06 Agosto 2006 Seguir en 
"En los medios económicos de Tucumán se detectó una gran preocupación por las noticias de inversiones que firmas tucumanas realizan en otras provincias, y empezamos a peguntarnos por qué ocurre esto", señaló el consultor y ex ministro de Economía de la provincia, José María Nougués.
Según el experto, cuando hace algunos meses se informaba sobre las inversiones realizadas en Tucumán con respecto a los totales del país, "descubríamos que la cifra que nos correspondía era absolutamente exigua y la más baja en el concierto nacional: 1,4% del total, cuando sólo en población disponemos del 3,6%". Para una provincia con un muy largo historial industrial, lo publicitado no sólo resulta preocupante, sino que muestra que la carencia de inversiones debe afectar necesariamente el futuro y las posibilidades de crecimiento de la provincia.
Nougués reconoce dos motivos centrales que atentan contra la falta de inversiones: el primero es el de una falta de regímenes en la provincia que defina cuáles son las ventajas que podrá lograr el inversor potencial; el segundo, el haberse transformado nuestra provincia en la de mayor presión fiscal del país. En el primer caso planteado, puede decirse que un régimen de promoción -cualquiera sea su objetivo- debe ser un casi contrato de adhesión, en el cual el inversor conoce qué es lo que puede obtener de las normas que se establecieron y el nivel de las ventajas. "En nuestro caso particular, nos continuamos rigiendo, en materia de leyes de promoción, con las normas establecidas por la Ley 3.883/1972 y por el Decreto 5.162/1973, con algunas modificaciones posteriores, pero que no hacen al fondo de la cuestión. En síntesis, nuestro sistema de promoción no sólo es obsoleto, sino que tampoco ha sido adecuado a las modificaciones introducidas a nuestro Código Fiscal, por lo que transforma a cualquier presentación al régimen en un hecho del príncipe y no el de una adhesión a normas claras y explícitas", sostiene Nougués. El ex ministro de Economía destaca que si la presión fiscal supera hoy al 4% y muy por encima de la que existe en todas las otras provincias, resulta de muy difícil concreción que Tucumán reciba inversores. "En materia fiscal no sólo no hemos tenido conducta, sino que tampoco hemos sabido mantener estabilidad en las normas que aplicamos", subraya.
El resultado de ello lo ponen de manifiesto recientes publicaciones que indican que el crédito en el país creció en promedio más del 35% , encontrándose a la cabeza del crecimiento Tierra del Fuego, Jujuy y Salta. "En el caso de Tucumán, el crecimiento fue negativo en el 2,6%", dice Nougués. Ello puede tener dos explicaciones: la primera es que se elude el uso del sistema financiero tradicional por la magnitud de los gravámenes que inciden sobre los movimientos bancarios -2,5% de Ingresos Brutos; 0,6% a los créditos bancarios y 0,6% a los débitos-, a pesar de encontrarse la plaza financiera con buenas disponibilidades. La segunda es que los fondos se derivan a otras plazas, lo que disminuye la capacidad prestable de los bancos locales. "Ambas alternativas, posibles, resultan sumamente negativas para nuestra provincia", afirma Nougués.
El economista opina que si el Estado provincial sólo considera como objetivo sus ingresos, dejando de lado o divorciándose de la economía de la sociedad que realmente le da base, sin considerar su futuro, "estamos simplemente jugando en el pan para hoy y hambre para mañana".
Según el experto, cuando hace algunos meses se informaba sobre las inversiones realizadas en Tucumán con respecto a los totales del país, "descubríamos que la cifra que nos correspondía era absolutamente exigua y la más baja en el concierto nacional: 1,4% del total, cuando sólo en población disponemos del 3,6%". Para una provincia con un muy largo historial industrial, lo publicitado no sólo resulta preocupante, sino que muestra que la carencia de inversiones debe afectar necesariamente el futuro y las posibilidades de crecimiento de la provincia.
Nougués reconoce dos motivos centrales que atentan contra la falta de inversiones: el primero es el de una falta de regímenes en la provincia que defina cuáles son las ventajas que podrá lograr el inversor potencial; el segundo, el haberse transformado nuestra provincia en la de mayor presión fiscal del país. En el primer caso planteado, puede decirse que un régimen de promoción -cualquiera sea su objetivo- debe ser un casi contrato de adhesión, en el cual el inversor conoce qué es lo que puede obtener de las normas que se establecieron y el nivel de las ventajas. "En nuestro caso particular, nos continuamos rigiendo, en materia de leyes de promoción, con las normas establecidas por la Ley 3.883/1972 y por el Decreto 5.162/1973, con algunas modificaciones posteriores, pero que no hacen al fondo de la cuestión. En síntesis, nuestro sistema de promoción no sólo es obsoleto, sino que tampoco ha sido adecuado a las modificaciones introducidas a nuestro Código Fiscal, por lo que transforma a cualquier presentación al régimen en un hecho del príncipe y no el de una adhesión a normas claras y explícitas", sostiene Nougués. El ex ministro de Economía destaca que si la presión fiscal supera hoy al 4% y muy por encima de la que existe en todas las otras provincias, resulta de muy difícil concreción que Tucumán reciba inversores. "En materia fiscal no sólo no hemos tenido conducta, sino que tampoco hemos sabido mantener estabilidad en las normas que aplicamos", subraya.
El resultado de ello lo ponen de manifiesto recientes publicaciones que indican que el crédito en el país creció en promedio más del 35% , encontrándose a la cabeza del crecimiento Tierra del Fuego, Jujuy y Salta. "En el caso de Tucumán, el crecimiento fue negativo en el 2,6%", dice Nougués. Ello puede tener dos explicaciones: la primera es que se elude el uso del sistema financiero tradicional por la magnitud de los gravámenes que inciden sobre los movimientos bancarios -2,5% de Ingresos Brutos; 0,6% a los créditos bancarios y 0,6% a los débitos-, a pesar de encontrarse la plaza financiera con buenas disponibilidades. La segunda es que los fondos se derivan a otras plazas, lo que disminuye la capacidad prestable de los bancos locales. "Ambas alternativas, posibles, resultan sumamente negativas para nuestra provincia", afirma Nougués.
El economista opina que si el Estado provincial sólo considera como objetivo sus ingresos, dejando de lado o divorciándose de la economía de la sociedad que realmente le da base, sin considerar su futuro, "estamos simplemente jugando en el pan para hoy y hambre para mañana".









