Varios gurúes sostuvieron que las casualidades no existen o que las coincidencias no existen, como el español Borja Vilaseca, quien sostenía que el azar es propio de las religiones dogmáticas, mientras que los escépticos defienden la causalidad: la teoría de la causa y efecto. También el psiquiatra Carl Jung llamó sincronicidad a los eventos que ocurren al mismo tiempo y tienen un significado oculto para la persona que conecta su pensamiento interior con el mundo exterior y de esta forma lo justifica.
Esto se enmarca dentro del sesgo de confirmación, que es cuando el cerebro humano busca patrones y recuerda con más fuerza los sucesos raros que lo sorprendieron, mientras olvida todos los momentos normales en los que no pasó nada.
Entre los políticos -y sus militantes-, el sesgo de confirmación es una patología de espiral descendente (como en los extremadamente religiosos), donde todo se analiza según sus propias creencias y conveniencias y no existe la autocrítica, se niegan los datos reales que las contradigan y, por ende, se clausura cualquier posibilidad de cambio, de progreso. Cuando no se asumen los errores se está condenado a repetirlos. Se paraliza el progreso, la evolución.
Es lo que ocurre en Tucumán en materia urbanística y en el área metropolitana en particular, donde, el sesgo de confirmación deriva en aquella famosa frase de 1983 de la escritora Rita Mae Brown, que dice que “locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”, erróneamente atribuida al físico alemán Albert Einstein.
Zona neurálgica
El urbanismo abarca un sin número de variantes, como calidad de vida, expansión territorial, conectividad, servicios públicos, transporte y tránsito, espacios verdes, acceso a la vivienda, espacios de uso comunitario, etcétera.
Un caso concreto es la reapertura del ex Mercado Sarmiento, hoy Mercado de la Ciudad, que puso sobre la mesa de debate a una zona neurálgica y emblemática de la Capital, como es el corredor de cuatro cuadras de avenida Sarmiento, entre Catamarca y las avenidas Mitre/Líbano, afectada por graves conflictos que podrían hacer fracasar esta importante inversión municipal: un asentamiento de 61 años, muy precario y riesgoso junto a las vías del Ferrocarril Belgrano; un paso a nivel en Marco Avellaneda y Sarmiento caótico, considerada una de las cuatro esquinas más accidentadas de la ciudad, según el municipio (LA GACETA, 2016); una plazoleta desnaturalizada y peligrosa, porque sus dársenas se usan para atajos y que además funcionan como estacionamiento ilegal; un puente de 100 años que ahorca el cuantioso tránsito de esa arteria; una zona considerada muy insegura, más de noche; y un sector con severas carencias de espacios para estacionar.
Problemas que se arrastran desde hace por lo menos ocho décadas y que se agravan con los años, a lo largo de más de 30 intendencias y gobiernos provinciales, democráticos y militares.
Una cronología de la realidad
1887: El intendente José Padilla diseñó el bulevar principal de la ciudad (las cuatro avenidas) y la avenida Sarmiento forma parte de ese cuadrante.
1908: El puente Sarmiento, sobre las vías del Ferrocarril Mitre, queda formalmente habilitado, durante la presidencia de Carlos Rougés.
1921: El 26 de junio, por el centenario del nacimiento de Bartolomé Mitre, el intendente Teófanes Sánchez inaugura la plazoleta que lleva el nombre del prócer.
1927: El intendente Juan Luis Nougués realiza mejoras en el puente Sarmiento.
1930: Se construye el Mercado Sarmiento, en el 1247 de esa avenida, también en la gestión de Nougués, como parte de un conjunto de cinco “Mercados de Suburbios”.
1960: Durante esa década comienzan las advertencias sobre la necesidad de ampliar el puente Sarmiento, desde distintos sectores políticos.
1965: Se instalan las primeras casillas en Marco Avellaneda y Sarmiento, junto a las vías férreas. Lázaro Barbieri gobernaba la provincia.
En 1976: El gobernador militar Antonio Bussi ordenó el llamado “Operativo limpieza” del asentamiento, pero duró poco tiempo.
1990: Se cierra el Mercado Sarmiento, luego de 60 años, durante la gestión de Raúl Martínez Aráoz.
1995: Ocurrió el segundo desalojo parcial, con la demolición de 24 casillas. El intendente era el recién asumido Oscar Paz, el 29 de octubre, pero el desalojo se inició durante el mandato de su antecesor, Rafael Bulacio, aunque estuvo a cargo de la Fundación Esperanza, que presidía la esposa de Ramón Ortega, Evangelina Salazar.
2008: En abril de ese año se instala un complejo semaforizado en Marco Avellaneda y Sarmiento, en la intendencia de Domingo Amaya. Nunca se puso en funcionamiento, ya que no se previó que la cola de vehículos ocuparía toda la extensión del puente.
2026: La intendenta Rossana Chahla reabre el Mercado Sarmiento, 26 años después, con el nombre de Mercado de la Ciudad.
Sin fechas definidas
Hubo algunas acciones concretas, que aún así fracasaron, como la del 76 y la del 95, pero los anuncios y promesas para reubicar al asentamiento ubicado junto a las vías se multiplicaron por décadas, a lo largo de casi todas las intendencias y gobiernos provinciales. Lejos de la normalización de esa zona peligrosa y vulnerable, las casillas siguieron aumentando, e incluso ahora empezaron a ocupar el otro flanco de los rieles. La actual gestión no es la excepción y se volvió a reconocer que es un problema que urge resolver, sobre todo para que no afecte el funcionamiento del nuevo mercado.
Ocurrió y ocurre lo mismo con el ensanchamiento del puente Sarmiento, sobre el cual abundan proyectos que murieron en algún cajón de la burocracia, además de los sucesivos ahogos presupuestarios, entre los que se incluyó la demolición total del puente y su reconstrucción desde cero. Este puente de 15 metros de ancho, incluidas las veredas, reduce a la mitad la amplitud de la avenida y genera un cuello de botella en horas pico.
Un derrotero similar siguió la remodelación de la plazoleta Mitre, una rotonda que fue perdiendo su propósito original.
El sesgo de confirmación, que lleva neuróticamente a que cada gestión culpe a las anteriores, deriva en que los errores se repitan, la parálisis se eternice, la calidad de vida de la ciudad siga en deterioro y los problemas sean cada vez más complejos de solucionar.













