onmemoración del ingreso del Señor a Jerusalén (@Vatican Media)

En su homilía durante la Misa del Domingo de Ramos, León XIV lanzó un fuerte llamado a detener la violencia y las guerras, entre ellas, la de Medio Oriente. En esa línea, afirmó que Dios no puede ser usado para justificar el enfrentamiento e hizo hincapié en el sufrimiento de las víctimas del conflicto, la pobreza y la desesperanza.
Con palabras contundentes, el Papa recordó que Dios rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”, en una clara advertencia a los líderes mundiales -como el presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump; el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y el régimen iraní-, en contra de cualquier intento de usar la religión como instrumento para la guerra.
“Un Dios que rechaza la guerra, al que nadie puede utilizar para justificar el enfrentamiento, que no escucha la oración de quienes hacen la guerra y la rechaza diciendo: 'Por más que multipliquen las plegarias, yo no escucho: ¡las manos de ustedes están llenas de sangre!'”, dijo.
Según consignó el sitio Vaticannews.com, el pontífice subrayó que Jesús no enfrenta la persecución con fuerza ni venganza, sino con mansedumbre y misericordia, transformando el sufrimiento en un regalo de amor para todos.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue el contraste entre la figura de Cristo y el clima de violencia que lo rodeaba. Mientras “se prepara la guerra”, Jesús se mantiene firme como luz en medio de las tinieblas, según expresó.
“Él, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte”, expresó.
La violencia genera más violencia
León XIV recordó que el Mesías entra en Jerusalén montado en un asno, cumpliendo la profecía de Zacarías, como señal de humildad y como rechazo explícito del poder militar. Además, citó el momento en que Jesús detiene a su discípulo que intenta defenderlo con una espada, reafirmando que la violencia solo genera más violencia.
“Como Rey de la paz, mientras cargaba con nuestros sufrimientos y era traspasado por nuestras culpas, Él 'se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca'. No se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra”, indicó.
Cristo sigue clamando desde la cruz
En la parte final de la homilía, León XIV conectó el sufrimiento de Cristo con las heridas del mundo actual. Señaló que en las llagas de Jesús se reflejan las víctimas de hoy: los enfermos, los pobres, los abandonados y, especialmente, quienes padecen la guerra y la opresión. “Cristo sigue clamando desde la cruz”, afirmó, pidiendo misericordia y exhortando a la humanidad a deponer las armas y recordar la fraternidad.
“En su último grito dirigido al Padre escuchamos el llanto de quienes están abatidos, de quienes carecen de esperanza, de quienes están enfermos, de quienes están solos. ... Escuchamos el gemido de dolor de cada uno de los que están oprimidos por la violencia y de cada víctima de la guerra. Cristo, Rey de la paz, sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad! ¡Depongan las armas, recuerden que son hermanos!”, remarcó.







