¿Cómo cambió la rutina escolar en Tucumán tras las amenazas de tiroteos?

Entre la tranquilidad que da la seguridad y la incomodidad de los controles, los estudiantes describen una normalidad alterada.

DUALIDAD. Mientras los alumnos reconocen sentirse más protegidos, también admiten que en algunos casos la presencia policial genera incomodidad DUALIDAD. Mientras los alumnos reconocen sentirse más protegidos, también admiten que en algunos casos la presencia policial genera incomodidad La Gaceta / Fotos de Analía Jaramillo
Hace 5 Hs

“En mi división somos 36 alumnos, y sólo asistieron 16”. El dato que aporta Rocío no es una estadística oficial ni un relevamiento institucional; es más bien una foto cruda de lo que pasó en su curso al día siguiente de una amenaza de tiroteo en el Colegio Nacional. 20 estudiantes faltaron. El miedo, aunque no siempre se diga en voz alta, empezó a filtrarse en las aulas.

Desde entonces, la rutina escolar en Tucumán dejó de ser la de siempre. Lo que antes era automático -entrar al colegio, saludar, acomodarse en el banco- hoy está atravesado por controles, policías en las puertas y nuevas reglas. Y en algunos casos, incluso, por ausencias.

Rocío lo resume con una mezcla de alivio y cautela. “Han tomado medidas. Al día siguiente hubo clases y estaba lleno de policías. Más de los que hay normalmente, y eso estuvo bueno”, cuenta. Pero ella misma admite que ese día prefirió no ir “por seguridad”.

La escena se repite con matices en distintos establecimientos. En la escuela de Comercio República de Panamá, en la Técnica N°1 de Concepción y el Colegio Suizo de la Capital, por ejemplo, se decidió prohibir el ingreso con mochilas. Allí los alumnos llegan con carpetas y lapiceras en la mano. En el Colegio Nacional, en tanto, no se permite el ingreso a quienes llegan tarde y la presencia policial no se limita a la puerta sino que también hay efectivos dentro del edificio. En el resto de las instituciones, las guardias se apostaron en los accesos, con la consigna de poder intervenir rápido ante cualquier situación.

NO ES UN JUEGO. Los jóvenes reconocen la seriedad de los hechos. NO ES UN JUEGO. Los jóvenes reconocen la seriedad de los hechos.

Las medidas generan sensaciones encontradas. Joan, otro alumno del último año del secundario, lo dice sin rodeos: “Me parece perfecto, pero al mismo tiempo no. Entiendo que hay gente que se va a sentir incómoda, como si fuera una dictadura”. Aun así, se inclina a favor de los controles: “Si me quieren revisar la mochila, que me la revisen. Yo no tengo nada”.

Rocío coincide, pero introduce un matiz: “Así como uno dice ‘me siento seguro’, también hay personas que se sienten incómodas porque revisan sus cosas personales”. Y pone un ejemplo concreto: “Una chica de primer año, que tenga que abrir sus cosas personales delante de policías… yo creo que se sentiría incómoda”.

La tensión entre seguridad y privacidad aparece como una constante. Sobre todo en un contexto en el que -como señalan los propios alumnos- las amenazas no pasan de ser mensajes, pero generan consecuencias reales.

Problemática extendida

Con su cabello claro y su campera de egresada, Agustina lo interpreta así: “Siento que empezó como una broma que se extendió. No está nada bien”. En su escuela, sin embargo, percibe cambios más acotados: “No vi muchas medidas. No nos revisaron nada, pero sí notamos más presencia policial”.

Ismael de 17 años coincide en parte. En su colegio las reglas cambiaron y para él, más allá de si algunas amenazas son bromas de mal gusta o no el tema es serio: “Algunos chicos se pueden exaltar. No está bien”.

El adolescente también introduce un elemento que atraviesa varios testimonios como lo es el impacto desigual según la edad. “No me imagino estar en primer año y que digan que va a haber un tiroteo mañana”, plantea.

“Todo empezó medio de golpe. Hace una semana estábamos preocupados por tareas y cosas normales, y ahora ya se habla de amenazas de tiroteos”, relata Camila, alumna de la escuela Normal. En su institución, lo primero que cambió fue la escena de ingreso: “Ahora hay policías en la puerta todos los días. Al principio me dio tranquilidad, pero también es raro”.

Las clases siguen, pero no del todo igual. “Los profesores tratan de seguir normalmente, aunque a veces terminamos hablando de lo que está pasando. Se siente como si todos estuviéramos medio en alerta”, describe.

