Cristian Romero, el defensor que Scaloni convirtió en “9” para iniciar la remontada de Argentina
El DT cambió el libreto cuando la Selección estaba 0-2 contra Egipto. “Cuti” dejó la zaga, marcó de cabeza el descuento y volvió a demostrar por qué es uno de los futbolistas con más personalidad del plantel.
Resumen para apurados
- En Atlanta, Scaloni ubicó al defensor Cristian Romero de delantero para iniciar la remontada de Argentina ante Egipto por el Mundial, tras ir perdiendo 0-2 en octavos.
- Ante el 0-2 adverso, Scaloni sumó al defensor al ataque. A los 78 minutos, Romero cabeceó un centro de Messi para el descuento, lo que facilitó la posterior victoria nacional.
- Esta variante táctica consolida el liderazgo y la versatilidad de Romero, mientras que la remontada fortalece anímicamente a la Selección para disputar los cuartos de final.
Cristian Romero parece jugar en donde el equipo lo necesita. Es un central por naturaleza y tiene personalidad de líder, pero por un puñado de minutos se transformó en delantero cuando el Mundial empezaba a escapársele de las manos a la selección argentina. De esa manera vivió "Cuti" una tarde que quedará grabada entre las remontadas más emotivas del ciclo de Lionel Scaloni.
Argentina perdía 2 a 0 y el reloj avanzaba sin piedad. Egipto empezaba a acariciar los cuartos de final y la Selección atacaba, pero no encontraba profundidad. Entonces, después de la pausa de hidratación, Scaloni tomó una decisión que explicó mucho más que un simple cambio táctico. Mandó a “Cuti” al área rival.
Fue mucho más que un movimiento desesperado por la situación; el entrenador quiso bajar un mensaje.
Mientras el resto seguía intentando jugar, el entrenador eligió al futbolista que mejor representa el carácter de este equipo para encabezar la rebelión. Porque si había alguien capaz de disputar cada pelota como si fuera la última, de ganar un duelo aéreo entre gigantes y de contagiar al resto desde la actitud, ese era Romero.
"Cuti" dejó la cueva, se plantó entre los centrales egipcios y empezó a jugar como un centrodelantero más. Empujó, chocó, ganó de arriba, incomodó a los defensores y transformó cada centro en una amenaza.
No era la primera vez que aparecía cuando Argentina más lo necesitaba. Contra Cabo Verde ya había sido decisivo para sostener la clasificación, pero en Atlanta volvió a asumir un rol inesperado. Y fue justo él quien terminó indicando el camino del milagro.
A los 78 minutos, Lionel Messi recibió recostado sobre la derecha y levantó la cabeza. Romero hizo primero un movimiento corto para arrastrar a uno de los defensores, y apenas encontró medio metro de ventaja, atacó el espacio con la determinación de un goleador de toda la vida y se lanzó de cabeza sobre el centro del capitán. El impacto fue furioso. La pelota, luego de vencerle manos a Mostafa Shobeir terminó en la red. El descuento fue mucho más que el 1-2; fue el gol que volvió a meter a Argentina en el partido en el momento preciso. Porque a partir de ahí cambió todo.
Los hinchas volvieron a volvió a creer. La gente empujó como nunca antes en el Mundial y la Selección encontró una energía que hasta ese momento parecía haber perdido. Un puñado de minutos después llegó el empate de Messi, y más tarde fue el cabezazo de Enzo Fernández lo que completó una remontada que ya forma parte de la historia reciente de este plantel.
Pero más allá de todo, la historia del "Cuti" no empezó con ese gol. Hace tiempo que se convirtió en uno de los futbolistas más confiables de esta Selección. Anticipa lejos del área, juega siempre al límite, gana la mayoría de los duelos individuales, transmite una agresividad contagiosa y cuando el equipo queda expuesto aparece con esas barridas salvadoras que muchas veces valen tanto como un gol.
Su personalidad no cambia según la posición que ocupe. Defiende como si cada pelota fuera la última y en esta oportunidad atacó exactamente de la misma manera.
Por eso da la sensación de que Scaloni no eligió al azar. Cuando necesitó un delantero, eligió al defensor que nunca especula. Ese futbolista que jamás se guarda una carrera, un cruce o un salto; ese que entiende que, en un Mundial, hay momentos en los que el orden deja de importar y solamente queda competir.
"Este equipo tiene muchos huevos. Nunca nos damos por vencidos y eso se vio reflejado en este partido", resumió el central minutos después de la clasificación, todavía con la adrenalina recorriéndole el cuerpo.
Luego dejó una frase que explica perfectamente su manera de entender el fútbol. "Si hay que morir, hay que hacerlo dejando todo dentro de la cancha. Por eso el esfuerzo que hicimos", sintetizó.
No hace falta buscar demasiado para entender por qué “Cuti” se convirtió en uno de los líderes silenciosos de esta Selección. Romero no necesita dar discursos, en cambio habla cada vez que sale a jugar.
Contra Egipto defendió como defensor y empujó como volante, y cuando Argentina necesitó un “9”, atacó como si hubiera vivido toda la vida dentro del área.
Hay futbolistas que cambian de posición a lo largo de su carrera, que intentan aggiornarse constantemente. Romero, simplemente, nunca cambia su manera de competir.

















