“Cada uno de sus dibujos es como un ensayo filosófico”

Quino visitó cuatro veces Tucumán, invitado por el librero y escritor Mario Kostzer, que lo recuerda como una persona con una extraordinaria capacidad de percepción y muy comprometido con la ética.

01 Oct 2020 Por Ricardo Reinoso

El escritor y editor Mario Kostzer, quien fue el nexo más fuerte que tuvo Quino con Tucumán, contó a LA GACETA que en una ocasión el humorista dijo que si tenía que elegir uno de sus dibujos que lo reflejara a él mismo, optaría por una viñeta en la que un hombre se acercaba a un precipicio, miraba al cielo y decía: “¡Señor! ¿Qué es la vida?”. Y pasaba un pájaro y defecaba sobre su cabeza.

“Y sí. Así era él. Tenía algo del sentimiento trágico de la vida”, resumió Kostzer.

- ¿Lo pudiste conocer y tratar mucho?

- Sí. Gracias a Daniel Divinsky, de Ediciones La Flor, que fue el editor de Quino, lo conocí, lo traté y lo pude traer cuatro veces a Tucumán, la primera en 1987. Llegué a charlar con él de muchas cosas, conocí a su esposa, que falleció hace unos años, y atesoro algunos dibujos como el que hizo con mi hija cuando tenía tres años. A veces, cuando viajaba, lo visitaba. Era un tipo extremadamente perceptivo. Me imagino que los últimos años, que los ha pasado ciego, deben haber sido fatales para él.

- ¿Qué cosas percibía, por ejemplo?

- Encontraba y se daba cuenta de cosas que uno no veía. Recuerdo que cuando hicimos un ciclo de humor fuimos a Monteros con él, Caloi, Carlos Garaycochea y Roberto Fontanarrosa, y todos dibujaron sus personajes con tiza en una cancha de básquet, para todos los chicos. A la salida de ese evento, Quino se puso un poco molesto porque veía el humo que tiraba el ingenio, contaminando el aire. Tenía un fuerte compromiso y una gran sensibilidad hacia esas cosas. Era una persona de principios muy fuertes. Sé que cada vez que él recibía una invitación, antes de aceptar hacía una investigación muy exhaustiva sobre quien lo había invitado.

- ¿Cuál era su particularidad dentro del humor gráfico?

- Tenía esa extraordinaria virtud de poder plasmar su humor a través de un dibujo. Hay mucha gente que lo intenta, con más o menos suerte, pero él lo ha logrado en plenitud. Sus dibujos son realmente obras de arte. Era único. Más allá de Mafalda, cada uno de esos dibujos que publicaba LA GACETA los domingos era como un ensayo filosófico. Cada una de esas viñetas daba para analizar y discutir mucho.

- Se dice que era un hombre muy tímido.

- Tenía la apariencia de una persona tímida, frágil, pero cuando se soltaba contaba muchas cosas. Era muy interesante escucharlo y aprender. Ese tipo de personas que a uno lo marcan. Lo vi hace un par de años, en el cumpleaños de su editor. Ya estaba en silla de ruedas y había perdido la vista. Algo muy triste para alguien con una capacidad de observación tan incisiva.

- ¿Qué cosas le gustaban?

- Le gustaba mucho la música clásica. A veces uno lo invitaba a algún evento y se excusaba porque tenía una fecha en el abono del Colón. También le gustaba el buen vino, ya que era mendocino. Tenía mucha cultura. Cuando preparábamos una visita suya a Tucumán, me tenía que sentar con él y su mujer y detallarles todo el itinerario y las actividades que tendríamos. Los llevaba de un lado a otro. Su editor me contó que una vez habían ido a otro país y estaban con una persona que hacía el mismo trabajo con ellos, con la misma dinámica que me vieron a mí, y le dijeron: “Éste es el Kostzer de acá”. Siempre que vino a Tucumán fue un éxito de público.

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