DISTINTAS MEDIDAS. Hay escuelas donde sólo se ingresa con carpetas. DISTINTAS MEDIDAS. Hay escuelas donde sólo se ingresa con carpetas.

Ese estado también llega a las casas. “Mis papás están más pendientes. Antes ir al colegio era automático; ahora hay una conversación previa todos los días”, agrega.

Iara, por su lado, pone el foco también en quienes recién ingresan al secundario. “Quienes hacen estas advertencias lo toman como un juego, pero asustan a los más pequeños. Tienen 12 años, son chiquitos”, dice. Para ella, las medidas son necesarias.

Ante la consulta sobre protocolos, como los simulacros de evacuación por amenazas de bomba del año pasado, la respuesta es que hacen falta. “Sería bueno saber qué hacer en una situación así, porque uno espera que no ocurran pero también piensa que hace muy poco encontraron un arma cargada en la mochila de un estudiante”, plantean mientras recuerdan lo sucedido a inicios de mes en el colegio El Salvador.

Mientras tanto, la vida escolar sigue, pero bajo otras condiciones, y con una sensación compartida que Camila resume en una frase: “Ir al colegio tendría que ser algo tranquilo, no algo que te haga pensar en estas cosas”.

Más de 80 denuncias: no se descarta un reto viral

El Ministerio Público Fiscal de Tucumán confirmó que ya se registraron más de 80 denuncias por amenazas de tiroteos en establecimientos educativos de la provincia, en el marco de un fenómeno que crece y genera preocupación en la comunidad.

Brenda Deroy, secretaria de la Unidad Fiscal de Delitos Complejos, explicó que la intervención de esa área se dispuso el viernes pasado por decisión institucional. “En su mayoría, las denuncias corresponden a instituciones distintas, aunque en algunos casos hubo duplicaciones”, detalló. A partir de allí, se iniciaron medidas para recolectar evidencia, que incluyeron presencia en escuelas y allanamientos en domicilios particulares.

La funcionaria destacó la colaboración de los directivos: “Han abierto las puertas de las instituciones para preservar filmaciones y relevar los lugares donde aparecieron los mensajes, como baños o pasillos”.

En ese contexto, la fiscalía trabaja sobre distintas hipótesis. “No descartamos ninguna línea de investigación, incluida la posibilidad de que se trate de un reto viral o que haya intervención de adultos”, dijo.

Una navaja en la mochila: activación de protocolos

Ayer no hubo un mensaje escrito en una pared, sino un hallazgo de un arma blanca dentro de una mochila en la Escuela de Comercio N°1.

El hecho ocurrió alrededor de las 7.15, en el momento del ingreso de los alumos a las aulas. Según explicó el director Juan Pedro Lastra, a un alumno “se le cayó una navaja desde la mochila”, lo que activó de inmediato el protocolo de seguridad.

De acuerdo con el testimonio del estudiante -que cursa el último año-, el objeto no había sido llevado con intención de uso dentro del establecimiento, sino que se habría olvidado tras una salida de pesca el fin de semana.

Ante la situación, la institución dio aviso al 911, realizó la denuncia correspondiente e intervino el Ministerio de Seguridad, en línea con los procedimientos establecidos para este tipo de casos. Además, se dio intervención al Equipo de Orientación Escolar, que tomó contacto con el alumno para evaluar el contexto del hecho. El padre del estudiante fue convocado y lo retiró del establecimiento, mientras que la causa quedó en manos de las autoridades judiciales y del Ministerio Público Fiscal.

Prevención necesaria: “en un año podríamos hablar de algo peor”

“Muchas veces estos temas generan un efecto pólvora en un momento y después pasan al olvido. Pero si no implementamos medidas preventivas, dentro de un año vamos a estar hablando de lo mismo o de algo peor”, advirtió la psicóloga Carmina Varela, sobre las amenazas de tiroteo en escuelas de Tucumán y otras provincias del país.

Para la especialista, el fenómeno no debe leerse como episodios aislados sino como parte de un problema más profundo que, sin intervención, tiende a repetirse. “No se trata sólo de qué hacer cuando ocurre una amenaza, sino de cómo trabajar estos temas con los chicos de manera estructural”, remarcó.

Varela puso el foco la convivencia entre la vida real y la virtual. Según explicó, los adolescentes crecen atravesados por contenidos digitales que muchas veces diluyen los límites entre lo ficticio y lo real. “Los chicos pierden noción de hasta dónde llega lo imaginario y qué consecuencias tiene en la vida real”, señaló. Y advirtió sobre el consumo de contenidos vinculados a crímenes, violencia o foros sin control, donde “no hay filtros y circula todo tipo de información”.

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