Carl Christensen nació en Pittsburg (California) y actualmente se desempeña como profesor de música y como director de la banda de música de Hartnell College en Salinas (California). Sin embargo, tiene estrechos vínculos con Tucumán. De hecho, ya dirigió seis veces a la Orquesta Sinfónica de la UNT en conciertos en los que abarcó desde el jazz hasta la música de películas. Desde su casa en California y, en medio de los festejos por el Día de Acción de Gracias, Christensen aceptó amablemente la invitación de LA GACETA para contar sus experiencias como director.
- ¿Cuál es el rol de un director?
- El director de orquesta es como un "chef" de cocina o un anfitrión para una degustación de vinos. Es un líder musical pero no un dictador. Forma parte de un equipo que también incluye el público.

- ¿Recuerda cómo fue el primer concierto que dirigió en Tucumán?
- Siempre me acuerdo de mi primer concierto en Tucumán. Había propuesto varias ideas: un concierto "normal" (clásico), música de los EEUU, y un programa "pop" incuyendo temas de teatro musical, cine, y jazz. La UNT eligió el último y llegué con mi maleta llena de partituras de obras "pop". A la Sinfónica le gustó la idea de tocar algo diferente y fue una experiencia muy linda para mí.
- ¿Los ensayos son la clave del éxito?
- La oportunidad para el director de formar una interpretación fresca y único se da en los ensayos. Aquí, en los EEUU, por razones económicas, a veces tengo muy poco tiempo de ensayar y tengo que formar la interpretación con mis gestos en pleno concierto. Es un desafío interesante, pero no es lo ideal. Siempre es mejor que el director entre al ensayo con un concepto de interpretación y en los ensayos trabajé con los músicos para lograr el objetivo. También en los ensayos los músicos muestran sus ideas. En realidad, la finalidad del ensayo es llegar a un acuerdo entre el director y los músicos.

- ¿La batuta tiene alguna magia especial?
- Hay un dicho: "la batuta no suena". Y es cierto.
- A pesar de los ensayos ¿hay sorpresas en un concierto?
- Sí, desde luego que hay sorpresas. Una de esas sorpresas me pasó cuando cuando era miembro de la Orquesta Sinfónica de México en los 1970. El director había dicho que al final de la Sinfonía Fantástica de Berlioz iba a hacer una nota larga con los metales. Yo era el primer trombón. Cuando hizo el gesto, visualmente pareció que el director había cortado la nota, pero el gesto fue en realidad para la cuerda, y el otro brazo subió indicando la nota sostenida para los metales. Lo cierto es que cortaron todos. Sólo quedé yo tocando muy fuerte y el director mirándome.









