17 Mayo 2009 Seguir en 
"En mi caso, la presencia del rock en el local pasa más por una cuestión de onda que por la plata", sostiene Luis Coronel, el dueño del ya legendario Tekila (General Paz 1.462).
El local funciona especialmente como boliche bailable, y ocasionalmente tiene recitales en vivo. "No hay comparación, el boliche da más plata, es más redituable", confirma.
Tekila tuvo dos etapas, marcadas por los locales en los que estuvo (el primero fue en El bajo), y siempre hubo rock, con mayor o menor frecuencia.
"En su momento los chicos de las bandas me dieron una mano, y siempre siento la necesidad de devolverles eso", dice.
Coronel explica que los recitales se hacen circunstancialmente porque notó que generalmente era el mismo público el que asistía, y que empezaba a cansarse. "Si hacés shows tres días a la semana, como hicimos alguna vez, se empiezan a repetir bandas y la gente se aburre y no vuelve", indica.
"Pero a los vagos hay que seguir haciéndoles el aguante, y cuando piden fecha les doy, sin cobrar nada. Sólo tienen que conseguir el sonido y las luces, y se quedan con la recaudación de la puerta", aseguró, y agregó que Tekila tiene la ventaja de contar con dos pistas, lo que le permite hacer recitales y abrir el boliche al mismo tiempo.
Con más de tres años en el circuito, Coronel cree que la aparición de nuevos locales es buena para la movida y para el negocio. "Eso nos obliga a mejorar los locales, a las bandas a superar sus propuestas, y así tratar de ganar el público. Nivelamos para arriba", confirma este amante del heavy metal que suele hacer pogo como uno más en su salón, que durante bastante tiempo fue casi el único que le abrió sus puertas al rock tucumano.
El local funciona especialmente como boliche bailable, y ocasionalmente tiene recitales en vivo. "No hay comparación, el boliche da más plata, es más redituable", confirma.
Tekila tuvo dos etapas, marcadas por los locales en los que estuvo (el primero fue en El bajo), y siempre hubo rock, con mayor o menor frecuencia.
"En su momento los chicos de las bandas me dieron una mano, y siempre siento la necesidad de devolverles eso", dice.
Coronel explica que los recitales se hacen circunstancialmente porque notó que generalmente era el mismo público el que asistía, y que empezaba a cansarse. "Si hacés shows tres días a la semana, como hicimos alguna vez, se empiezan a repetir bandas y la gente se aburre y no vuelve", indica.
"Pero a los vagos hay que seguir haciéndoles el aguante, y cuando piden fecha les doy, sin cobrar nada. Sólo tienen que conseguir el sonido y las luces, y se quedan con la recaudación de la puerta", aseguró, y agregó que Tekila tiene la ventaja de contar con dos pistas, lo que le permite hacer recitales y abrir el boliche al mismo tiempo.
Con más de tres años en el circuito, Coronel cree que la aparición de nuevos locales es buena para la movida y para el negocio. "Eso nos obliga a mejorar los locales, a las bandas a superar sus propuestas, y así tratar de ganar el público. Nivelamos para arriba", confirma este amante del heavy metal que suele hacer pogo como uno más en su salón, que durante bastante tiempo fue casi el único que le abrió sus puertas al rock tucumano.











