entre Estados Unidos e Irán, aseguró ayer que ambas partes mantienen conversaciones destinadas a reducir las hostilidades, luego de una nueva ofensiva estadounidense contra territorio iraní que volvió a elevar el riesgo de una guerra regional.
El conflicto se reactivó después de que Washington lanzara una “intensa oleada” de bombardeos contra posiciones vinculadas a Irán, en respuesta a ataques registrados en Jordania. La ofensiva puso fin a varios días de relativa calma y amplió el escenario de enfrentamientos, con consecuencias que comenzaron a afectar a otros países de la región, entre ellos Egipto.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán, Tahir Andrabi, confirmó que continúan los contactos diplomáticos y señaló que uno de los principales temas de discusión es la situación del estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica por donde circula una parte importante del comercio mundial de hidrocarburos.
Islamabad afirmó que trabaja para recuperar el acuerdo alcanzado en junio, que había establecido un marco para iniciar negociaciones de paz entre Washington y Teherán. Sin embargo, ese proceso quedó interrumpido a comienzos de julio luego de ataques estadounidenses contra Irán y las represalias iraníes contra aliados de Estados Unidos, como Jordania y las monarquías del Golfo.
El estrecho de Ormuz se convirtió en uno de los principales puntos de disputa. Irán mantiene restricciones sobre esa vía marítima, lo que generó preocupación internacional por el impacto que podría tener sobre el suministro energético. Los Guardianes de la Revolución iraní aseguraron que dos petroleros intentaron atravesar la zona con apoyo estadounidense, pero debieron retirarse, mientras uno de los buques sufrió daños.
La guerra también comenzó a involucrar a países que inicialmente habían logrado mantenerse al margen. Egipto confirmó que dos embarcaciones resultaron afectadas por un ataque con drones en el puerto de Damieta, en el norte del país. Entre los barcos dañados se encontraba el buque de almacenamiento y regasificación Energos Winter, de bandera estadounidense, y el petrolero GasLog Salem, de propiedad griega.
Aunque hasta el momento ningún grupo reivindicó la acción, el episodio encendió las alarmas en Egipto, un país clave para el comercio energético debido a sus conexiones entre el mar Rojo y el Mediterráneo. El presidente Abdel Fatá al Sisi reclamó una respuesta internacional coordinada para detener la expansión del conflicto.
Durante una conversación con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el mandatario egipcio pidió que Europa y la comunidad internacional trabajen de manera conjunta para evitar una nueva escalada. Egipto había mantenido canales abiertos tanto con Washington como con Teherán e incluso había participado en negociaciones para alcanzar treguas temporales.
En el plano económico, la crisis ya provocó modificaciones en las rutas comerciales. Varias compañías decidieron evitar el Golfo y el estrecho de Ormuz por motivos de seguridad, aumentando el movimiento en puertos alternativos, entre ellos los egipcios. Las autoridades de Damieta aseguraron que la terminal continúa funcionando con normalidad.
Acción militar
Mientras tanto, los enfrentamientos militares no se detuvieron. Estados Unidos informó que completó nuevos bombardeos contra objetivos de los Guardianes de la Revolución iraní. Teherán confirmó la muerte de tres integrantes de esa fuerza en ataques registrados en la provincia de Zanjan y reportó explosiones en otras zonas del país.
La respuesta iraní incluyó ataques contra posiciones vinculadas a Estados Unidos y sus aliados. Kuwait informó una víctima fatal por un bombardeo atribuido a Irán, mientras Jordania aseguró haber interceptado cinco misiles lanzados desde territorio iraní. Los Guardianes de la Revolución también afirmaron haber atacado la base aérea jordana de Al Azraq, donde aseguraron que había aeronaves estadounidenses.
La nueva escalada comenzó tras ataques estadounidenses y sauditas contra grupos aliados de Irán en Irak, acusados de haber lanzado drones contra instalaciones petroleras de Arabia Saudita. Irak negó ayer que haya autorizado los mencionados ataques en su territorio.






