Resumen para apurados
- Investigadoras de la UNLP comprobaron en La Plata que experiencias negativas en redes elevan de inmediato la ansiedad en estudiantes debido al rechazo y la comparación social.
- El experimento analizó a 506 ingresantes expuestos a escenarios ficticios de rechazo o neutrales, revelando mayor impacto emocional inmediato en varones que en mujeres.
- El estudio plantea que las políticas de bienestar digital deben enfocarse en la calidad de las interacciones y contenidos, más allá de limitar solo el tiempo de pantalla.
Las redes sociales pueden alterar el estado de ánimo en mucho menos tiempo del que parece. Un experimento realizado por investigadoras de la Universidad Nacional de La Plata comprobó que situaciones tan cotidianas como publicar algo y no recibir reacciones, leer un comentario negativo o compararse con una imagen idealizada pueden aumentar inmediatamente la ansiedad en estudiantes universitarios.
El trabajo fue desarrollado por María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), perteneciente a la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP. La prueba se realizó en febrero de 2026 con más de 500 ingresantes.
Cómo fue el experimento
Las investigadoras dividieron al azar a los participantes en dos grupos. A uno le presentaron cinco situaciones hipotéticas, pero muy parecidas a experiencias que pueden ocurrir cualquier día en Instagram, TikTok u otras plataformas.
Entre ellas aparecían publicar contenido y no recibir interacciones, obtener un comentario negativo, ver una imagen corporal idealizada con muchos “likes”, encontrar un video propio creado con IA por una cuenta anónima y ser ignorado por amigos después de proponer una salida.
El segundo grupo recibió situaciones neutrales, como mirar un tutorial de cocina o un anuncio publicitario.
Inmediatamente después, los estudiantes completaron una evaluación basada en el State-Trait Anxiety Inventory (STAI), una herramienta utilizada para medir niveles de ansiedad.
Qué pasó con la ansiedad después de ver esos escenarios
La diferencia apareció rápidamente. Los estudiantes expuestos a las experiencias negativas registraron niveles de ansiedad significativamente mayores que aquellos que habían leído los escenarios neutrales. El incremento fue de 1,70 puntos en la escala utilizada, equivalente a alrededor de 0,09 desviaciones estándar respecto del grupo de control.
Un dato llamó especialmente la atención: las situaciones eran ficticias y los participantes sabían que no estaban ocurriendo realmente. Aun así, alcanzaron para generar una respuesta emocional medible en pocos minutos.
Los varones reaccionaron más
La muestra final estuvo integrada por 506 estudiantes, con una edad promedio de 19,8 años y una distribución prácticamente pareja entre mujeres y varones.
Aunque las mujeres comenzaron el experimento con niveles de ansiedad basal más altos, el efecto de los escenarios negativos fue mayor entre los varones. Las autoras plantean distintas posibles explicaciones, entre ellas una diferente forma de reaccionar ante situaciones de exclusión, comparación o evaluación social.
No se trata de cuánto tiempo pasamos conectados
El estudio también permitió observar cuánto ocupan las redes en la rutina de los jóvenes. El 60% de los participantes dijo utilizarlas más de cuatro horas por día durante la semana. Los fines de semana, esa proporción llegó al 72%. Además, un 28% supera las seis horas diarias entre semana y un 40% durante sábados y domingos.
Pero uno de los puntos centrales del trabajo es que mirar solamente el tiempo de pantalla puede quedarse corto.
Los resultados muestran que también importa qué sucede durante esas horas: sentirse ignorado, recibir una valoración negativa o quedar expuesto constantemente a comparaciones puede generar efectos inmediatos en el bienestar emocional.
Por eso, las investigadoras sostienen que las estrategias destinadas a reducir los efectos negativos de las plataformas deberían observar no solo cuánto tiempo pasan los jóvenes conectados, sino también la calidad de las interacciones y los contenidos a los que están expuestos.







