28 Mayo 2006 Seguir en 
Es sabido que en la Argentina hay un sinfín de eufemismos girando en torno a la política pero sin duda ninguno es tan agudo como aquel que refiere al federalismo: una utopía a esta altura del partido. La concentración de poder, tanto político como económico, en la Capital Federal se ha profundizado de tal forma que hoy las provincias han pasado a ser, prácticamente, un apéndice del poder central con muy escaso margen de acción individual.La siempre polémica Ley de Coparticipación Federal no es ajena a esta realidad.
Bastardeada por años y aplicada con argucias varias contempla, por ejemplo, la instrumentación de ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que han pasado a ser una herramienta de poder sin ningún tipo de discrecionalidad.
Basta con atender el último informe que diera el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en el Congreso Nacional, para advertir de qué manera el poder central se expande a las provincias. En el último año (caracterizado por ser electoral), los fondos enviados al interior triplicaron los enviados en 2004, alcanzando casi los $ 160 millones. Durante 2005, la provincia de Buenos Aires, paradójicamente, la que más se necesitaba para afianzar el poder presidencial, fue beneficiada con $ 47 millones. A partir de entonces, nadie fue más oficialista que Felipe Solá.
Con los déficit que acunan las provincias, con sus deudas públicas sin reestructurar, ¿cómo oponerse al poder central? La reforma al sistema de coparticipación es una asignatura pendiente que jamás se terminará de cerrar porque es, precisamente, un arma política de envergadura a la hora de captar voluntades y adherentes a la gestión presidencial. La ley de coparticipación federal no contempla la rendición de cuentas sobre el uso de los fondos públicos que el gobierno otorga a las provincias y municipios de allí, la polémica que genera este mecanismo. De una relación entre iguales se pasa a una relación de dependencia donde los "favores" tienen precio y cotiza alto el aplauso en cualquier acto presidencial.
Bastardeada por años y aplicada con argucias varias contempla, por ejemplo, la instrumentación de ATN (Aportes del Tesoro Nacional) que han pasado a ser una herramienta de poder sin ningún tipo de discrecionalidad.
Basta con atender el último informe que diera el Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, en el Congreso Nacional, para advertir de qué manera el poder central se expande a las provincias. En el último año (caracterizado por ser electoral), los fondos enviados al interior triplicaron los enviados en 2004, alcanzando casi los $ 160 millones. Durante 2005, la provincia de Buenos Aires, paradójicamente, la que más se necesitaba para afianzar el poder presidencial, fue beneficiada con $ 47 millones. A partir de entonces, nadie fue más oficialista que Felipe Solá.
Con los déficit que acunan las provincias, con sus deudas públicas sin reestructurar, ¿cómo oponerse al poder central? La reforma al sistema de coparticipación es una asignatura pendiente que jamás se terminará de cerrar porque es, precisamente, un arma política de envergadura a la hora de captar voluntades y adherentes a la gestión presidencial. La ley de coparticipación federal no contempla la rendición de cuentas sobre el uso de los fondos públicos que el gobierno otorga a las provincias y municipios de allí, la polémica que genera este mecanismo. De una relación entre iguales se pasa a una relación de dependencia donde los "favores" tienen precio y cotiza alto el aplauso en cualquier acto presidencial.









