Partió el hombre que fue capaz de hacernos reflexionar con dibujitos

Cinco tucumanos coinciden en resaltar su mirada aguda y reflexiva de la realidad, en especial de la injusticia, de la inequidad, de la violencia del poder. Pero con extrema sutileza, “casi como una propia toma de conciencia”.

01 Oct 2020 Por Claudia Nicolini
2

Se fue, aunque -coinciden los cinco entrevistados- nunca se irá del todo, porque su mirada brillante, aguda y reflexiva, pero sin alardes, se ha hecho carne en cuatro generaciones, tanto de argentinos como de extranjeros: por la redes -¿qué más nos quedaba en pandemia?- los homenajes al gran Joaquín “Quino” Lavado brotaron en todas las latitudes. Su mirada abarcó no sólo lo humano sino el Universo todo: basta recordar el cuadro de Dios Padre sentado sobre una nube, mientras tiene en sus manos las leyes de la física general y ríe a las carcajadas. Su mirada era severamente crítica, sin dejar de ser piadosa.

¿Qué fue Quino? ¿Un dibujante, un humorista? Su obra va mucho más allá; y no tendría la trascendencia que alcanzó si él sólo hubiera sido eso... Se dicen muchas cosas de él; una de ellas es que era un gran filósofo, muy profundo pero muy simple; y “de yapa”, con dibujitos.

“Algo de eso siento; en una viñeta te resume todo lo que necesitarías leer en un libro de (Michel) Foucault para que te caiga una ficha, y ni siquiera se te había pasado por la cabeza. Pero él dibujaba y la ficha estaba allí”, dice (en presente, porque, reconoce, todavía la ficha no le cae) Exequiel Svetliza, periodista, docente de Literatura Argentina en la UNT y “creador de memes”.

“Sentí por su obra una fascinación temprana, que empezó con Mafalda, pero no se quedó allí”, asegura. Y a Silvia Lomáscolo, bióloga e investigadora del Conicet, le pasa lo mismo. Cuenta que de chica (“siete u ocho años”) devoraba las historietas de la pequeña preguntona... “Pero las retomé en la adolescencia, y volvían a interpelarme y a hacerme pensar. Y cada vez que veo uno de los dibujos de Quino me pasa lo mismo”, dice.

Los grandes temas

“Plantea cosas como las relaciones de poder, o las cuestiones de clase... pero nunca desde una bajada de línea; casi como una propia toma de conciencia -resalta Svetliza-. Con sus chispas de genialidad era capaz de deconstruir todos los actores del poder, de la sociedad... ¡Si hasta se las ingenió para publicar en los medios sus críticas a los medios!”.

“Era capaz de mostrar lo más duro de la realidad, pero sin pegar, sino poniéndose en el lugar del otro, con una mirada empática, cálida... Ya sé, ¡como de niño! -piensa en voz alta, al teléfono,  Lomáscolo-. Como diciendo ‘¿es que no es obvio?’”.

“Los adultos naturalizamos la injusticia, acostumbrados a que ‘las cosas son así’. Pero Quino, como los chicos, te obligaba a preguntar ‘por qué”, agrega,

“Siempre me impactó su uso del humor visual como herramienta para materializar su mirada aguda y movilizante sobre todas las problemáticas sociales, sus críticas al poder, al capitalismo -resalta Julio Pantoja, fotoperiodista y docente-investigador de la UNT-. Era capaz de hilar muy fino con el lenguaje visual, y manejarlo con la misma destreza que en lo suyo tienen los grandes escritores y los grandes oradores”.

La voz de todos

Hemos perdido a un vocero insustituible, ese que nos hacía sonreír a pesar de la tristeza -lamenta por su parte el escritor Rogelio Ramos Signes-. Creo que Quino se animó a decir, humor mediante, lo que otros no pudieron: en una época infestada de gobiernos militares y de represión, logró hacer equilibrio en ese punto donde el humor deja de serlo para convertirse en desolada reflexión. Debemos agradecerle que, de alguna manera, también hablara por nosotros; además, que lo hiciese valientemente y con altura, dejando en claro las injusticias y ridiculizando todo tipo de poder”. “Sé que Mafalda y sus amiguitos me seguirán acompañando el resto de mi vida, pero es en sus agudezas de un solo cuadro donde me siento representado de verdad”, agrega Ramos Signes.

MIRADA PIADOSA. El arte de advertir sin palabras la soberbia humana.

“Quino, omnipresente en la infancia y en la vida de muchos, realizó su obra bajo el influjo de las últimas fulguraciones de la espiritualidad moderna; tal vez por ello hasta haya ilustrado las clases de Filosofía de Julia A. de Nicolini en mi época de estudiante”, reflexiona Guillermo Siles, profesor asociado de Literatura Argentina II en la Facultad de Filosofía de la UNT.

Un artista universal

“Fue un humanista, un pensador y un visionario compenetrado con el tiempo que le tocó vivir; un partisano del humor, la ternura y la ironía. Su mirada crítica sobre la conducta de los seres humanos estaba signada por el asombro infantil. Sus dibujos y sus viñetas producen perplejidad; su concisión evidencia, a veces, la tentación del silencio para potenciar su capacidad de sugerencia -añade Siles-. Estas estratagemas para hacer ver o poner en duda el sentido no dejan de interpelarnos, y lo vuelven perdurable”.

Temas

Quino
Comentarios