Amenaza de tiroteo en Tucumán: ¿cómo fue el regreso a las aulas?

La incertidumbre sobre el origen de las pintadas fue uno de los elementos más presentes entre los estudiantes.

CLASES. En el colegio Guillermina se las dictó con relativa tranquilidad en la jornada de ayer. CLASES. En el colegio Guillermina se las dictó con relativa tranquilidad en la jornada de ayer. LA GACETA / FOTO DE SANTIAGO GIMÉNEZ
Por Ariane Armas Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Estudiantes de colegios en Tucumán, como el Guillermina, retomaron clases con calma tras recibir amenazas de tiroteo ayer, mientras la justicia investiga a los autores del hecho.
  • La jornada transcurrió con relativa normalidad pese a la incertidumbre. El Gobierno provincial autorizó expulsiones y detenciones, calificando las amenazas como delitos y no bromas.
  • El caso resalta el impacto emocional en la comunidad y el rol de las redes en la difusión de pánico. Se busca sentar un precedente legal severo para evitar futuros incidentes.
Resumen generado con IA

La jornada posterior a la amenaza de tiroteo en dos colegios de Tucumán transcurrió con una calma que, para algunos estudiantes, resultó inesperada. En el colegio Guillermina, uno de los establecimientos mencionados, las clases se desarrollaron con relativa normalidad, aunque el episodio, por supuesto, no fue ignorado.

“El día en la escuela fue bastante más tranquilo de lo que imaginaba”, contó Juan Ignacio al dejar la institución a las 14 de ayer. “La verdad es que al principio sí estaba un poco nervioso, porque no es algo que pase todos los días, pero cuando llegué y vi a mis compañeros y a los ‘profes’, todo se sintió bastante normal”, dijo.

La rutina, en ese sentido, funcionó como un sostén. “Tuvimos clases como siempre, y eso ayudó a bajar un poco la ansiedad”, explicó. También señaló que, aunque hubo algunas bromas, no tuvieron mala intención: “A veces la gente hace chistes como una forma de sacarse los nervios o de no pensar tanto en lo que pasó”.

Lucía tuvo una percepción similar. “Yo pensé que el día iba a ser mucho más tenso, pero terminó siendo bastante normal dentro de todo”, relató.

“El tema sí estuvo presente, pero no fue que se habló todo el tiempo ni que hubo pánico”, aclaró.

Para ella, sostener la rutina y el vínculo con sus pares fue clave: “Estar con mis amigos y seguir la rutina hizo que no se sintiera tan pesado”.

Incertidumbre

Aunque la calma predominó, el episodio dejó preguntas abiertas. La incertidumbre sobre el origen de la amenaza fue uno de los elementos más presentes entre los estudiantes.

“Nadie se imagina quién pudo haber sido o por qué”, dijo Juan Ignacio. “Pensamos que capaz alguien quería que se suspendieran las clases, pero ni siquiera estamos en época de exámenes. Eso lo hace todo más raro”, reflexionó.

Ese tipo de duda no es menor. Distintos estudios sobre situaciones traumáticas en entornos escolares realizados por universidades internacionales de Brasil, Australia o Estados Unidos, señalan que, incluso cuando no se concreta un hecho violento, la sola amenaza puede generar efectos emocionales en los estudiantes: desde ansiedad y estado de alerta hasta dificultades para concentrarse o procesar lo ocurrido.

En muchos casos, además, esos efectos no aparecen de inmediato ni de forma evidente.

La mirada de las familias

En paralelo, las familias atravesaron la situación con una carga emocional distinta.

“Como madre, fue una situación que me generó mucha preocupación desde el primer momento”- expresó Olga Páez, de 45 años- “Cuando uno escucha ‘amenaza’ y ‘escuela’ en la misma frase, es inevitable pensar en lo peor”.

Con el paso de las horas, la percepción cambió parcialmente. “Al ver que la institución actuó con responsabilidad y que los chicos pudieron tener una jornada relativamente normal, una también intenta llevar calma”, señaló.

Y aun así, planteó una inquietud que excede el hecho puntual, cómo lo es el rol de las redes sociales. “Muchas veces amplifican rumores, generan confusión, e incluso pueden ser el medio por el cual surgen estas amenazas, a pesar de que esta vez no haya sido el caso. Hace muy poco que sucedió el tiroteo en otra escuela, y ¿cómo se informan o ven esas cosas nuestros hijos? Por las redes sociales”, sentenció.

Así, en el colegio, las clases fueron, para muchos, una forma de atravesar el momento. Aunque también dejó en evidencia que el impacto no siempre se expresa de manera visible.

“Más allá de lo que pasó, por suerte esta vez pudimos estar bien”, resumió Juan Ignacio, mientras que Lucía deseó: “Esperemos que sea la última vez, porque broma o no, no está bueno lo que sucedió”.

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