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MOLESTO. El padre de Chaila insultó a González.
MOLESTO. El padre de Chaila insultó a González.
06 Mayo 2009

El furgón Mercedes Benz Sprinter en el que trasladaron a Lucas González llegó a las 15.57 a Tribunales, acompañado por tres patrulleros del Comando Radioeléctrico y por otra camioneta del Servicio Penitenciario; los vehículos llegaron con las sirenas encendidas. En total, 19 uniformados, entre ellos 10 del Cuerpo Especial de Operaciones Penitenciarias (Grupo Lagarto), lo custodiaban.

La familia de la victima llegó en un solo grupo, a las 16.23, rodeada por ocho policías vestidos de civil .

A las 16.35 comenzó el ingreso del público, por la puerta de La Madrid al 400. Primero pasó el grueso del clan “gardelito”, luego la familia de la victima y finalmente los periodistas, camarógrafos y fotógrafos.

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En sobres de papel madera fueron poniendo sus pertenencias (celulares, lapiceras, billeteras) los asistentes a la audiencia. Los policías que tomaban los datos de cada uno se encargaron de sellar los sobres; el público pasó con el paquete cerrado y, al salir, debía mostrar que no lo había abierto.

La sala de audiencias estuvo vigilada por 20 policías uniformados (10 varones y 10 mujeres), atentos a cada movimiento del público. Personal de Guardia de Infantería, con escudos y palos, flanqueó los accesos a Tribunales y a la sala.

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La presencia del público, casi exclusivamente de las familias implicadas en el caso, se redujo a 50 personas (incluso quedaron siete parientes de González afuera). A ellos se sumaron los 15 trabajadores de prensa acreditados, por lo que hubo más de un policía por persona.

El despliegue policial por el juicio requirió la presencia de 80 agentes, conducidos personalmente por el comisario inspector Mario Rojas, jefe de Zona III.

Tan celosa fue la vigilancia que no se permitió el ingreso al recinto de sesiones ni siquiera con botellas con agua. Pero a pesar de tanto cuidado, un celular empezó a sonar con insistencia durante la declaración de Lucas González. Luego, fue el teléfono de un policía el que sonó, pero el uniformado pudo acallarlo rápido.

Los baños del segundo piso del Palacio de Tribunales estuvieron permanentemente custodiados. Policías vigilaban las puertas, y ocasionalmente el interior.

En dos ocasiones tuvieron que asistir paramédicos. La primera que necesitó ser atendida fue Nora Ahumada, tía de la víctima, y luego la madre de esta, Mary Ahumada, quien tras declarar rompió en llanto. No hizo falta trasladar a ninguna a un centro asistencial.

El padre de María Fernanda Chaila se paró y trató de mentiroso a Lucas González, cuando el imputado dijo que eran amigos y que se llevaban muy bien. “No lo conozco”, dijo mientras policías lo acompañaban amigablemente hacia afuera. Luego el hombre se fue y no regresó a la sala.

Silencio. Lucas González, al arribar a Tribunales, no quiso hacer declaraciones y tampoco sus familiares. Sin embargo, al terminar la jornada los “gardelitos” estaban eufóricos. “¿Ya vieron? El doctor Diéguez presiona a los testigos y se demostró que fue un accidente”, afirmó a los gritos una mujer, que dijo llamarse Mercedes y ser tía del imputado.


“Me siento muy mal, realmente no puedo hablar, les pido disculpas...”, le dijo Mary Ahumada a los periodistas, al terminar la primera jornada del juicio por el asesinato de su hija. Cuando se le consultó qué le dijo a González al terminar su declaración, ella respondió: “Le pregunté por qué la mató, nada más. Voy a seguir viniendo al juicio, hasta el último día”.

“González busca una excusa para salir de la calificación legal (de homicidio agravado por alevosía) y busca hacer creer que fue un accidente o que fue por emoción violenta”, dijo el querellante Alejandro Diéguez antes de la sorprendente declaración del testigo Carlos Arrieta.

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