“Que el actor no sólo sea un emisor de texto”

La Sodería fue la primera sala que instaló arneses en esta ciudad. Teresita Guardia resalta el "todo dramático".

EN LA RED. En la puesta “Mosca de cuernos”, el intérprete desarrollaba distintas acciones en altura.
EN LA RED. En la puesta “Mosca de cuernos”, el intérprete desarrollaba distintas acciones en altura.
12 Octubre 2008

“Existe una dramaturgia del espacio, de la luz, del sonido, del texto, de los actores o dramaturgia corporal, en fin todo aquello que forma parte de la “escena” tiene o debiera tener su dramaturgia. Lo que implica que más allá de la diferenciación debida a su naturaleza, conforman un todo dramático que confluye en la puesta en escena”, reflexiona Teresita Guardia.
Luego añade que dentro de estas múltiples variables dramatúrgicas, “creemos que la denominación “teatro físico” simplemente hace referencia a una cierta concreción de la emisión del actor a través de una acentuación o exaltación del cuerpo físico; algo así como el expresionismo en la plástica, un recurso cargado de materia que amplifica el recorte de lo “real” en escena. O como en el cine, el recurso del primerísimo plano para acentuar el “verismo‘”. En definitiva, “se tiende a que el actor no sea un simple “emisor de un texto oral”, sino que el compromiso del cuerpo conlleve textualidad a la materia, como poesía inscripta en el cuerpo”, describe.
Guardia considera que desde estas consideraciones las puestas que se hicieron en la sede de Villa 9 de Julio, a cargo del grupo Marfil Verde, se encuentran en la línea de producción del llamado teatro físico; allí en La Sodería fue el primer lugar donde aparecieron los arneses.
En tal sentido recuerda “El deseo atrapado por la cola” con textos de Picasso y “Mosca de cuerno” con textos de Smerling y de otros autores. Una obra que requiere arneses para crear vuelos en las paredes tiene el propósito de crear conflicto con la ruptura de la fuerza de gravedad y el riesgo que ello implica; por lo tanto acentúa la tensión dramática.

Un recurso
“Pero paradójicamente, al tratar de superar la gravedad, se encuentra con la limitación de “los cables a tierra” que preservan el vuelo, lo que implica que el recurso tiene que estar usado de manera que el anclaje no se transforme en un elemento contra dramático que rompa la magia o la poesía en escena. Esta dificultad la tuvimos en “Mosca de cuerno‘”, recuerda Teresita Guardia.

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