“Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. Firmado: D. Trump

Carlos Duguech - Analista internacional

“Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. Firmado: D. Trump
Hace 5 Hs

Apenas escuché este domingo (ayer) ese “ruidito” clásico del diario LA GACETA deslizándose en la entrada de mi casa, alcé el voluminoso ejemplar. Y me di con una especie de “mensaje global”. En las 24 páginas del cuerpo principal la palabra “guerra” ausente, sin aviso. Entonces cediendo a mi curiosidad decidí consultar a la IA. He aquí la respuesta:

“En la edición de hoy del diario LA GACETA de Tucumán, la palabra “guerra” aparece registrada en forma muy limitada en las secciones Espectáculos y Deportes. El término figura exclusivamente en referencias metafóricas y anécdotas locales, sin presencia en las páginas de política, economía o información internacional”.

Claro, fue una virtual señal de esperanza, una especie de mínimo “feriado” de tanta guerra y en tantos escenarios de ese punto como “Pale Blue Dot”. Un “punto azul pálido”, descripción de nuestro planeta por el astrónomo Carl Sagan. Tan deseable feriado que la Humanidad aspira a que sea permanente. Claro, explicando que la palabra en mayúscula involucra a las más de 8.000 millones de personas que poblamos el planeta. Y que le damos universalidad a esa frase emblemática de Martin Luther King: “I have a dream”. Frase que motivó un soneto, “De las utopías” que reza en su primer cuarteto: “Ya tengo por costumbre la esperanza /de tanto perseguir las utopías /por espacios abiertos y en los días /de aquella realidad que no me alcanza”.

El señor Trump: las más de las veces el presidente de EE.UU. dice más de lo que hace. Mucho más. Pero, en rigor, hace más de lo que debería hacer como presidente de esa potencia que no cesa ni un minuto en insistir por instalarse en el sitial exclusivo de “primera potencia mundial”. Tal como si desde un pedestal único mirase a la sucesora de la URSS y a la nueva China, sólo como siguiendo a su USA, a la que todo el tiempo intenta hacerla cada vez “más grande”: “Make America Great Again (MAGA). En su fuero íntimo, suponemos, imagina a su país como “United States of the world”. Y, consecuentemente él, “presidente del mundo”.

Perfil

El perfil que Trump se dibujó para sí mismo -y para el “consumo de los demás”- es el que nos viene mostrando en cada escenario. Sea por Groenlandia, por Canadá, por Venezuela y Cuba, por su relación “paternal” con la OTAN o por Israel, país al que lo tiene como una “cabeza de playa” (occidental) en el Medio Oriente. Y, además, con las idas y vueltas con esa nueva y sofisticada arma de los aranceles. La que genera, a partir de Trump, espacios de sometimiento que no de diálogos y acuerdos. De sometimiento a un “arma” de dominio, castigo o amenaza que funciona con cualquier calibre sólo dependiendo del grado de agravio (o humillación, vale tener en cuenta). Y de la identidad del destinatario, no importa cuán importante sea el asunto de que se trate o la relevancia del país o conformación regional de involucrada. Desde una lejana plataforma de calificación diríase que Donald Trump es no menos que un niño caprichoso. Sí, válido, pero con una inconmensurable capacidad de ataque y destruccion donde quiera apunte sus miras.

“Protocolo de Roma”

