“La lectura de ‘La Odisea’ ofrece una riqueza que ninguna película puede agotar”

Un especialista en literatura griega clásica y docente en la UNT analiza en profundidad el poema adjudicado a Homero.

UN IMPRESIONANTE ÉXITO DE TAQUILLA. Gracias a la película de Christopher Nolan la historia de Odiseo llegó a las nuevas generaciones.
UN IMPRESIONANTE ÉXITO DE TAQUILLA. Gracias a la película de Christopher Nolan la historia de Odiseo llegó a las nuevas generaciones.

El despliegue visual y las libertades propias del cine hacen de “La Odisea” un fenómeno internacional. Claro que de la versión de Christopher Nolan al original adjudicado a Homero hay un mundo de distancia. Por allí se mueve el análisis cultural, en este caso a cargo de un especialista en lengua y literatura griega como el licenciado Rolando Rocha.

¿Por qué un texto nacido en una cultura oral continúa inspirando novelas, películas y nuevas interpretaciones? Rocha desentraña los recursos literarios que la convirtieron en un clásico imperecedero y explica por qué la lectura del poema original sigue ofreciendo una riqueza que ninguna adaptación cinematográfica puede agotar.

- ¿Qué sabemos realmente sobre Homero? ¿Cuánto hay de historia y cuánto de leyenda en torno al poeta?

- Del primer autor conocido de la literatura griega realmente sabemos muy poco. La denominada “cuestión homérica” (el debate sobre si Homero existió o no y si “La Ilíada” y “La Odisea” son una creación individual o colectiva) quedó perfilada en el siglo XVIII y sigue aún vigente. Lo histórico y lo legendario en torno a la figura de Homero se mezclan ya desde la antigüedad. No se sabe dónde ni cuándo nació: siete ciudades griegas se disputaban el honor de ser la cuna del poeta. La tendencia actual es aceptar que era originario del Asia Menor (probablemente de Quíos o Esmirna), atendiendo al predominio del dialecto jónico en sus poemas. Asimismo, la mayoría de los estudiosos lo ubica en el siglo VIII a.C.

- ¿Y en cuanto a su biografía?

- El dato más relevante es su ceguera. En la cultura griega el testimonio ocular era de gran importancia (el campo semántico de la “visión” es particularmente nutrido en la lengua griega), por ello la ceguera de Homero probablemente sea un rasgo legendario, simbólico: el poeta no ve las cosas exteriores que perciben los demás hombres, sino que su visión es interior y, por ende, contempla cosas trascendentes, las medita y puede transmitirlas con sabiduría. Pero a excepción de su mítica ceguera, conocemos muy poco del poeta que inaugura la literatura occidental.

- ¿En qué contexto histórico y cultural surgió la Odisea?

- Los hechos narrados en los poemas homéricos se sitúan en el siglo XIII a.C., es decir, en la época micénica, que termina en el siglo XI a.C. Entre este y el siglo VIII a.C., la llamada época oscura, se transmitieron oralmente relatos en verso sobre héroes que mezclaban lo histórico y lo mítico. El material épico de la época fue trabajado por una sucesión de aedos anónimos que culmina en Homero, quien da acabada forma a esas historias en sus poemas, pintando el mundo micénico con lo transmitido oralmente. A esto suma elementos de la edad oscura y otros propios de su tiempo, los inicios de la edad arcaica.

- ¿De qué manera eran transmitidos originalmente estos relatos?

- “La Ilíada” y “La Odisea” nacieron y fueron transmitidas oralmente; su fijación por escrito es posterior. Si bien se cree que puede haber habido versiones escritas a partir del s. VIII, cuando aparece el alfabeto, el dato cierto es que el tirano Pisístrato encargó una redacción de los poemas en la segunda mitad del s. VI a.C. Los poemas se recitaban de memoria, aunque seguramente había algo de improvisación y variaciones que se hacían sobre la base de un núcleo narrativo bien conocido. La memorización de tantos versos era posible, por un lado, por el tipo de verso empleado en la épica griega, el hexámetro dactílico, que permite el desarrollo de una idea completa; por otro, el uso de un lenguaje formular: repeticiones de locuciones o escenas (por ejemplo: “Odiseo, fecundo en ardides” o “Atenea, la de ojos de lechuza”).

- ¿Cuáles son, a tu juicio, las grandes preguntas sobre la condición humana que plantea la obra?

- En “La Odisea” la primera palabra es ándra (“hombre, varón”), lo que nos indica que la obra girará en torno a un hombre, no ya un héroe (en el sentido de semidiós), y las vicisitudes atravesadas en su viaje de regreso a su patria, después de haber combatido durante diez años en la guerra entre griegos y troyanos. Así, la obra plantea varias cuestiones profundamente humanas sobre cómo afrontar y sobreponerse a la adversidad, la búsqueda de la identidad, el valor de la lealtad, los lazos con la familia, la patria y los amigos, la importancia de la hospitalidad para con los extranjeros, la conciencia de la fragilidad y finitud humanas, entre otras. Odiseo, a diferencia de Aquiles, no elige una vida breve y gloriosa, sino volver a la patria (“nada es más dulce que la patria”, expresa en el canto IX) para morir viejo y en paz. Tiene la posibilidad de escoger la inmortalidad y la eterna juventud que le ofrece la ninfa Calipso, pero las rechaza y elige la fragilidad y la mortalidad, vale decir, elige ser un hombre.

- ¿Qué arquetipos encarna Ulises y por qué continúa siendo un modelo tan poderoso para escritores, artistas y lectores de distintas épocas?

- Ulises (el nombre que usaron los romanos para Odiseo) encarna al hombre astuto, que hace uso de su ingenio para idear estrategias en la batalla, urdir engaños, convencer con la palabra; representa también al viajero que no teme enfrentar el peligro en el afán de explorar nuevos territorios, pero que añora la patria y la familia, que desea volver a la tranquilidad del hogar y para lograr ese retorno (nóstos) está dispuesto a padecer grandes sufrimientos.

- Una especie de “hombre modelo...”

- Un erudito inglés, H.D.F. Kitto, señala que una característica eminente de la mente griega es el sentido de la totalidad de las cosas. La parcialización, atomización y especialización propias del pensamiento moderno son ajenas para el mundo griego antiguo. De un hombre se esperaba que cultivara la areté (“excelencia”) en todos los ámbitos. Así, Odiseo es un notable guerrero, pero también un hábil orador; es diestro con el arco y un astuto estratega; puede soportar grandes trabajos, tripular un barco o conmoverse hasta las lágrimas. Todas estas características lo hacen un personaje vigente e inspirador, ya que es un símbolo de la naturaleza humana, imperfecta, frágil, contradictoria.

- Desde la Antigüedad, “La Odisea” inspiró innumerables reinterpretaciones en la literatura, el cine y otras artes. ¿Qué aspectos de la obra explican esa extraordinaria capacidad de seguir generando nuevas lecturas?

- Podríamos señalar dos principalmente. En primer lugar, los temas y valores que aparecen en el poema: el reencuentro, la lealtad, la fortaleza del héroe, el crecimiento personal, la relación con los otros, la búsqueda de la gloria, la honra, entre otros. En segundo lugar, el personaje principal. A lo largo del poema Odiseo va construyéndose como un personaje muy humano a través de sus acciones, pero también a través de su discurso. En la isla de los feacios se encarga de narrar todas las aventuras vividas previamente; ahora bien, de todo lo que cuenta no hay testigos, solo tenemos su palabra. Y ahí nos preguntamos si eso verdaderamente sucedió o si sucedió de la manera como lo cuenta. Independientemente de la respuesta, lo interesante es notar que, en la construcción de su identidad, el hombre necesita un relato que lo defina.

- ¿Qué aspectos de “La Odisea” considerás que dialogan con los problemas y desafíos del mundo contemporáneo?

- Algunos de los principales son los movimientos migratorios que ocurren por diversas razones y en diferentes lugares y que implican un doloroso desarraigo, como el que vivió Odiseo. Estrechamente vinculado con esto está la cuestión de la alteridad: ¿quién es el “otro”? ¿Qué implica la hospitalidad? Y también la construcción de la identidad: el ser humano genera una representación de sí mismo y en relación con los demás, capitalizando la experiencia y tomando conciencia de los límites de la naturaleza humana.

- ¿Por qué crees que sigue siendo importante estudiar a Homero y a los clásicos grecolatinos en la escuela y en la universidad?

- Porque nos acerca a una cultura fundacional para Occidente, un mundo fascinante no solo por la cercanía y las semejanzas que podemos descubrir, sino también (y quizá mucho más) por la lejanía y las diferencias. Estos textos, que han vencido el paso del tiempo y que han movido a los hombres a lo largo de los siglos, a copiarlos innumerables veces (a mano en un primer momento, con las ventajas de la imprenta después) permiten entablar un diálogo con el pasado que se reactualiza cada vez. Y así nos encontramos con ideas que creíamos novedosas y que ya fueron enunciadas siglos atrás. En una entrevista, el escritor Arturo Pérez-Reverte señalaba que la lectura de los clásicos “educa la mirada”; esto es, nos brindan la posibilidad de acceder a un cúmulo de experiencias humanas y nos ofrecen herramientas para analizar y comprender mejor nuestra realidad.

- Si alguien que acaba de ver la película sintiera curiosidad por acercarse al texto original, ¿qué descubriría en la obra de Homero que difícilmente pueda transmitir una adaptación cinematográfica?

- En primer lugar, lo que habitualmente ocurre con la adaptación cinematográfica de cualquier libro: la lectura del texto literario permite crear la propia “película” en la imaginación. La lectura permite comprobar la potencia que tienen las palabras para crear todo un mundo. En el caso concreto de “La Odisea”, creo que puede maravillar al lector la sorprendente actualidad de un texto de casi 3.000 años, compuesto por miles de versos que se memorizaban para ser recitados o cantados, nacido en el seno de una cultura oral en la que aún no hay una conciencia histórica, sino que lo pasado digno de recuerdo es el mito.

Comentarios