Algunos espectadoresse tensan y sufren

También el público debe estar concentrado ante este tipo de propuesta. Hay quienes se angustian demasiado.

12 Octubre 2008
Con los espectáculos del teatro físico, no sólo los actores deben estar en un estado de alerta permanente, absolutamente concentrados. También para el público significa un "estado de lucidez", en el sentido de intentar codificar la propuesta. En "Periplo, cartas al infinito", por ejemplo, cada espectador puede transitar y decidir libremente si la disfruta o no, si la carga de sentido o no, si se abstrae o no. "Es una decisión valiente querer ser espectador de una propuesta como la nuestra. También es un desafío adrenalínico. Es un espectador dispuesto a entregarse a nosotros y esto nos fascina", afirma Noé Andrade, directora de La Vorágine.
"La verdad es que no cualquiera concurre a este tipo de espectáculos, donde los actores se te acercan tanto y a veces te hacen participar. Recuerdo "Fiesta 5", de Manojo de Calles, en La Sodería. Sobre un tablón, bailaban y peleaban con mucha violencia y energía. Tal fue la entrega que uno de ellos, pisó un agujero y se hundió, y como si nada se levantó y siguió. Nosotros sufríamos mucho", recuerda José Domínguez.
Como se advertirá, algunos espectadores sufren o se tensan tanto que directamente se retiran. "No, yo no aguanté tanto y me fui", dice Josefina Alvarez: "los cuerpos desnudos que se chocaban entre sí, donde todo olía a violencia y a choque, se desarrollaba a me nos de un metro de donde yo estaba sentada. No me lo banqué y me fui", contó al referirse a una propuesta de Manojo de Calles que tuvo lugar en la sala de Casa Club, en Las Piedras al 700. Cecilia Prado también tuvo una experiencia similar con esa obra: "no soporté los olores, ese es el tema ni tanta violencia".
"La primera obra que vi de este tipo no recuerdo cómo se llamaba, pero sí sé que fue en La Sodería y trabajaba César Romero. Toda la obra se planteaba en una red en altura. No la entendí mucho, pero puede ver la entrega y la destreza del actor. Con mi novia estábamos pendiente de que se cayera", relata Horacio Mangini. Asiduo concurrente al teatro, Mangini disfruta de estas audaces escenas, pero de lejos: "no me gustan que me metan en el medio ni que me hagan subir al escenario; no, para mí cada uno tiene su lugar, y yo quiero ser espectador, nada más".

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