Resumen para apurados
- A 20 años del crimen de Betty Argañaraz en Tucumán, se recuerda la histórica condena a dos exnovicias por un homicidio resuelto sin hallar el cuerpo de la víctima.
- La investigación marcó un hito en la justicia local al emplear por primera vez pruebas clave como el uso de Luminol y el análisis de llamadas telefónicas.
- El fallo sentó un precedente jurisprudencial en Tucumán sobre condenas sin cuerpo y dejó huellas en la criminología regional al influir en investigaciones posteriores.
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El caso del crimen de Ángela Beatriz Argañaraz dejó al descubierto varias aristas que, a 20 años del hecho, conviene repasar. No sólo porque permite comprender cuán importante es el uso de la tecnología en una investigación, sino también por la jurisprudencia que generó y por una supuesta imitación en otro caso.
Susana Acosta y Nélida Fernández fueron condenadas gracias a una prueba clave: en su departamento hallaron sangre de “Betty”. Ese descubrimiento fue posible mediante el uso de Luminol, una técnica que se utilizó por primera vez en la provincia y que hoy forma parte del ABC de cualquier pesquisa.
“Era algo muy novedoso y cuyo costo era muy elevado. Hasta nos preguntaban si era necesario hacer tantas pruebas porque se salían del presupuesto”, recordó el ex secretario Ernesto Baaclini. “Por suerte, la Nación no escatimó recursos para realizar esta pericia”, agregó Liliana Argañaraz.
En esta causa también resultó fundamental el seguimiento de las llamadas y mensajes que había enviado la víctima desde su celular. La fiscala Adriana Giannoni tuvo que apurar a un ejecutivo de una compañía para que le remitiera el informe en cuestión de horas, ya que en aquella época esos requerimientos podían demorar hasta 90 días. En el crimen de Paulina Lebbos, por ejemplo, el fiscal Diego López Ávila logró realizar un estudio similar varios años después. En ese caso, además, influyeron las negligencias del ex fiscal Carlos Albaca, condenado por su actuación en la investigación.
En la actualidad, los tiempos se acortaron considerablemente. Los investigadores acceden a esos informes con demoras que no superan una semana. En otras provincias, como Salta, la Justicia firmó convenios con las compañías telefónicas y los resultados pueden obtenerse prácticamente en tiempo real.
Jurisprudencia
“El caso de mi hermana generó jurisprudencia en Tucumán”, reconoció Liliana Argañaraz.
Fernández y Acosta fueron las primeras personas condenadas por homicidio en la provincia pese a que el cuerpo de la víctima nunca apareció.
El antecedente más reciente es el de Milagros Avellaneda y su hijo Benicio. Su ex pareja, Roberto Rejas, fue condenado, según el fallo, por haber asesinado a ambos y ocultado sus cuerpos, que nunca fueron encontrados. El hecho ocurrió en octubre de 2016.
En medio de la investigación del crimen, Giannoni y Baaclini, con tono docente, recomendaban a los periodistas no revelar demasiados detalles del caso porque temían que alguien intentara imitarlo. El tiempo terminó dándoles la razón.
Aún no se habían cumplido seis meses de la desaparición de Argañaraz cuando los tucumanos se conmocionaron con un aberrante episodio. El 9 de febrero de 2007, dos policías ingresaron a una farmacia ubicada en la esquina de avenida Avellaneda y Haití, donde encontraron a su propietaria, María del Valle Dip, descuartizando el cuerpo de la contadora Liliana del Valle Cruz, a quien había asesinado tres días antes.
Los investigadores sostuvieron entonces -y siguen sosteniendo- que la autora del hecho, condenada a 12 años de prisión en diciembre de 2011 y ya fallecida, intentó imitar el crimen de la docente. Existieron varios puntos en común. Citó a la víctima mediante engaños al lugar donde la asesinó y montó una escena para hacer creer que había desaparecido. Sin embargo, no pudo completar el plan que, según la Justicia, sí concretaron Fernández y Acosta: deshacerse del cuerpo. Fue descubierta antes de que pudiera hacerlo.














