Biocombustibles: un paso en el camino correcto

El Senado aprobó y giró a Diputados un proyecto de ley que renueva el marco regulatorio de los biocombustibles, con cortes obligatorios crecientes hasta 2036. El sector celebra la norma: el bioetanol, ya usado en más de 60 países, es clave para la seguridad energética, la descarbonización y el desarrollo rural, al generar empleo y valor agregado en economías regionales de varias zonas del país.

Biocombustibles: un paso en el camino correcto

El Senado de la Nación aprobó y giró a Diputados un proyecto de ley que busca establecer un nuevo marco regulatorio para los biocombustibles. La iniciativa eleva las cuotas de corte en un régimen de transición hasta 2036 -fecha en la que debería liberarse la libre competencia en el mercado- y fue recibida con entusiasmo por los sectores involucrados en esta importante actividad agroindustrial, soporte de muchas economías regionales de la Argentina.

El propósito central de la normativa apunta a incentivar las inversiones, a consolidar la seguridad energética del país y a promover una transición progresiva del sector hacia un mercado más competitivo, transparente, desregulado y ambientalmente sostenible.

El proyecto declara de interés público la fabricación, el almacenamiento, la mezcla, la comercialización y el autoconsumo de biocombustibles en todo el territorio nacional.

Uno de sus motores operativos fundamentales consiste en fijar incrementos obligatorios y escalonados en los porcentajes de mezcla con los combustibles fósiles tradicionales.

En el caso del gasoil o diésel, la norma establece un corte mínimo inicial obligatorio de un 7,5% de biodiesel, cuota que se elevará a un 10% una vez transcurridos 12 meses desde la promulgación de la ley.

Para las naftas se fija un corte obligatorio inicial de un 12% de bioetanol -respetando una cuota equitativa de un 6% para el producido a partir de caña de azúcar y de un 6% derivado del maíz-, porcentaje que ascenderá a un 15% al cumplirse el primer año de vigencia del nuevo marco regulatorio, quedando el remanente libre para ser completado con cualquier otra materia prima renovable.

Lo sucedido en el Senado Nacional muestra que todo el esfuerzo que vienen realizando los factores que integran esta cadena agroindustrial -ya sean políticos, legislativos, económicos y financieros- no fue en vano, y que el camino tomado para afianzar la producción de biocombustibles sería el correcto.

Lo que sucedió en el Senado fue largamente conversado en las disertaciones y en las reuniones personales entre todos los participantes que estuvieron presentes durante la Segunda Cumbre del Bioetanol, que se realizó en Tucumán.

En el caso del bioethanol -en el cual nuestra provincia es la más interesada, junto con las provincias del NOA, productoras de caña de azúcar- todos saben que se trata simplemente de etanol o alcohol etílico, producido a partir de la fermentación de biomasa de plantas celulósicas, de lo cual se obtiene un producto apto para su uso como combustible renovable. Como alcohol, es inflamable y tiene un alto índice de octano, lo que significa que resiste mejor la detonación del motor que la gasolina. Esto convierte al etanol en un eficaz potenciador del octano en las mezclas de gasolina, lo que permite mejorar el rendimiento o la eficiencia del motor cuando este está diseñado para ello. En general, el bioetanol se valora como un combustible renovable de producción nacional que puede mezclarse con gasolina o sustituirla en motores compatibles.

Todos los especialistas que en el mundo trabajan e investigan con este biocombustible coinciden en que el uso del etanol tiene cada vez mayor importancia, ya que tanto los países productores como los consumidores lo consideran un pilar en la descarbonización del planeta.

Se sabe que las emisiones de carbono siguen en aumento y que, del total emitido, entre un 20% y un 25% provienen del transporte en todo el mundo; y que el 75% de esto se lo lleva el transporte terrestre, casi un 25% el aéreo y el resto, muy ínfimo, el naval, por lo que es necesario tener en cuenta este aspecto.

Mirar y analizar la historia nos indica que el etanol se fue consolidando en el mundo debido a la necesidad de renovar los combustibles fósiles y, a la vez, de cuidar el ambiente. En la actualidad, el etanol se mezcla con la gasolina en más de 60 países, y tanto su tecnología de producción como su infraestructura de consumo -con los vehículos de combustible flexible y las bombas mezcladoras- han madurado sustancialmente.

El bioetanol contribuye a la seguridad energética al sustituir una parte del consumo de petróleo por combustible de producción nacional, por lo que países con abundantes recursos agrícolas han utilizado el etanol para reducir su dependencia del petróleo importado.

Además, la industria del etanol también impulsa el desarrollo económico, especialmente en las zonas rurales. El procesamiento de cultivos para convertirlos en combustible añade valor a la producción agrícola y crea nuevas fuentes de ingresos para los agricultores. Genera empleo en la agricultura, en la logística y en la biorrefinería, y cumple un importante papel en el desarrollo y en la revitalización rural.

El sector sucroalcoholero solo espera que el camino tomado por el Senado siga su curso, y que la tan ansiada ley salga en beneficio de todos los argentinos.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios