Susana Noé: “A la hora de escribir juego, me divierto o sufro”

Calles de Tucumán y de Salta, recuerdos, voces silenciadas y experiencias de la vida profesional alimentan los cuentos de Susana Noé.

Susana Noé
Susana Noé

Después de transitar la poesía, Susana Noé se internó en el territorio del cuento con “Fuego en sol naciente”, libro publicado por el sello independiente Letras de Fuego. Son 24 relatos en los que conviven la ficción, el humor y, sobre todo, una mirada atenta a las pequeñas escenas de la vida cotidiana. Protagonista de una extensa práctica en el campo de las políticas sociales, Noé transforma experiencias, recuerdos, calles y voces que conoció a lo largo de su vida en materia narrativa. De todo eso habló en esta entrevista.

- Después de incursionar en la poesía presentás ahora un libro de cuentos ¿Cómo manejás esos registros en tu escritura?

- Mientras la poesía para mí es una necesidad, un impulso vital, una manera de ver y estar en el mundo, los cuentos son como desplazamientos por mi mapa laboral de práctica social (de las políticas sociales o de las miserias del mundo en términos de Pierre Bourdieu). La alternancia es fluida, natural. Los poemas a veces funcionan como testimonios, como elegías, o exorcizan pesadillas, pérdidas o el caos. A la hora de escribir cuentos juego, me divierto o sufro con los sucesos que viven mis protagonistas. Me cautivan especialmente el movimiento, la acción, el suspenso y los finales inesperados. Cuando releo, sonrío al ver que la poesía, sin ser invitada, se cuela y fluye, como si las letras se mecieran en el cuento.

- ¿Cómo se concretó el proyecto de “Fuego en sol naciente?” Cómo se desarrolló el proceso de escritura?

- Saqué a la luz los 24 cuentos que fueron escritos entre 2018 y 2024 y forman el corpus del libro, y los puse bajo la mirada del conductor del Taller Letras de Fuego, Manuel Rivas. Estos cuentos nacieron bajo las consignas de casi todos los talleres de narrativa a los que asistí, donde el tantear, tachar, reemplazar, corregir, equivocarse y dejar reposar un texto fue una constante. Al proceso de escritura lo anteceden las narraciones orales que inventaba para mis sobrinos, luego para mis hijas y de muy grande ya para mis nietos y nietas. Me convertí en jardinera, porque como en un jardín aprendí a desmalezar, podar, cortar, recortar; y ahora, en la etapa de paisajista, intento ubicar tal o cuál frase más arriba en otro párrafo, eliminar adjetivos que no suman, o algún lugar común. Por ejemplo, me río de cómo me costó aprender a usar la raya de diálogo.

- ¿Cuáles son los temas que predominan en estos cuentos y por qué los elegiste?

- Si bien escribo bajo consignas, en medio de la ficción se cuelan o filtran mi práctica social, el humor, la poesía y entre todos hacen lo suyo. Lo cotidiano impregna mi escritura y aquí recuerdo a Hebe Uhart. A posteriori de su lectura escribí el cuento “Un regalo”, donde una tabla de picar carne o verduras será el disparador que nos llevará a los sabores y aromas de la cocina materna. En la cotidianidad la escritura se mueve desde lo local a lo universal con un lenguaje breve, conciso y directo desde lo visceral hasta los huesos. Creo que los temas me eligen a mí y cobran protagonismo voces silenciadas que descubrí en mi práctica social. Pienso que la literatura permite hacer visible lo invisible de la vida cotidiana.

- Se perciben notas autobiográficas en algunos de los relatos ¿Es así? ¿Cuánto hay de vos en este libro?

- Son autobiográficas las calles y barrios de Salta y de Tucumán. Por todos ellos caminé, soñé y he trabajado. Seguramente pareció autobiográfico “Tantas veces soñé con volver”, “Despertar”... Son historias reales que ocurrieron en épocas de la última dictadura, en un caso con una profesora de Trabajo Social que se salvó de ser desaparecida por disfrazarse y vivir como una campesina haciendo dulces con los frutos cosechados. Como me encanta ficcionar la llevé a Salta, recorre sus calles y recuerda la procesión del Señor del Milagro. Hay muchas imágenes que impactaron en mi subjetividad. Los mendigos que dormitaban en las afueras del Hospital Centro de Salud mientras trabajé coordinando el Observatorio de la Mujer dan lugar a los protagonistas de “La tierra se lo tragó”; las mujeres que solían pararse en la puerta o detrás del visillo observando la vida de las vecinas dieron lugar a “Manojo de llaves”. De mi época de estudiante o recién casada ficcioné un caso de violencia contra la mujer: “Muñeca en el pasillo”.

- ¿Cuáles son los cuentistas que considerás imprescindibles y que te marcaron a lo largo de la vida?

- El boom latinoamericano fue inolvidable: García Márquez, Cortázar, Miguel Hernández, Daniel Moyano, Juan Rulfo, Carlos Fuentes... Y más atrás Poe, Abelardo Castillo, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo; y a las que veo como sucesoras de Silvina: Samanta Schweblin y Mariana Enríquez. Inolvidables también Héctor Tizón, Carlos Hugo Aparicio, Marta Mercader, Syria Poletti, Hugo Foguet, Julio Ardiles Gray... Recién hace unos años comencé con Borges y es increíble lo que pasa, porque en mi generación fue muy cuestionado y no sentía interés en conocerlo. Ahora todo lo contrario.

- ¿Qué esperás que encuentre el lector en “Fuego en sol naciente”?

- Que observen un poco más esas pequeñas cosas de la vida cotidiana que encierran tantas historias y que la lectura de estos cuentos los empujen a creer, a crear. Que descubran un laberinto de sensaciones, percepciones y emociones. Que estos cuentos sean el viaje que produce un chispazo, como un relámpago que encenderá en los lectores las ganas de divertirse, asombrarse, amar, llorar, sufrir con los protagonistas y compartir sus formas inesperadas, insólitas a veces, de resolver un conflicto.

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