Los tenores son los héroes de la ópera
En las artes escénicas hay perfiles que parecen inamovibles entre los personajes, caracterizados por lo general entre los "buenos" y los "malos". En el caso de la ópera, esta definición se da por el registro de cada cantante, y así es que los tenores y las sopranos suelen tener asignados de antemano los roles principales y heroicos, que son siempre los más queridos por el público. Ellos generan ovaciones y los más encendidos aplausos, mientras que los bajos, los mezzosopranos y los contraltos interpretan a los villanos, ancianos o conspiradores.
23 Agosto 2009 Seguir en 
"Las voces agudas o intermedias, que normalmente alcanzan un mayor brillo para el oído humano, suelen representar los roles protagónicos o heroicos en una ópera, mientras que las voces graves, acostumbran ser las contrafiguras o, en el caso que me compete, los villanos, personajes con sed de venganza o ancianos consejeros, puesto que la voz del bajo es la más oscura y grave del espectro vocal".
Así de claro responde el bajo Marcelo Oppedisano a la consulta de LA GACETA. Como prueba, el cantante cuenta su propia y larga experiencia en los escenarios tucumanos. De todos modos indica que, independientemente de los estereotipos, no hay duda de que todos los registros son importantes en una ópera, y tienen sus dificultades técnicas.
"Estas características predominan en los grandes dramas de Verdi o Puccini -destacó-. Así por ejemplo, en "Rigoletto", de Verdi, representé a un sicario llamado Sparafucile, que fue contratado por Rigoletto (barítono) para matar al Duque de Mantua (tenor), que había seducido a su hija Gilda (soprano), y esta situación tendrá que ver con el fatal desenlace de la obra, que no era el inicialmente previsto. En "Il Trovatore" del mismo compositor, interpreté a Ferrando, un viejo capitán de la guardia del Conte de Luna (barítono), que fue testigo presencial, muchos años atrás, de una historia aberrante que involucraba al hermano de su jefe, y este personaje 20 años después reconoció a la responsable de aquella tragedia, lo que a la postre redundaría en que la Gitana Azucena (mezzosoprano) muera en la hoguera". En los dos ejemplos aportados, no hay dudas sobre quiénes se llevan los aplausos, quiénes son los buenos y quiénes los malos.
Pero hay más para Oppedisano: en "Un Ballo in Maschera" -pieza de Verdi que se estrenará aquí el 29-, el bajo no pierde su perfil: "interpreto a Tom, un conspirador que junto a Sam pretenden asesinar a un popular y querido Gobernante (tenor); pero a diferencia de la mayoría del pueblo, a ellos les había ocasionado gravísimos daños personales y materiales".
Con Puccini, otro grande de la música popular, la situación no se modifica: "en "Madame Butterfly" (tal vez la más conocida) hice el rol del Tio Bonzo, un anciano que maldice a su sobrina Cio-Cio-San (soprano) por traicionar las costumbres niponas y casarse con un occidental. En la misma ópera interpreté a Yamadori (rol escrito para tenor, habitualmente interpretado por barítonos o bajos), un príncipe oriental adinerado pretendiente de Butterfly, que es rechazado por ella tras esperar el retorno de su amado Pinkerton (tenor)".
Insólito
Pasando ya a la Opera bufa, Oppedisano comentó: "pueden presentarse personajes insólitos, como el "Bártolo" que interpreté en "Las Bodas de Fígaro" de Mozart: en un principio quería vengarse a toda costa de Fígaro por haberle "robado" a su Rossina, y en el transcurso de la obra se entera de que Fígaro era su hijo, e inmediatamente cambia su postura, pasando a adorarlo; tan es así que organizan una boda conjunta entre Fígaro y Susana, y entre Marcellina y Bártolo (inicialmente conspiradores en contra de Fígaro, y en definitiva "padres" de este, fruto de un fugaz romance de jóvenes)".
Así de claro responde el bajo Marcelo Oppedisano a la consulta de LA GACETA. Como prueba, el cantante cuenta su propia y larga experiencia en los escenarios tucumanos. De todos modos indica que, independientemente de los estereotipos, no hay duda de que todos los registros son importantes en una ópera, y tienen sus dificultades técnicas.
"Estas características predominan en los grandes dramas de Verdi o Puccini -destacó-. Así por ejemplo, en "Rigoletto", de Verdi, representé a un sicario llamado Sparafucile, que fue contratado por Rigoletto (barítono) para matar al Duque de Mantua (tenor), que había seducido a su hija Gilda (soprano), y esta situación tendrá que ver con el fatal desenlace de la obra, que no era el inicialmente previsto. En "Il Trovatore" del mismo compositor, interpreté a Ferrando, un viejo capitán de la guardia del Conte de Luna (barítono), que fue testigo presencial, muchos años atrás, de una historia aberrante que involucraba al hermano de su jefe, y este personaje 20 años después reconoció a la responsable de aquella tragedia, lo que a la postre redundaría en que la Gitana Azucena (mezzosoprano) muera en la hoguera". En los dos ejemplos aportados, no hay dudas sobre quiénes se llevan los aplausos, quiénes son los buenos y quiénes los malos.
Pero hay más para Oppedisano: en "Un Ballo in Maschera" -pieza de Verdi que se estrenará aquí el 29-, el bajo no pierde su perfil: "interpreto a Tom, un conspirador que junto a Sam pretenden asesinar a un popular y querido Gobernante (tenor); pero a diferencia de la mayoría del pueblo, a ellos les había ocasionado gravísimos daños personales y materiales".
Con Puccini, otro grande de la música popular, la situación no se modifica: "en "Madame Butterfly" (tal vez la más conocida) hice el rol del Tio Bonzo, un anciano que maldice a su sobrina Cio-Cio-San (soprano) por traicionar las costumbres niponas y casarse con un occidental. En la misma ópera interpreté a Yamadori (rol escrito para tenor, habitualmente interpretado por barítonos o bajos), un príncipe oriental adinerado pretendiente de Butterfly, que es rechazado por ella tras esperar el retorno de su amado Pinkerton (tenor)".
Insólito
Pasando ya a la Opera bufa, Oppedisano comentó: "pueden presentarse personajes insólitos, como el "Bártolo" que interpreté en "Las Bodas de Fígaro" de Mozart: en un principio quería vengarse a toda costa de Fígaro por haberle "robado" a su Rossina, y en el transcurso de la obra se entera de que Fígaro era su hijo, e inmediatamente cambia su postura, pasando a adorarlo; tan es así que organizan una boda conjunta entre Fígaro y Susana, y entre Marcellina y Bártolo (inicialmente conspiradores en contra de Fígaro, y en definitiva "padres" de este, fruto de un fugaz romance de jóvenes)".