Cuando se aprueba el Protocolo de Roma (julio, 1998) durante la “Conferencia Diplomática de plenipotenciarios de las Naciones Unidas sobre el establecimiento de una Corte Penal Institucional”(CPI) se da un paso gigantesco en el orden internacional. Y esperado desde largo tiempo. Nada menos que algo más de medio siglo después (53 años) de creada la ONU se afronta un asunto de relevancia trascendental como es eso de echar las bases de un “tribunal internacional” para juzgar crímenes internacionales que hasta entonces no habían sido abordados ordenada y sistemáticamente en un cuerpo legal universal. La tipificación de esos crímenes consolida una vocación internacional para establecer modos de juzgamiento y penalidades correspondientes. Se tipificaron esos crímenes como genocidio, crímenes de lesa humanidad, de agresión y crímenes de guerra. La característica de estos delitos es que no estarán sometidos a prescripción por causa alguna. Y otra de las peculiaridades del Estatuto (o Protocolo) de Roma es que la CPI sólo interviene en el caso de que el sistema judicial del país miembro no lo haga, por cualquier razón que fuere. Es menester advertir que, siendo un tribunal de última instancia, no reemplaza a los tribunales nacionales sino que los complementa. El marco en el que se desenvuelve su accionar está configurado en el texto de un tratado internacional, tan pensado y esperado por mucho tiempo en el ámbito de las Naciones Unidas: el “Estatuto (o Protocolo) de Roma”, PR o ER, alcanzó 125 países que lo firmaron y ratificaron. Argentina lo hizo por la Ley 25.390 del 13.07.98.

El preámbulo del Protocolo incluye en un segundo párrafo una descripción de doloroso impacto: “Teniendo presente que en este siglo millones de niños, mujeres y hombres han sido víctimas de atrocidades que desafían la imaginación conmueven profundamente la conciencia de la humanidad”. Un párrafo que inmediatamente nos remite a los más de 20.000- sí veinte mil- niños muertos en Gaza por los bombardeos de las FDI.

No ratificaron el Protocolo

Pese a que fueron 139 los países que suscribieron el Protocolo de Roma, 29 de ellos aún no lo ratificaron.

Entre los que no ratificaron se encuentran Estados Unidos, Egipto, Irán, Israel, Rusia, Siria, Kuwait. El caso de EE.UU. es casi emblemático en cuanto expone razones para no ser parte del PR ni de la Corte Penal Internacional. No sólo ello sino que, activamente, se opone a su vigencia y cuestiona su jurisdicción. Sorprenden los términos de los cuestionamientos por los EE.UU. Se refiere a las investigaciones a sus ciudadanos y además a sus aliados estratégicos, así los llama (Israel, por ejemplo) lo que vulneran -afirma- su soberanía en tanto no son parte del Estatuto de Roma. EE.UU. -de la gestión Trump- ha resuelto sanciones económicas y financieras tales como congelar activos en EE.UU. y con bloqueo de acceso al sistema financiero estadounidense de jueces y fiscales y funcionarios de la CPI. Sumado a ello se decretó la prohibición de acceso a territorio estadounidense al personal de la CPI involucrado en investigaciones a ciudadanos de EE.UU. o de aliados que tampoco son parte del PR. El país del Norte no se quedó en eso de no firmar el Protocolo de Roma solamente, sino que inició una densa campaña… para que no firmen ni ratifiquen el tratado que crea la CPI. Promovió acuerdos de inmunidad bilateral con los países latinoamericanos prohibiendo que se entreguen ciudadanos norteamericanos civiles o militares requeridos por la CPI y sanciones económicas y militares a los países latinoamericanos que no satisfagan las pretensiones de Washington. Para mejor comprender en qué basa EE.UU. su posición ante la CPI, Peter Hegseth, Secretario de Defensa de EE.UU., pidió en Panamá en agosto último que los países de la coalición antidrogas que guía Washington abandonan la Corte Penal Internacional. Es -dijo- “una amenaza a la soberanía nacional”. Deliberada e injusta calificación que más habla de lo que carece el gobierno de EE.UU. que del derecho a juzgar a una CPI nacida de un tratado que 125 países ratificaron expresamente.

No olvidamos que un 6 de enero (2021) a instancias de Trump en el final de su primer mandato y perdiendo las elecciones ante Biden, un vasto grupo de sus seguidores asaltó el Capitolio donde se estaban certificando los resultados electorales que Trump calificó de fraude, sin fundamentos. La marcha de los exaltados pro-Trump generó cinco muertos y destrozas en el edificio. Trump, finalmente, quedó desvinculado. La idea del régimen de Trump sobre la justicia es despreciable.

Comentarios