En el colegio Guillermina hubo amenazas de tiroteo.

Aparecen en paredes, en baños, en rincones de la escuela. Frases breves, anónimas, inquietantes. Las amenazas que se repiten en escuelas de Tucumán y varias provincias del país, mantienen las alarmas encendidas. Ayer a primera hora, una de las advertencias se produjo en la Escuela Técnica N°1 de Juan Bautista Alberdi, tras el hallazgo de una inscripción con contenido amenazante dentro del edificio. Ante la situación, la institución activó de inmediato los protocolos de actuación para resguardar a la comunidad educativa.
Con el correr de las horas, se conoció que hechos similares se habrían replicado en los colegios Santa Rosa de Yerba Buena, y San Carlos, Comercio N°1, Montserrat, María del Rosario y Nacional, todos ubicados en la Capital.
Para el juez penal juvenil Federico Moeykens, estos episodios no pueden leerse como hechos aislados. “Es un tema por el cual estamos preocupados. Es una situación que tiene alarmada a toda la sociedad y no es para menos”, advirtió.
El magistrado planteó que este tipo de manifestaciones deben interpretarse como algo más profundo: “Cuando aparece un graffiti en un baño, no es sólo imitación o un reto viral. Hay un adolescente que está poniendo en palabras lo que no está pudiendo decir dentro del aula”.
En ese escenario, sostuvo que la intervención judicial llega en una etapa tardía: “Cuando interviene la Justicia ya es un poco tarde”, ya que deja de tratarse de prevención general.
El delegado episcopal Daniel Nacusse coincidió en la gravedad del escenario y llamó a no minimizarlo.
“Es algo serio, no se puede poner bajo la categoría de broma”, señaló.
A su entender, el foco debe ponerse en las causas profundas: “El fondo es la violencia, la cultura de violencia, el lenguaje de violencia que nos atraviesa por todos lados”.
Hubo amenazas en el colegio María del Rosario.
Nacusse advirtió además sobre un deterioro en los vínculos. “Tenemos problemas en la autoridad del adulto” y “hay un analfabetismo emocional muy fuerte en los chicos”, advirtió.
¿Alcanza con castigar?
Frente a las medidas adoptadas por el Estado, las voces consultadas coincidieron en que son necesarias, pero insuficientes.
“El desplazamiento es claramente hacia lo punitivo”, observó Nacusse, y planteó un interrogante: “Hay que preguntarse si esta va a ser toda la respuesta del Estado”.
Moeykens, por su parte, sostuvo que la sanción debe tener otro sentido: “La normativa pone el acento en la responsabilización del adolescente, pero con un enfoque resocializador y pedagógico”.
Y remarcó que la respuesta urgente puede ser válida para frenar la conducta, pero no resuelve el problema de fondo.
Redes y lógica de viralización
El secretario de Participación Ciudadana, José Farhat, aportó otra clave para entender el fenómeno, como lo es su dimensión digital. Este punto es relevante, ya que este tipo de amenazas también ocurrieron en escuelas de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Chubut y Neuquén.
Esa repetición obligó a la Justicia a investigar si no se trata de un reto viral que consistiría en escribir mensajes con la fecha de posibles tiroteos dentro de instituciones escolares, para luego ser publicados en Tik Tok.
“Tenemos que entender el fenómeno de la viralización y la imitación de estos retos virales que tienen una connotación negativa”, explicó.
Según indicó, muchas de estas conductas responden a la búsqueda de reconocimiento: “Buscan notoriedad, una recompensa simbólica”.
A la vez, advirtió sobre un riesgo adicional: “Si ligamos el hecho y le damos visibilización, podemos terminar formando parte del mismo circuito que estos retos buscan”.
Moeykens también puso el foco en la distancia entre generaciones. “Para los adolescentes, lo virtual es su propio mundo: ahí construyen identidad y gestionan sus miedos”, explicó, y señaló que muchas veces los adultos no logran comprender ese entorno.
En paralelo, Nacusse describió un contexto más amplio en el que los jóvenes deben construir sentido en un escenario complejo: “Hoy los adolescentes tienen que construir su identidad en un mundo incierto y cambiante, donde las fuentes de sentido son muchísimas”.
Por último, advirtió sobre los valores predominantes: “Vivimos en una sociedad en la cual el sentido está marcado por el éxito, el impacto y el reconocimiento en redes”.
Las tres miradas coincidieron en que la respuesta no puede recaer en un solo actor.
Moeykens subrayó la necesidad de fortalecer los vínculos: “Debe haber una interacción entre la familia y la escuela”.
Farhat, por su parte, insistió en el rol de los adultos: “Hay que construir puentes de diálogo. Estos fenómenos tienen consecuencias y los adolescentes deben comprenderlo”.
Y alertó sobre el impacto de las acciones en el entorno digital: “Lo que ocurre en redes tiene responsabilidad y puede afectar la vida de los jóvenes, incluso con consecuencias judiciales”.
Los especialistas coincidieron en que lo ocurrido no es un hecho aislado ni exclusivamente local. “No es solamente un fenómeno tucumano, sino nacional”, advirtió Moeykens.
No obstante, todos coincidieron en que la urgencia no debe opacar el análisis profundo.
“Manejarlo de manera inmediata para disuadir es acertado, pero no debemos quedarnos sólo con eso”, sostuvo el juez.
Porque, como resumió Nacusse, el desafío es mayor: “Hay que trabajar el fondo”.










