La presión de Kirchner definió la votación

El Congreso demostró que continúa vivo, pese a sus imperfecciones y a su falta de independencia del Poder Ejecutivo. Lo que se viene en el Senado puede ser sorpresivo. Por Hugo E. Grimaldi - Agencia DyN.

06 Julio 2008
BUENOS AIRES.- Los platillos de la balanza de la política han encumbrado durante la semana al Poder Legislativo como un órgano vivo. Con todas sus imperfecciones a cuestas, aunque haya un oficialismo demasiado dependiente del Ejecutivo o una oposición poco propositiva y aunque hayan sido sólo siete los votos de diferencia y a sabiendas de que parte de las retenciones móviles volverán a ser fijas hasta el 31 de octubre próximo, un soplo de aire fresco llegó desde la Cámara de Diputados. ¡Qué alivio representa para la ciudadanía saber que el Congreso existe!
Del otro lado, como contrapeso, ha quedado bastante desinflada la figura de Néstor Kirchner, el titular del PJ a quien le gusta jugar al agua en Carnaval, pero con una particularidad rayana en la histeria: cuando lo mojan se enoja. Y ya se sabe que, en política, el que se enoja comete errores y también que, a la corta o a la larga, pierde. Hoy, su credibilidad está en terapia intensiva. Por ejemplo, el ex presidente suele hablar siempre muy suelto de cuerpo y con amplitud mental de la diversidad de opiniones, pero cuando alguien se le anima a expresar una crítica saca siempre un furioso latigazo contra las ideas de los demás o busca descalificar a las personas antes que a los argumentos.
 Merced a ese protagonismo, Cristina ha quedado relegada a un segundo plano casi protocolar, función que quedó expuesta el viernes, cuando le entregó la bandera nacional a Emanuel Ginóbili para que la lleve a los Juegos Olímpicos, mientras recomendaba hacer deportes, casi como si fuera un tratamiento para políticos en desgracia (“oxigena la cabeza y ayuda a pensar mejor”).
El doble discurso de Kirchner también se ha repetido en la forma en cómo se intentó destrabar el desaguisado de las retenciones móviles. Con la moneda en el aire todavía, ya que aún falta la instancia del Senado, lo que se desprende con mayor claridad del proceso que derivó en el envío de la resolución 125 al Congreso es que la pasión para no se toque ese instrumento puede ser para el ex presidente parte sustancial de su epitafio político. Pese a todo, los diputados utilizaron una fórmula que, por carácter transitivo, desactivó totalmente la pretensión de la Casa Rosada de mantener la 125 a pleno, aunque lo diga el artículo 1 del proyecto de Ley. En rigor de verdad, el tratamiento legislativo la diluyó en buena parte, con un alto costo en materia política, aunque también con una ineficiencia manifiesta en lo que hace a la instrumentación, ya que la solución abordada de aplicarla y restituir luego el dinero recaudado significa algo así como ir de Buenos Aires a Mar del Plata, aunque haciendo una parada en Bahía Blanca.
La singularidad del método no resigna algo que cala hondo en la ideología gobernante, como es la potestad del Estado burocrático de ser el asignador discrecional de recursos, pero lo cierto es que lo que anunció durante la madrugada el jefe del bloque del Frente para la Victoria, Agustín Rossi -que luego se plasmó en el dictamen votado- transformó para los productores más chicos la fiereza inicial de las retenciones en un gatito alimentado con leche.
La llave para destrabar la reticencia de muchos diputados fueron esas compensaciones diferenciadas, las que reducirán las retenciones móviles durante esta campaña agrícola y las dejarán en un valor fijo mucho menor, cueste lo que cueste el cereal. Así lo dijo justamente el muy leal Rossi, quizás sin advertir que estaba mostrando el traspié de los Kirchner de modo flagrante: “más de 85% de nuestros productores van a quedar fuera del alcance de la Resolución 125 y quienes produzcan hasta 300 toneladas van a pagar una retención efectiva de 30%”, número que inclusive está por debajo de aquel 35% que impuso el ex presidente en noviembre último y que rigió hasta el 10 de marzo. Como se eliminó la segmentación por superficie explotada, quedó en claro que se pagarán retenciones por el volumen de producción  
El ex presidente se ha enredado tanto en la ideologización de su discurso y en la crispación de las formas que hasta pasan de largo algunas apelaciones a la sensatez, como la que hizo el jueves ante los metalúrgicos de la UOM, cuando pidió que el campo acepte  de buen grado el resultado de la votación del Congreso, como resultado del juego democrático, sin cortes ni trastornos para la población. La idea de volver a las rutas había estado rondando en la mente de algunos dirigentes del agro, aunque más como presión que como algo efectivo. En todo caso, los dirigentes agrarios, o aún los chacareros que se sientan perjudicados, podrán ir en queja a la Justicia, quien deberá expedirse sobre todo en relación a las alícuotas que se consideran confiscatorias. Con esta Ley en vigencia, quienes producen más de 750 toneladas pagarán, a estos valores internacionales de la soja, una alícuota superior a 50 por ciento, un número que la jurisprudencia de la Corte debería fulminar.
En ese aspecto, el modo tan poco elegante que usó Néstor Kirchner para dirigirse al titular del Tribunal, Ricardo Lorenzetti ha sido una mancha más para el titular del justicialismo, quien le pidió que desmienta una información que involucraba a la Presidenta y a un pretendido consejo suyo sobre la eventual inconstitucionalidad de la resolución 125. Fue de alto calibre la intromisión pública del ex presidente.

El caso Cobos
Más allá de algunas actitudes que se consideraron belicosas en la Casa Rosada, Julio Cobos quedó de la vereda de enfrente del Gobierno, apenas minutos después de que Kirchner pidiera votos y obediencia y cuando el vice dijo con todas las letras “consenso, no votos”. Allí, el titular del Senado blanqueó que estaba en contra de la proyecto oficial y adelantó que los diputados de la Concertación K apoyarían el texto alternativo de Felipe Solá. La paranoia oficial le endilga al vicepresidente ser un factor de desestabilización, para quedarse con el Gobierno, como si eso fuera posible para un ex radical sin apoyatura y con la avidez del peronismo por detrás. Lo que es seguro es que se operará cada día más fuerte para aislarlo, como también que el oficialismo no se podrá dar el lujo de llegar con paridad a la votación en el Senado, ya que Cobos no puede votar, pero sí puede desempatar. Por ese motivo, se le ha pedido a Eric Calcagno, segundo suplente de Cristina Fernández que vuelva a su banca en la Cámara Alta desde su puesto en el ministerio de Economía (está con licencia), para sumar un voto más a la causa presidencial.
Por último, la Presidenta declinó por segunda vez viajar a España, en una visita con llegada al Rey Juan Carlos inclusive. Si bien hay temas de la agenda económica bilateral que están vidriosos (Aerolíneas, Telefónica) desde la Moncloa dicen comprender que Cristina haya suspendido el viaje, debido a los problemas internos que adujo, derivados de la crisis con el campo, en la que su vicepresidente le patea en contra. ¿Cómo traspasarle el mando a quien hoy se considera un enemigo? Vale.

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