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“Aquí todos se la tienen que jugar. El que no lo quiera hacer, que lo diga y se vaya. Todos nos ponemos en juego”. En esa oficina todos se pusieron en “modo silencio”. Osvaldo Jaldo lanzó el lunes aquella frase en una cumbre del gabinete ampliado. Lo hizo más como político que como gobernador, con la convicción de que no hay 2027 sin gestión. La incursión por Buenos Aires fue reveladora. Desde el punto de vista institucional, el mandatario trajo noticias sobre un colchón financiero que le permitirá pasar el invierno sin caer en déficit o pedir prestado dinero al agente financiero de la provincia en caso de que surjan problemas de flujo de caja. Nada de eso pasará, al menos hasta que finalice la primavera;luego, Dios proveerá, afirman en la Casa de Gobierno. Los $ 370.000 millones de anticipo de coparticipación federal de impuestos, avalado por el ministro de Economía, Luis Caputo, contribuyen a consolidar la paz social sin estar mirando tan seguido la evolución de la recaudación de impuestos.
Desde el punto de vista político, las buenas nuevas no fueron tan buenas. Jaldo marcó territorio en su cumbre con las autoridades nacionales. Claramente, el gobernador ha expuesto ante el ministro del Interior, Diego Santilli, y ante Eduardo “Lule” Menem, uno de los asesores cercanos a la armadora de La Libertad Avanza, Karina Milei, que no cederá terreno en las próximas elecciones. Su carta de presentación ha sido la conducta dialoguista que, hasta este momento, ha mostrado ante la Casa Rosada. ¿Favor con favor se paga? El tiempo lo dirá. Pero lo que sí está claro que el mensaje ha sido que la puja electoral no será tan dura como en otras jurisdicciones donde sí hay un enfrentamiento directo con el presidente Javier Milei.
Pero hubo otra noticia que a Jaldo lo desencajó. Una con eventuales derivaciones judiciales que pueden significar piedras en el camino para el partido que lo llevó a la gobernación. De allí algunos cambios que el propio mandatario definió en ausencia del presidente del distrito Tucumán del PJ, Juan Manzur. ¿Puede un vicepresidente partidario tomar la determinación de modificar una estructura que venía aceitada desde la gestión anterior? La respuesta está en una reflexión que lanzó un viejo dirigente peronista: “el que mucho se ausenta deja de ser necesario a la hora de tomar decisiones”.
Ana Escobedo dejó de ser apoderada del peronismo. Pero su rol no se circunscribe tan solo a las cuestiones partidarias. Es una de las estrechas asesoras del vicegobernador Miguel Acevedo que, en las últimas horas, salió en defensa de la abogada. “Ana Escobedo es una colaboradora mía desde hace años, a la cual respeto muchísimo y entiendo que hizo una excelente labor en el Partido Justicialista”, dijo el presidente de la Legislatura cuando los periodistas le consultaron sobre el tema tras el agasajo que ese cuerpo le hizo a los trabajadores de prensa. La mañana ha sido tensa. Tanto en el edificio de 25 de Mayo y San Martín como en el de Muñecas al 900. La causa vino creciendo en los últimos dos meses, aunque todo se mantiene bajo estricta reserva. Algunos señalan que se trata de cuestiones administrativas del partido, que se pueden corregir mejorando la documentación. De allí el papel que las autoridades del PJ le asignaron a Pedro Sandilli, titular de la Unidad Ejecutora Provincial (UEP) que, a su vez, puso a disposición del justicialismo, un equipo de profesionales para cumplir con los trámites contables.
Pedro Cruz, el reemplazante de Escobedo, estuvo pasillando en la Legislatura. Es un colaborador directo del presidente subrogante de la Cámara, Sergio Mansilla. El horno no estaba para bollos. Ninguno de ellos pudo concertar una cita matutina con Acevedo para intercambiar impresiones. El vice y Mansilla formaron un tándem que, hasta el momento, venía trabajando mancomunadamente en todos los frentes. La incomodidad se instaló en la Legislatura. Y hasta nuevo aviso. Los parlamentarios oficialistas están inquietos. Intentan interpretar lo que pasó con Escobedo y visitan a varios funcionarios del Poder Ejecutivo para interiorizarse sobre los sucesos justicialistas.
Un armador de amplia trayectoria en el Partido Justicialista escribe el guión del final de una inesperada novela peronista: “todo esto se resolverá cuando Jaldo y Acevedo se sienten, a solas, a hablar de este y de otros temas que hacen al futuro de ambos y, naturalmente, de todo el aparato peronista”. Eso está escrito en el manual de conductas políticas: se toman decisiones que se activan y, después, el tiempo acomoda las cosas. En estas cuestiones, una decisión no sólo define el destino de un líder partidario, sino del equipo o el colectivo que lo sigue. “El líder obra en nombre de todos”, sostiene otro dirigente con varias elecciones disputadas.
