06 Agosto 2006 Seguir en 
La principal fortaleza que tiene el esquema económico vigente es el superávit gemelo; esto es, en el plano fiscal y externo, lo que ayuda a configurar un cuadro macroeconómico relativamente ordenado. A esto se agrega un tipo de cambio alto, que disimula falencias competitivas, y un muy ventajoso marco internacional que favorece el mantenimiento de los precios internacionales de las materias primas en altos niveles.
Hasta ahora este esquema ha permitido que la economía se recupere a tasas muy fuertes desde la debacle de 2001-2002, que si bien podría mantenerse en el corto plazo, el interrogante es si bajo estas condiciones alcanza para sostener el crecimiento en el tiempo.
Bajo este esquema es que las políticas públicas provinciales deberían orientarse fuertemente a promover un esquema de incentivos a la inversión de largo plazo.
En particular, Tucumán debe aprovechar las circunstancias favorables del ciclo económico para efectuar reformas estructurales y sentar bases sólidas tendientes a dinamizar un proceso de inversión privada que todavía es muy débil. Debe ser prioritario establecer políticas dirigidas a mejorar estructuralmente la situación social, sin parches coyunturales. La única forma de lograrlo es mediante la inversión; todo lo demás es cortoplacismo. Porque de lo contrario no se crearán fuentes de trabajo de buena calidad, no se elevará la productividad y por lo tanto el nivel salarial seguirá bajo; en definitiva no se ataca frontalmente la pobreza.
Mejorar el flujo de inversiones - creando un clima atractivo para los negocios-, exige no sólo tener estabilidad macroeconómica; ese punto debe ir acompañado por un set de factores, entre los que se pueden destacar los siguientes:
Disminuir la incertidumbre para el desarrollo de negocios.
Crear un conjunto de incentivos para mejorar la competitividad interna.
Alta calidad institucional, que incluye transparencia en la administración pública.
Un conjunto de señales adecuadas congruentes con la meta de desarrollo establecida.
Una estructura tributaria que no ahogue la producción y aliente la innovación empresaria.
Claridad de roles entre el sector público y privado para alcanzar el desarrollo.
Es decir,que existe una serie de parámetros que ayudan a comprobar si la economía, mas allá de que logre crecer porque recupera cierta estabilidad macroeconómica, sienta bases sólidas para posibilitar el desarrollo. En otras palabras, el problema es la calidad del crecimiento.
El objetivo es el desarrollo; la cuestión es el cómo.
Los factores proinversión son conocidos, por lo que en definitiva, son los resultados los que deben evaluarse en la gestión de gobierno. Al respecto puede considerarse, que el NOA en el 2005 captó el 2% del total de la inversión del país; Tucumán atrajo el 0.3%, Salta, por ejemplo el 1% y Jujuy el 0,4%.
Se sabe que la única variable que asegura el desarrollo sostenible es la inversión. Y esta es una variable altamente sensible a las perspectivas de rentabilidad. Por ello es que el desafío de la economía argentina, y en particular de las economía provincial, pasa por construir bases para atraer inversiones, de lo contrario, se crece, pero no puede aspirarse a un proceso de desarrollo durable y que mejore la calidad de vida de los habitantes.
Si las bases de crecimiento son endebles, porque se deteriora el marco institucional, porque el Estado empresario fracasó hace muchos años, porque los sectores productivos soportan alta presión tributaria, claramente el ciclo positivo durará lo que dure el nivel de precios de las materias primas en el mundo.
El verdadero dilema es sustituir la visión de corto plazo, con alto rédito político inmediato, pero que será bajo en el futuro, porque no se habrán sentado bases sólidas, por una visión de largo plazo, con bajo rédito político inmediato, pero alto en el futuro porque sienta las bases para el desarrollo sostenible.
Hasta ahora este esquema ha permitido que la economía se recupere a tasas muy fuertes desde la debacle de 2001-2002, que si bien podría mantenerse en el corto plazo, el interrogante es si bajo estas condiciones alcanza para sostener el crecimiento en el tiempo.
Bajo este esquema es que las políticas públicas provinciales deberían orientarse fuertemente a promover un esquema de incentivos a la inversión de largo plazo.
En particular, Tucumán debe aprovechar las circunstancias favorables del ciclo económico para efectuar reformas estructurales y sentar bases sólidas tendientes a dinamizar un proceso de inversión privada que todavía es muy débil. Debe ser prioritario establecer políticas dirigidas a mejorar estructuralmente la situación social, sin parches coyunturales. La única forma de lograrlo es mediante la inversión; todo lo demás es cortoplacismo. Porque de lo contrario no se crearán fuentes de trabajo de buena calidad, no se elevará la productividad y por lo tanto el nivel salarial seguirá bajo; en definitiva no se ataca frontalmente la pobreza.
Mejorar el flujo de inversiones - creando un clima atractivo para los negocios-, exige no sólo tener estabilidad macroeconómica; ese punto debe ir acompañado por un set de factores, entre los que se pueden destacar los siguientes:
Disminuir la incertidumbre para el desarrollo de negocios.
Crear un conjunto de incentivos para mejorar la competitividad interna.
Alta calidad institucional, que incluye transparencia en la administración pública.
Un conjunto de señales adecuadas congruentes con la meta de desarrollo establecida.
Una estructura tributaria que no ahogue la producción y aliente la innovación empresaria.
Claridad de roles entre el sector público y privado para alcanzar el desarrollo.
Es decir,que existe una serie de parámetros que ayudan a comprobar si la economía, mas allá de que logre crecer porque recupera cierta estabilidad macroeconómica, sienta bases sólidas para posibilitar el desarrollo. En otras palabras, el problema es la calidad del crecimiento.
El objetivo es el desarrollo; la cuestión es el cómo.
Los factores proinversión son conocidos, por lo que en definitiva, son los resultados los que deben evaluarse en la gestión de gobierno. Al respecto puede considerarse, que el NOA en el 2005 captó el 2% del total de la inversión del país; Tucumán atrajo el 0.3%, Salta, por ejemplo el 1% y Jujuy el 0,4%.
Se sabe que la única variable que asegura el desarrollo sostenible es la inversión. Y esta es una variable altamente sensible a las perspectivas de rentabilidad. Por ello es que el desafío de la economía argentina, y en particular de las economía provincial, pasa por construir bases para atraer inversiones, de lo contrario, se crece, pero no puede aspirarse a un proceso de desarrollo durable y que mejore la calidad de vida de los habitantes.
Si las bases de crecimiento son endebles, porque se deteriora el marco institucional, porque el Estado empresario fracasó hace muchos años, porque los sectores productivos soportan alta presión tributaria, claramente el ciclo positivo durará lo que dure el nivel de precios de las materias primas en el mundo.
El verdadero dilema es sustituir la visión de corto plazo, con alto rédito político inmediato, pero que será bajo en el futuro, porque no se habrán sentado bases sólidas, por una visión de largo plazo, con bajo rédito político inmediato, pero alto en el futuro porque sienta las bases para el desarrollo sostenible.










