FRANJA DE GAZA, Territorios Palestinos.- Como una de las pocas alegrías en una infancia destrozada por la guerra en Gaza, la fabricación y el vuelo de cometas llenaban los días de Ahmed Hamduna, de 10 años. Las amenazas de Israel echaron por tierra su pasatiempo.
El Estado israelí ha advertido que intensificará sus operaciones militares en el territorio palestino si los papalotes siguen aterrizando en su territorio, tras una ola de incendios en tierras agrícolas del sur provocados hace años por esos juguetes y globos lanzados desde Gaza.
Israel acusa al movimiento islamista Hamas de utilizar a los niños en sus acciones. “Mi papá me prohibió volar mis cometas por las amenazas de la ocupación”, explica Ahmed, desplazado en Deir el Balah, centro de la Franja de Gaza. “Han destruido nuestras casas y nuestro barrio ¿qué más quieren?”, se pregunta indignado, harto de haber “pasado tanto tiempo juntando palos y nylon” para hacer juguetes que ya no puede usar.
La tensión se intensificó en los últimos días después de que se encontraran cometas lanzadas desde Gaza en localidades del sur de Israel, donde persiste el recuerdo de los sangrientos ataques perpetrados por Hamas el 7 de octubre de 2023 que desencadenaron la guerra.
No se encontró ningún rastro de explosivos, pero al menos uno de los artefactos llevaba un mensaje político, según los medios israelíes. El grupo palestino ha negado toda responsabilidad. “Toda actividad miliciana en Gaza debe cesar, incluido el vuelo de cometas”, advirtió un funcionario de la Junta de Paz creada por el presidente estadounidense, Donald Trump, para diseñar una salida conflicto. “Israel también debe respetar el alto el fuego”, agregó.
Hazem Qassem, portavoz de Hamas, relató que responsables de los campamentos de desplazados de Gaza tratan de impedir que los niños lancen cometas, por temor a que el ejército israelí los tome como blanco.
“No quiero hacerle daño a nadie. Solo quiero jugar como los niños de cualquier otro lugar”, confiesa Hamdouna. “Aquí no hay juguetes, ni parques de diversiones, ni siquiera una pelota de fútbol para jugar. La cometa es lo único que podemos hacer con nuestras manos”, cuenta Yamen al Mubayyed, también desplazado de Deir el Balah, en este territorio devastado por dos años de guerra y un sistema educativo en ruinas.
“Nos hace sentir libres”, agrega el niño de 11 años, quien, junto con sus amigos, fabrica sus cometas con pedazos de madera que encuentran en las casas destruidas, papel, cuerdas y un pegamento improvisado a base de agua y harina.
A pesar de un alto el fuego en vigor desde octubre de 2025, Israel lleva a cabo con frecuencia ataques aéreos y disparos mortíferos en la Franja de Gaza.
En Gaza, las cometas añaden una fuente de preocupación para los padres. Akram Abu Shurj le prohibió a sus hijos fabricarlas, aunque teme haber “apagado la alegría en sus ojos”.
“Son niños, no entienden los cálculos militares. Para ellos solo es un juego y una forma de desahogarse”, afirma este padre de 30 años. Um Moaz Huwayla no se sintió capaz de prohibírselos, a pesar de sus temores. “La ocupación quiere aniquilar la alegría que habita en sus corazones -lamenta la madre de 34 años-. No piden mucho, solo vivir su infancia, aunque sea con un trozo de cordel y una hoja de papel”, añade.
En nombre de su fe
Al norte de la Franja, en la Cirjordania ocupada, un grupo de activistas judíos se apoya en su fe para proteger a los palestinos de los ataques de colonos.
Ziva Sharp lo dice alto y claro: es su fe judía lo que la motivó a ir a Cisjordania ocupada para defender a los palestinos amenazados por la actividad de colonos radicales. Ella y su grupo fueron agredidos por estos colonos, que dicen también actuar en nombre de su fe.
La mujer y otros 30 activistas conforman un grupo de israelíes que, de forma regular, acuden a Cisjordania para tratar de proteger a los palestinos víctimas de los cada vez más numerosos y violentos ataques de colonos. Tienen distintas edades y orígenes sociales, y en su mayoría no tienen un perfil religioso.
El martes, al menos cinco resultaron heridos cuando fueron a ayudar a unos palestinos hostigados por colonos israelíes en el pueblo de Jannatah, cerca de Belén, al sur de Jerusalén. Los colonos los echaron de la zona, con piedras y con gas pimienta.
El activismo, para Ziva Sharp, “pone en práctica su compromiso con el judaísmo, que es humanista y no violento”. Y de paso, “reducir, en la medida de nuestras posibilidades, los daños que el pueblo judío inflige a los palestinos”.










