Padres de alumnos: “Si las puertas de la escuela están abiertas, nosotros nos sumamos”

400 referentes de familia participaron en el encuentro sobre la transformación de la secundaria.

PRESENTACIONES. En el encuentro participaron referentes de familia, docentes y estudiantes.
PRESENTACIONES. En el encuentro participaron referentes de familia, docentes y estudiantes.

“Una de las dificultades más grandes que tenemos las familias en la escuela de nuestros hijos es no tener un espacio para expresarnos”. La frase dicha por una mamá de la escuela secundaria Los Sosa, sintetiza el sentir de los padres de esa comunidad educativa después de varios debates que se realizaron como preparación al Congreso “La transformación de la escuela secundaria en Tucumán”, que concluyó ayer, en el teatro Mercedes Sosa. Participaron unos 400 referentes de familia además de 1.400 docentes y estudiantes secundarios en las dos jornadas que duró el encuentro organizado por el Ministerio de Educación y Unicef.

Fabiana Cruz, mamá de una niña con autismo, contó que en su escuela ese espacio de diálogo entre docentes, padres y alumnos se consiguió a través de la “Expo agro”, donde los chicos muestran a la comunidad lo que aprenden. Esa actividad fue la vía de entrada para que los padres pudieran participar en esa y otras actividades más, y se involucraran más en la educación de sus hijos. Otras experiencias similares expresaron Carlos Rojas, referente familiar de la escuela Carancho Pozo, de Leales, donde los chicos mantienen un vivero con ayuda de los padres, y Vanina Nieva, mamá de una alumna de la escuela El Cadillal, donde las madres emprendedoras participan de una feria productiva y a la vez enseñan a los alumnos a hacer dulces y artesanías. “Gracias a los papás de la cooperadora compramos aires acondicionados para las aulas”, contó.

Pero para abrir ese espacio de participación el desafío es dar el primer paso. “Las escuelas no pueden solas, tampoco las familias podemos solas, por eso si las escuelas abren sus puertas los padres nos sumamos”, dijo Cruz, al referirse a la necesidad de que haya una apertura de las instituciones hacia los padres. “La escuela y la familia pueden ser un gran equipo para el bien de nuestros hijos. Pero para eso debe haber un cambio de actitud: los padres no deben ir a la escuela solo cuando los llaman o cuando hay acto, se tienen que involucrar en la educación de sus hijos. De la misma manera, la escuela tiene que invitar a los padres a construir proyectos y a aportar en la toma de decisiones, no solo llamarlos cuando el niño se porta mal”, advirtió Fátima González, referente de la escuela Media de Tapia.

La joven madre relató que la escuela de Tapia surgió con muchas necesidades hace apenas tres años. “Todos los padres tenemos un saber que podemos ofrecer: siempre hay un papá que puede arreglar una ventana, una mamá que puede colaborar con el locro patrio o un abuelo que puede contar alguna historia en una maratón de lectura. “En mi escuela, el vínculo que se formó entre escuela y familia se convirtió en un pilar muy grande que tenemos como comunidad, y que nuestros hijos aprendieron a respetar”, expresó Gónzalez.

“Cuando los padres participan en la escuela los chicos sienten que no están solos, y cuando se sienten acompañados y valorados es más fácil que puedan tener un mejor aprendizaje”, señaló Ivanna Perez, mamá de Luciano, de la Escuela de Comercio Presidente Urquiza. Los padres destacaron en varias oportunidades la importancia de que haya un director que propicie la participación de los padres y la organización de actividades junto con la comunidad.

Dejar el celular

La relación entre padres e hijos también fue un tema importante para los coordinadores del panel José Farhat, secretario de Participación Ciudadana, y la supervisora Eugenia Ancajima Dulor. Una mamá de un niño con discapacidad de la Escuela Leandro Alem, Silvana Reston, tomó la palabra: “¿cómo comunicarnos con nuestros hijos? Yo aprendí que mi primero hay que escucharlos de verdad, porque no es solo oírlos, sino dejar el celular y mirarlos a la cara.

Preguntarles por sus logros, que significa decirle cómo te sentiste hoy en vez de qué nota te sacate. Mi hijo a veces no dice cómo se siente con palabras pero yo aprendí a escuchar sus gestos, a observar si entra callado o contento a la casa. Y esto vale para todos los chicos, porque todos los adolescentes necesitan ser escuchados”, afirmó.

Silvina dejó una reflexión final: “Los adultos necesitamos construir puentes entre la familia y la escuela, porque si lo hacemos todos juntos vamos a poder darle el puente más firme que nuestros hijos necesitan para su vida”

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