“No creo que el teatro para chicos sea más fácil ni más difícil. Depende de cada uno; en mi caso me siento más libre”. Así lo señala la directora de la obra “La nube rosada”, Nerina Dip. “Se puede jugar con los recursos y con la dramaturgia. Sé que con los niños tengo interlocutores más aptos para volar conmigo y obviamente con la propuesta de mi grupo de trabajo. Es que no encuentro tanta intelectualidad en la recepción; se prenden o no. Los escucho desde la cabina técnica construir la dramaturgia por senderos que no siempre nos planteamos”, describe la teatrista.
Y agrega: “en algunas escuelas, los niños no conocían las ovejas y las transformaban en vacas o abejas”. “Sí puedo percibir una diferencia entre el teatro para adultos y el destinado a los niños, sobre todo en la recepción: el adulto intelectualiza y sabe que sus opciones son la frialdad en el aplauso, no recomendar la obra, no aplaudirla, en fin.... dispone de varias herramientas que no tiene el niño. Salvo el berrinche, claro, herramienta que el adulto no admitiría para sí”, añadió.
La tradición
Cuando se la interroga sobre la aplicación de recursos trillados, Dip indicó: “en ‘La nube rosada’ no los empleo, pero no tengo prejuicio con ellos; simplemente no los necesité. Aunque creo que son parte de cierta tradición del teatro infantil y que son un patrimonio del lenguaje. Hay creadores que los dominan, y un niño debe enfrentarse a la tradición y a la experimentación. ‘La nube rosada’ está mas cerca de la experimentación, por el uso de planos simultáneos, por el recurso del teatro de sombras y por la manipulación a la vista”.
Posteriormente, la directora advierte que siempre pensó a los niños como seres humanos adultos. “No creo que el niño sea alguien a quien ‘le falta’ para llegar a ser adulto. No me interesa pensar el desarrollo humano empleando la imagen de la madurez; es demasiado biológica a mi entender, y llevada hasta sus limites, es cruel tanto con los niños como con los ancianos”.
Y porque no los cree inmaduros es que la directora se permite un final abierto. “En mis obras los personajes no siempre usan la palabra, me permito usar un texto de mediados del siglo XIX, me permito trabajar con la música de Chopin para reunirlo nuevamente con George Sand en ‘La nube rosada’ me permito los planos superpuestos, la simultaneidad. A eso me refiero cuando digo que siento más libertad trabajando en un teatro llamado ‘para niños’”, dijo.









