El fútbol no siempre entiende de justicias. Los entrenadores pueden hacer el planteo justo, los jugadores cumplirlo y hasta el partido entregarte las oportunidades para ganar. Atlético Tucumán estuvo a punto de sentir esa injusticia en carne propia. Pero este deporte entendió que era momento de que el “Decano” volviera a festejar. Y de llevarse un triunfo que, pese a un complemento en el que bajó el nivel, Julio César Falcioni ideó a la perfección. El resultado le reconoció los méritos.
El planteo no fue ninguna novedad. Lo conocemos todos. Cualquiera que haya visto con algo de atención alguno de los partidos del “Decano” bajo el mando del “Emperador” sabe cómo juega este equipo. Que espera ordenado atrás, que es sólido en el retroceso y que es veloz para golpear de contragolpe. Todos lo conocemos, pero Juan Pablo Vojvoda pareció no hacerlo. O tal vez quiso poner su idea por delante del rival que tenía enfrente. Mala decisión.
Porque el DT de la “Academia” dispuso, para este momento de crisis deportiva de su equipo, un 4-2-3-1, con Ulises Ortegoza y Leonel Pérez de doble “5”, Matko Miljevic de enganche y Lautaro Díaz junto a Tomás Conechny por los costados. Arriba, Adrián Martínez, el emblema del equipo, tal vez uno de los pocos resabios que quedaron de aquel plantel que supo coronarse en la Copa Sudamericana 2024.
Pero Vojvoda pareció no haber visto cómo Atlético se impone en sus partidos. O tal vez lo subestimó. Porque en sus últimos grandes triunfos (1-0 vs. River, 3-0 vs. Talleres, 4-0 vs. Independiente) siempre se impuso por una cuestión clave: dominar el centro del campo. El equipo está diseñado para eso, con el triángulo conformado por Leonel Vega, Lautaro Godoy y Franco Nicola. Y Vojvoda, iluso, quería ganar por adentro. Los primeros minutos le demostraron que iba a ser imposible.
Porque en esos primeros 25’ Atlético jugó probablemente su mejor fútbol en este Clausura. A la solidez defensiva de siempre le agregó una voracidad para salir al contragolpe envidiable para cualquier equipo que aspire a utilizar este estilo de juego. Cuando el “Decano” recuperaba, en pocos segundos tenía hasta seis jugadores dispuestos a lastimar en zona ofensiva. Y cuando enfrentaban a una “Academia” en retroceso, lógicamente, lo hacían mano a mano o incluso en superioridad numérica.
Por eso el vendaval de situaciones en ese primer tramo. El gol de Godoy, un penal malogrado de Leandro Díaz, otro ataque del propio “9”, remates a larga distancia... Atlético hacía un culto al contragolpe, que estaba lejos de ser conservador. Era agresivo, vertical, audaz. En cada recuperación había hambre de gol. Y Racing no encontraba respuestas.
Ante el desconcierto, Vojvoda metió un doble cambio a los 30’: ingresaron Matías Zaracho y Gastón Lodico en lugar de Miljevic y Ortegoza. Su equipo mejoró, pero hacía falta mucho más para dar vuelta la historia. Necesitaba cambiar de estrategia. Y que el rival levantara el pie del acelerador.
En el segundo tiempo, ambas cosas pasaron. Porque si en el primer tiempo Atlético mostró la mejor versión posible de un equipo que pretende jugar “de contra”, en el complemento fue todo lo contrario. Muy metido atrás, pasivo e incluso perdió la vocación de lastimar al rival. De un primer tiempo que podía haberse ido ganando por goleada, se encontraba en un complemento ya luchando por sostener el triunfo. La resistencia era buena, pero el partido era largo y terminó por derrumbarse.
Racing empezó a moverse por afuera, con Duván Vergara y Lautaro Díaz incisivos, y encontró con muchísima fortuna las respuestas que no hallaba desde el juego. La sensación era indiscutible. Atlético no podía irse con solo un punto de Avellaneda. Merecía más.
Y el fútbol a veces decide dejar la crueldad a un lado. Dar lugar a la euforia, a la alegría. El destino decidió poner a Ramiro Ruiz Rodríguez centímetros detrás de la línea de la pelota para que su gol valiera y para que Atlético se meta entre los primeros cuatro. Este deporte quiso que el “Decano” fuera feliz. Y que soñara. Porque supo sufrir. Y hoy también merece darse el regalo de mirar más allá.