El peso de las encuestas
La tropa está activa. La tercera convocatoria será en el predio de ATSA en El Cadillal. Según pudo establecerse, hay 36 legisladores confirmados para la cumbre peronista. Entre ellos dos aliados Rodolfo Ocaranza y Ernesto Gómez Rossi, un hombre cercano al ministro de Desarrollo Social Federico Masso. ¿Dos ausencias? Gabriel Yedlin y Hugo Ledesma. Una presencia llamativa:probablemente de Cristian Rodríguez, un legislador manzurista. Otra data más: al almuerzo fue invitada la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla. Como en las anteriores ocasiones, el plato principal será tamales.
El encuentro será revelador en un amplio sentido. Gestual, como los anteriores, pero con los ojos puestos en la fórmula gobernante. Puede ser la primera aparición pública después de los cambios en el PJ.
La radicalización del peronismo que comanda Jaldo es clara. Está basada en los hechos y sustentada en las encuesta que Hugo Haime le acerca al gobernador. En el último sondeo de mayo, el sociólogo le mostró dos escenarios que vislumbran las alternativas que existen dentro de las huestes gobernantes. Por un lado, ensayó una compulsa ofreciendo al actual binomio como la oferta electoral de Tucumán Primero para las elecciones generales del año que viene. ¿El resultado? Un 43,5% de acompañamiento de aquellos que contestaron la encuesta. Pero también hubo otra fórmula que se puso en consideración:Jaldo-Chahla. En este caso, el apoyo apenas supera el 40%. ¿Y La Libertad Avanza? En ambos casos, los libertarios locales parten con una base de adhesión del 28% de los sondeados, una diferencia que, a criterio de la Casa de Gobierno, “constituye la luz de ventaja del PJ sin tomar en cuenta el peso del aparato partidario”. Otros datos que llaman la atención fueron las posiciones de otros partidos. Por ejemplo, la UCR asoma con un 10% de apoyo. Y, más abajo, hay otra puja en el sondeo que invierte la ideología en Tucumán: la izquierda supera por varias décimas a Fuerza Republicana en la consideración del electorado que participó de la encuesta. Juegan en el terreno de los cinco puntos porcentuales.
Las mediciones encargadas por el oficialismo dejan otros datos para pensar en lo que se viene. En cuanto a la consideración de los dirigentes, Jaldo y Chahla lideran el ranking, pero el tercero es opositor y no viene realizando tarea alguna de posicionamiento político. Se trata del radical Roberto Sánchez. Más atrás se ubican el ministro del Interior, Darío Monteros, y el vicegobernador. Haime también entregó datos vinculados con el nivel de conocimiento y de apoyo a otros dirigentes. En este aspecto, los resultados posicionan al diputado nacional libertario Federico Pelli por encima del titular del distrito Tucumán de LLA y director de YPF, Lisandro Catalán. Manzur también asoma entre los principales referentes locales, pero el sondeo lo ubica junto con el diputado Pablo Yedlin en un 4% de intención de votos.
La política se acelera. El año par se convirtió en electoral casi sin querer. La economía también juega un papel preponderante en un contexto de incertidumbre y de crecientes expectativas de los agentes económicos. Jaldo debe seguir gobernando como cualquiera de los intendentes de la provincia. En el camino hará un análisis periódico de cada una de las piezas que integran su gabinete. El mandatario ha decidido no hacer grandes cambios. Varios dirigentes le achacan que el gabinete no tiene el protagonismo que una administración necesita para defender al conductor del Poder Ejecutivo y para accionar antes que reaccionar ante los embates de la oposición. En el plano legislativo, hay varios armadores partidarios que piensan en un recambio de la dirigencia de tal manera de recuperar el debate profundo de ideas en el recinto. El problema, como sucede en otras fuerzas, es que en el Partido Justicialista no hay cuadros políticos. Mucho tiene que ver la forma de hacer política en las últimas décadas, que ha sido un tapón para el lanzamiento de nuevas figuras. La aparición de los “outsider” tiene que ver con esto.
Para las próximas elecciones provinciales falta exactamente un año si es que el Gobierno decide sostener el calendario tal como se presentó en los últimos tiempos, aunque todo parece indicar que puede haber un adelantamiento de la fecha. Todo dependerá si avanza en el Congreso la reforma electoral mediante. A Jaldo le gustaría que las PASO se sostengan, porque eso le asegurará ser el gran elector. La unidad partidaria sería el broche de oro, pero ese es un proceso que requiere más tiempo.







