Un clima de ansiedad muy particular

Punto de vista por Emilio J. Cárdenas, ex embajador argentino ante la Organizacion de las Naciones Unidas. Exclusivo para LA GACETA.

18 Diciembre 2005

Después de una campaña intensa, inusualmente dura, y hasta caracterizada por un clima intimidatorio, los ciudadanos bolivianos concurren -una vez más- a las urnas, en medio de un clima de ansiedad muy particular.
En primer lugar, porque el país estuvo, a mediados de año, al borde del abismo, inmerso en una crisis tensa que concluyó con la renuncia del presidente Carlos Mesa. Además, porque no fue nada fácil para el prudente presidente Eduardo Rodríguez Valtzé conducir eficientemente a su país hasta hoy, sorteando los obstáculos que fueron apareciendo.
Pero, por sobre todas las cosas, porque los bolivianos tienen frente a sí una opción con propuestas radicalmente diferentes. Por esto, las encuestas sugieren que habrá una polarización de votos sin precedentes.
Por una parte aparece liderando la intención de voto por escaso margen, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, que aglutina a lo sustancial de las naciones indígenas y propone cambiar radicalmente el modelo político y económico de Bolivia. Sus propuestas son, entonces, refundacionales, pese a lo que Morales asegura que gobernará sin revanchas, ni venganzas. Al cierre de la campaña, Morales sorprendió al decir (en esfuerzo contem- porizador) que está dispuesto a conversar con EEUU para erradicar el narcotráfico.
Por la otra, encontramos al joven y experimentado ex presidente Jorge Quiroga, quien -con capacidad de gestión probada- encabeza Poder Democrático Social (Podemos).
Sus propuestas son de corte más tradicional: eliminar la deuda externa, combatir la corrupción, fomentar la inversión para generar más empleo, y aumentar la inversión pública.
Entre los otros contendores aparece el empresario cementero Samuel Doria Medina, con un caudal de votos que será presumiblemente el único que puede inclinar la balanza en caso de una elección muy reñida. Sus partidarios están a la derecha de Morales, pero a la izquierda de Quiroga, razón por la cual es difícil predecir lo que, en ese caso, ocurriría.
Las normas electorales de Bolivia, si nadie alcanza el 51% de los votos, obligan a una segunda vuelta, pero en el ámbito del Congreso. La decisión, en este caso, no será nada fácil. Por esto preocupan las declaraciones ambiguas de algunos jefes de las Fuerzas Armadas de Bolivia que sugieren que apoyarán a la primera minoría. Suena quizás atractivo, pero no es ciertamente lo que dice la ley, que apunta -en cambio- a posibilitar la construcción de equilibrios, si ello fuera necesario. Su deber es atenerse a la ley y no otro. Sólo así se asegurará la legitimidad del gobierno que regirá los destinos del país vecino desde enero del año próximo. Y sólo así se podrá evitar la inusual amenaza de secesión que flota sobre los departamentos del oriente boliviano, que no podría materializarse sin provocar comprensibles resistencias.La Argentina sigue muy de cerca todo lo que ocurre en Bolivia y debe estar dispuesta a empeñar sus esfuerzos para contribuir a que en ese país se respete la voluntad popular sin apartarse del marco democrático que define la ley.