Un problema con consecuencias sociales
Según los últimos datos oficiales, en la Argentina hay 4,8 millones de trabajadores que no cuentan con una cobertura de obra social ni se les realizan los aportes para su futura jubilacion. Ernesto Kritz señala que el Estado debe profundizar sus operativos de fiscalizacion para combatir la informalidad laboral en el pais.
Por un lado, los empleados que trabajan en estas condiciones no contarán con una jubilación en el futuro, ya que no se realizan los aportes por las cargas sociales. A su vez, en virtud de su precariedad laboral no tienen posibilidades de negociar salarios, tal como sucede con los que están registrados.
El promedio salarial de la franja de empleados en negro está en el orden de los $ 420 mensuales, muy por debajo de los casi $ 750 que puede llegar a cobrar un trabajador registrado.
Para el Estado, esta condición laboral le significa un costo adicional y una pérdida en materia de recaudación, similar a los ingresos que la AFIP tiene mensualmente. La población de empleados en negro generalmente terminan siendo asistidos por el Gobierno, mediante planes sociales (subsidios). Por el hecho de eludir la carga impositiva de esta masa de asalariados, el Estado nacional pierde alrededor de $ 7.000 millones anuales, según las estimaciones del Ministerio de Trabajo.
Con la reactivación de su economía, el mercado laboral de la Argentina reaccionó con algunas señales positivas: alrededor de 200.000 trabajadores pasaron al sector formal durante 2005, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). "Esto marca una tendencia alentadora si se compara con la evolución que tuvo el mercado laboral desde la crisis de fines de 2001", señala Ernesto Kritz, director ejecutivo de la consultora Sociedad de Estudios Laborales.
Sin embargo, el economista aclara que el aspecto poco optimista es que estos resultados no alcanzan para compensar el salto que tuvo el empleo en negro en el período poscrisis. "En 2000, estábamos ante un registro del 38% del trabajo en negro y hoy estamos en el 45,5%", puntualiza.
Kritz considera que la condición laboral divide a la sociedad argentina en dos, entre aquellos que están en la formalidad y aquellos que no se encuentran blanqueados por sus empleadores. "El promedio de salarios en el sector informal no se ha recuperado desde 2001 y, además, es más elevada la tasa de desempleo en esta franja", remarca.
Al analizar la situación en Tucumán, el ejecutivo señala que el distrito es un buen ejemplo sobre la incidencia de problemas socioeconómicos que están concatenados. "Tiene altos índices de pobreza, de informalidad, de bajos ingresos y mayor brecha económica. Todo esto marca cierta desprotección social", afirma.
Según el experto, el Estado y el empresariado nacional tienen que preocuparse en cerrar esa gran brecha entre los que más ganan y los que menos poseen que (una diferencia de casi 25 veces entre las escalas sociales, según las cifras oficiales).
Si bien Kritz manifiesta que es una buena señal la convocatoria al Consejo del Salario, a los pobres y a los trabajadores que están en el mercado informal -en su mayoría en pequeños establecimientos de menos de cinco personas-, las decisiones de ese consejo le llegan muy poco. "Es probable que se aumente el salario básico, pero también que esa mejora no llegue al empleado en negro", dice.
Según el economista, la clave para combatir la informalidad laboral está en profundizar los operativos de fiscalización que llevan adelante, tanto los inspectores del Ministerio de Trabajo como las reparticiones laborales de cada una de las provincias del país.
Jóvenes y mujeres, los más afectados
"El mercado de trabajo informal se puede interpretar como una respuesta a una presión de aumentar el salario al sector formal, por los beneficios del contrato laboral". El concepto corresponde el economista de la UNT, Víctor Jorge Elías, quien estima que un mercado laboral totalmente flexible no debería generar un mercado informal.
El director del Instituto de Economía Aplicada (IEA) resalta que la brecha salarial, en Tucumán, entre formales e informales es, aproximadamente, del 20% comparando a trabajadores de las mismas características. Considera Elías que la estabilidad laboral, si bien es algo deseable por todos, presenta problemas. "Si un grupo tiene mucha estabilidad genera inestabilidad para otros, porque la estabilidad sólo es garantizada por las buenas condición que pueda tener el mercado laboral. Es por eso que en las recesiones hay problemas para mantener esa estabilidad", acota.
Según el economista, el seguro de desempleo es costoso, pero es el mecanismo más interesante para resolver estos problemas.
Apunta que el mercado informal se da en especial en ciertos sectores que pueden eludir más fácilmente los controles y en trabajadores que están más dispuestos a aceptar su condición. En especial aquellos trabajadores que periódicamente, entran y salen de la fuerza laboral.
"La composición del grupo de trabajadores informales en Tucumán ha ido cambiando, pero se nota que influye más a grupos jóvenes, mujeres y grupos menos preparados", resalta Elías.
En Tucumán se puede estimar que el mercado informal o los trabajadores en estado informal pueden sumar alrededor de 100.000. Eso estaría generando salarios anuales de los $ 800 millones. Eso da una idea de su tamaño. Algunos dan cifras mayores pero no se cuenta con estadísticas apropiadas para determinar su real tamaño.
La fuerza laboral total de Tucumán se estima en 480.000 personas en actividad y otras 80.000 desocupadas, totalizando 560.000 personas económicamente activas. También se calcula en base al salario. El promedio anual de los trabajadores formales es de $ 12.500, considerando qué parte del Producto Bruto Interno se destina a salarios. El salario es variable de acuerdo con la categoría, según el economista.
Condenados a vivir en un mundo de pobreza y carencias
El empleo en negro es llamado fuerza de trabajo flexible, temporal o contingente. Su diferencia respecto del trabajo formal es inmensa, ya que no cuenta con retribuciones, beneficios sociales, médica, legal y laboral. Este tipo de empleos no tiene lugares predilectos para desarrollarse: organizaciones privadas y públicas, microempresas y hasta PyME. Los trabajadores en negro están condenados a vivir en un mundo de pobreza, de carencias y de desigualdad. El diagnóstico es de Graciela Chamut, psicóloga laboral. La especialista puntualiza que el promedio de ingreso de estos trabajadores es inferior hasta en un 60% respecto de sus compañeros más favorecidos (formales).
"Desde el punto de vista humano y psicológico, esta situación que burla todas las leyes, genera en el trabajador una situación de continuo temor a perder lo poco que se tiene, una baja en la autoestima, por su incapacidad de acceder al mundo en blanco de lo formal, y esto hace que se conforme con lo que se le da", indica.
Chamut agrega que estos trabajadores tienen una gran conciencia de vulnerabilidad, lo que eleva los niveles de estrés por la carencia permanente de seguridad, protección y estabilidad. "Los empleados temporales son difíciles de motivar; saben que para ellos no habrá aumentos ni desarrollo de carrera; no se identifican con la organización ni muestran compromiso", afirma la psicóloga laboral.
Desde el plano netamente laboral, la experta considera que no puede pensarse en lealtad del empleado (no registrado) hacia la organización, cuando la empresa no es leal ni equitativa con el trabajador contingente."Es una de las razones más graves y difíciles de revertir del aumento de la deslealtad de los empleados hacia la organización. Esta situación propicia conductas y prácticas carentes de ética; desmotivación y una importante baja en la lealtad de los empleados y en su compromiso con el trabajo. Por el estrés, se vuelven más vulnerables a problemas psíquicos y físicos, y tienden a generar un ambiente menos amigable que los empleados formales", manifiesta Chamut al describir algunas de las consecuencias que provoca la permanente práctica de no registrar a los trabajadores.








