De los pozos a la privatización de Milei: por qué el plan para las castigadas rutas del NOA es solo tapar baches
De los miles de kilómetros que el Gobierno nacional busca concesionar, las nuevas autopistas proyectadas se concentrarán en el centro del país. Mientras tanto, el colapso de tramos clave como la ruta 9/34 en Salta y el futuro de la 157 en Tucumán abren interrogantes sobre el futuro
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Hay ámbitos en los que el progreso parece ir hacia atrás. En la Argentina de hoy, a uno de ellos lo constituyen los caminos. Del pavimento se pasa a la tierra y de la tierra a algo peor: una sucesión de pozos, de barro y de surcos profundos que convierten la experiencia de manejo en algo parecido a una tragedia. Paradójicamente, la novedad en este rubro es que, por el momento, no habrá grandes novedades: la máxima aspiración que nos queda a los ciudadanos es que alguien se ocupe de tapar los baches. Al menos en el mediano plazo. Veamos por qué.
En este espacio hemos hablado mucho sobre las maltratadas rutas provinciales. Es cierto que en los últimos años se han visto cambios positivos en algunas de ellas, como la repavimentación del tramo de la 307 que va desde El Infiernillo a la intersección con la 40. Pero hoy nos vamos a ocupar de los caminos nacionales. Sucede que en los últimos días se conocieron más detalles de los planes que desarrolla el Gobierno central para algunos de ellos. Y es posible que eso genere algún impacto en la región, incluido Tucumán.
Desde la llegada de Javier Milei al poder, el deterioro de las rutas ha sido notable. Los recortes presupuestarios terminaron con el mantenimiento y la debacle se volvió irrevocable. Pero es un error culpar únicamente a Milei por esta situación. Se trata de un tema casi ecuménico, por decirlo de algún modo. Cristina Kirchner ya le había dejado a Mauricio Macri caminos en muy mal estado que el presidente de Juntos por el Cambio se limitó a reparar superficialmente, al menos en la región del NOA. En Tucumán, por ejemplo, se concluyó la obra de ampliación de la autopista de Circunvalación, que llevaba años sin progresos, pero no hubo mucho más. Lo poco que se avanzó durante el gobierno macrista volvió a degradarse -como ocurrió con casi todos los ámbitos de la vida pública- durante la gestión de Alberto Fernández (con la vicepresidencia de Cristina, claro). El ajuste de Milei hizo el resto.
A 130 kilómetros de donde se escriben estas líneas aparece el ejemplo más patente: el tramo de la ruta 9/34 que une Rosario de la Frontera con Metán, en Salta, se ha vuelto un calvario para quienes lo transitan. La prueba está en que si bien se trata de un trayecto de apenas 30 kilómetros (menos incluso que la distancia que separa Tucumán de Famaillá), su recorrido puede demandar hasta una hora, dependiendo de la intensidad del tránsito. Si ese es el destino que le espera al resto de los caminos, el panorama se vuelve desolador.
Peor es nada
Hace algunos días se conocieron nuevos detalles sobre los planes de privatización de las rutas nacionales que ejecuta el Gobierno central. El objetivo es transferirlas a manos privadas para que dejen de representar un costo para el Estado. El periodista Diego Cabot, que sigue estos temas desde hace tiempo, publicó en el diario La Nación un informe revelador: de los 9.000 kilómetros que están en proceso de licitación, 3.000 ya corresponden a autopistas consolidadas. Los 6.000 restantes -es decir, la mayor parte- son rutas de apenas dos carriles. De todos ellos, sólo 300 kilómetros se convertirán en nuevas autovías, según los proyectos. Eso y nada es casi lo mismo.
Frente a este panorama, todo indica que la máxima expectativa que podemos tener los ciudadanos, como dice Cabot, es que las empresas privadas que resulten adjudicatarias de las concesiones de las rutas (por 25 años, según los pliegos) tapen los baches. Dada la situación calamitosa de muchos caminos, no parece poco. Pero visto en perspectiva, la percepción cambia.
Esos 300 kilómetros de nuevas autopistas proyectadas no tocarán Tucumán. Para variar, la mayoría aparece en la zona central del país y en Buenos Aires. De todos modos, la concesión de la ruta 157 sí puede impactar en la provincia. Al menos, en el mantenimiento periódico del camino. Lo mismo se espera que ocurra en Jujuy y en Salta con las privatizaciones de la 9, de la 34 y de la 16. Veremos qué sucede. Por el momento, el gobernador salteño, Gustavo Sáenz, dijo que su Provincia reparará los 30 kilómetros de los que hablamos más arriba (aunque la responsabilidad de ese tramo corresponda a la Nación). El fin de semana pasado aparecieron algunos pozos tapados a la altura de Yatasto. Por algo se empieza.
A la espera del tratamiento
Las rutas constituyen mucho más que pavimento y banquinas. Son las venas a través de las cuales transita la riqueza de un país. Como en el caso de un ser humano, si la salud de las arterias se deteriora, todo el resto se degrada: la producción agropecuaria, el comercio, la industria, la logística, la tecnología y -mucho más grave- los vínculos entre las personas ¿Estamos ante una situación irreversible? Todo indica que no, pero si demora en llegar el tratamiento, más difícil y costosa será la recuperación. Peor aún en un país como Argentina, que, sin ferrocarriles, sólo cuenta con las carreteras como vasos comunicantes.
Hay un libro fantástico (al cual ya nos hemos referido en este mismo espacio). Se llama “La tierra natal” y fue escrito por Juana Manuela Gorriti, la primera gran escritora argentina y una figura a la que deberíamos volver con mucha más frecuencia. En el texto ella relata el viaje que hizo a Salta desde Buenos Aires a fines del siglo XIX, en el ocaso de su vida. Había abandonado su hogar a los 16 años, cuando su padre José Ignacio (héroe de la Independencia, comandante de las tropas de Güemes y congresal en 1816) tuvo que exiliarse en Bolivia perseguido por los federales. Regresó una sola vez: en 1884, viaje que documentó en el libro. Las peripecias fueron numerosas: llegó a Rosario de la Frontera en tren y desde allí debió continuar en carruaje, con demoras y molestias que hoy lucen inverosímiles. Pero, salvando las enormes distancias que existen entre aquellos tiempos y el presente, quien haya transitado la ruta 9/34 en los últimos tiempos quizás encuentre alguna conexión con la incómoda experiencia de la nunca suficientemente recordada Juana y su viaje final por esos mismos paisajes.







