La venganza tiene forma de un agresivo virus mortal

En “Zona Cero”, la nueva película del surcoreno Yeon Sang-ho, un biotecnólogo despedido decide contagiar a los participantes de una conferencia y reservarse para sí el único antídoto.

TERROR CLAUSTRAFÓBICO. “Zona Cero” transcurre dentro de un edificio cerrado por una infección viral.
TERROR CLAUSTRAFÓBICO. “Zona Cero” transcurre dentro de un edificio cerrado por una infección viral.
Fabio Ladetto
Por Fabio Ladetto Hace 5 Hs

El cine surcoreano es uno de los más potentes de las últimas décadas, con una producción de proyección internacional sustentada en un fuerte respaldo estatal que la entendió como marca cultural de exportación. Instalarse en el mercado global fue el objetivo buscado más allá de lo estrictamente artístico, para generar una identidad propia que se amplió al K-Pop como otra política de penetración en mercados distantes. El resultado alcanzado no es casualidad o mérito individual, sino consecuencia de un plan estratégico diseñado y ejecutado con continuidad por sucesivos gobiernos de claro corte capitalista. Lo que se dice una política de Estado.

En ese entorno, y entre muchos otros (en primer lugar, el oscarizado Bong Joon-ho), surgió con potencia propia el nombre de Yeon Sang-ho, que saltó a la fama hace 10 años con el filme de zombies “Último tren a Busan” (con secuela posterior). Considerado un innovador en un subgénero del terror frecuentemente visitado, hoy se estrena en la Argentina su nuevo y esperado filme, “Zona Cero”, que tuvo su premiere mundial en el reciente Festival Internacional de Cannes. En el elenco figuran Gianna Jun, Koo Kyo-hwan, Ji Chang-wook, Shin Hyun-been, Kim Shin-rock y Go Soo.

La historia que se narra transcurre principalmente dentro de un edificio de una importante empresa de biotecnología, en una evidencia de la preferencia del director en los espacios cerrados. Allí, una conferencia se convierte en un caos cuando un resentido empleado recientemente despedido disemina un peligrosísimo virus que muta rápidamente y que transforma a los infectados en violentos seres caníbales mutantes (en una suerte de limbo existencial, ya que no terminan de fallecer pero dejan de controlar sus actos vitales), lo que obliga a las autoridades a sellar las instalaciones con los supervivientes atrapados en su interior, como pasa en el filme citado del convoy del tren.

El joven científico resentido porta en su sangre el único antídoto posible, por lo que matarlo no es una opción, lo cual inevitablemente remite a la saga de “Resident evil” al extremo de que los personajes más fuertes y decisivos en términos de buscar una salida son mujeres. Los infectados coordinan acciones entre ellos y operan como un solo bloque que evoluciona y aprende medida de que crece (al estilo de una “Colonia” de insectos, como es el nombre original de la película), mientras que entre quienes siguen siendo humanos parece imperar el individualismo y la tendencia a salvarse solo. La acción se desarrolla en un gran shopping (en la parte baja del edificio de la empresa biotecnológica), un homenaje bastante evidente a “El amanecer de los muertos”. Y así pueden sucederse muchas otras citas.

Esas referencias -y las otras que puedan surgir de cada espectador- dan marco y justificación a la debilidad mayor que puede presentar la trama (el guión fue coescrito entre Yeon Sang-ho y Choi Gyu-seok), aunque es difícil que se pueda sorprender a un público fiel en torno a las realizaciones de zombies, donde ya se vio casi de todo. Ser original y no una evocación de otra (u otras) producciones precedentes es el mayor desafío de quienes afrontan este estilo, por encima de las transformaciones, la violencia y la sangre que recorre cada escena.

Evolución

El resultado en pantalla, nuevamente, está a la altura de los cánones impuestos por Hollywood en su factura técnica, una muestra tangible del grado de evolución logrado en la industria cinematográfica asiática. Hace mucho tiempo ya que se dejó atrás la consigna de que estas películas eran destinadas a la Clase B donde reinó George Romero, sólo para un público de nicho o de trasnoche, para instalarse como una de las opciones más taquilleras y convocantes en una boletería que va a los tumbos y no logra afianzarse. Confiar en que los muertos vivos permitan una reacción para insuflar nueva existencia suena a una ironía en sí misma, pero lo cierto es que la apuesta está sobre la mesa.

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