Tuvo apoyo económico del mejor, se alistó en un equipo oficial y los medios especilizados le colgaron el cartel de "gran esperanza argentina". Pero "Orly" Terranova no pudo responder a tamaña expectativa, por una cuestión extradeportiva que lo marginó de la carrera y lo sumió en un escándalo de proporciones. Por contrapartida, su comprovinciano Lucio Álvarez llegó una vez más a la carrera casi en silencio y con un perfil particularmente bajo. Dale que dale al acelerador, al manejo y al aguante, tomó de manera casi inesperada la posta que dejó libre Terranova, y a falta de tres jornadas de Dakar en terreno peruano, va camino a una actuación consagratoria, a puro sacrificio, sufrimiento, garra y talento. Cosas tan típicamente argentinas, pero que sin embargo nos llevan a la meta.
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