“El instrumento más efectivo es el cuerpo”

Jeff Manookián habló el poder que tiene la batuta y contó anécdotas de un concierto.

GESTUAL. Manookián dijo que un director también dirige con los ojos.
GESTUAL. Manookián dijo que un director también dirige con los ojos.
30 Noviembre 2008

“Un director es el que determina el concepto de la música”. Así lo cree Jeff Manookián, actual conductor de la Orquesta Estable de la provincia, quien asegura que un director es mucho más que un simple conductor. “Aunque parece que sólo marca compases (una suerte de metrónomo glorificado), con sus movimientos él confirma a los miembros de la orquesta todo el trabajo que se realizó en los ensayos conduciendo al momento final: el concierto. En realidad, la mayoría del trabajo para un concierto se hace en los ensayos”, dijo.
Claro que, en esta tarea, también hay mucho de liderazgo. “Ser un líder dentro de la formación, no habilita a maltratar a los músicos para lograr los objetivos. Pero, lamentablemente, todavía existen directores que llevan demasiado ego al podio, para ocultar su falta de musicalidad, preparación o mala técnica”, declaró.

La magia de la varilla
Según Manookián, la batuta (esa varilla que los directores usan para marcar los compases), tiene un poder especial. “Con ese palito, se puede controlar la fuerza de acentos o el volumen del sonido. También indica si un pasaje se debe tocar ‘picado’ o más ligado”, dijo. Sin embargo, podría decirse que el instrumento más efectivo del director es su propio cuerpo. “Aparte de la técnica de la batuta, un director dirige con su cara y ojos, algo que el público en realidad nunca puede ver. En un concierto hay cosas que sólo se puede comunicar con la cara y con los ojos”, consideró.
En este sentido, Manookián recordó una anécdota en un concierto que estaba dirigiendo en Estados Unidos. “Una cantante de la Opera Metropolitan debía interpretar una obra de Wagner como solista. Y yo conducía la orquesta. En la segunda canción de la serie, de pronto me di cuentan que la artista estaba cantando otra cosa y pensé que me había equivocado en darle la entrada o que me había perdido en la partitura. Lo cierto es que lo que estaba dirigiendo no tenía nada que ver con lo que estaba cantando la solista. Después de unos momentos muy incómodos, la cantante tocó mi hombro para detener la música. Yo me quería morir. Y, de pronto, la solista dijo al público: ‘perdón, debo cantar lo que está tocando la orquesta. Yo estaba cantando otra obra que no tiene nada que ver’. Así, empezamos el movimiento de nuevo y la artista lo cantó a la perfección. Claro que el mal momento no me lo voy a olvidar jamás. Era una función de gala”, comentó Manookián.

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