17 Mayo 2009 Seguir en 
De pronto explotó. Había muy poco, y era difícil conseguir turno; sacar los permisos era muy caro, y después había que pensar en el sonido, las luces y la publicidad; pero ahora hay dónde y cómo.
Tras la tragedia de Cromagnon, Tucumán se puso muy difícil para el rock, como toda la Argentina. Las exigencias para habilitar locales aumentaron sin la suficiente claridad, y hasta hay diferentes requisitos para espacios destinados a distintos espectáculos. Los músicos y su público apuntaron los dardos hacia el Estado; le exigieron la apertura de espacios para tocar. Lo hicieron por nota, en recitales y festivales, a través de los medios... El 22 de abril de 2006, recibieron la promesa oficial de que se abrirían el centro cultural Juan B. Terán y el Palacio de los Deportes. Y nada, no se cumplió.
Las opciones, hasta hace poco, eran los pubs para menos de 100 personas, o los clubes para más de 1.000. No había nada intermedio, y son muchas las bandas que se mueven dentro de ese enorme espectro. Lo necesitaban para no perder.
Algunos se cansaron, pero no se fueron a dormir ni se quedaron esperando. Pensaron, rasparon la olla, consiguieron apoyo y se mandaron de cabeza. Abrieron pubs y bares e invitaron a sus amigos a tocar. Otros consiguieron un poco más, y abrieron grandes salones.
Lo hicieron ellos mismos, como decían los punks en los 70 (do it yourself), sin esperar nada de nadie. Es rock and roll.
Tras la tragedia de Cromagnon, Tucumán se puso muy difícil para el rock, como toda la Argentina. Las exigencias para habilitar locales aumentaron sin la suficiente claridad, y hasta hay diferentes requisitos para espacios destinados a distintos espectáculos. Los músicos y su público apuntaron los dardos hacia el Estado; le exigieron la apertura de espacios para tocar. Lo hicieron por nota, en recitales y festivales, a través de los medios... El 22 de abril de 2006, recibieron la promesa oficial de que se abrirían el centro cultural Juan B. Terán y el Palacio de los Deportes. Y nada, no se cumplió.
Las opciones, hasta hace poco, eran los pubs para menos de 100 personas, o los clubes para más de 1.000. No había nada intermedio, y son muchas las bandas que se mueven dentro de ese enorme espectro. Lo necesitaban para no perder.
Algunos se cansaron, pero no se fueron a dormir ni se quedaron esperando. Pensaron, rasparon la olla, consiguieron apoyo y se mandaron de cabeza. Abrieron pubs y bares e invitaron a sus amigos a tocar. Otros consiguieron un poco más, y abrieron grandes salones.
Lo hicieron ellos mismos, como decían los punks en los 70 (do it yourself), sin esperar nada de nadie. Es rock and roll.












