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El 6 de octubre, Lionel Messi va a volver a pisar el césped del Monumental y miles de personas van a querer estar ahí para verlo. No importa quién será el rival de Argentina, ni siquiera cuánto tiempo él esté dentro de la cancha. La gente va a querer decir presente.
Todos harán cualquier cosa para conseguir una entrada. Buscarán un contacto, un amigo, un conocido o alguien que conozca a alguien. Y van a pagar lo que pueda pagar porque será un momento irrepetible. Messi va a entrar a un campo de juego para despedirse de los que lo vieron crecer, de los que lo criticaron, de los que lo defendieron, de los que lloraron con él o de los que festejaron cada uno de sus logros.
Messi va a despedirse de los que hicieron de la Selección una parte de sus vidas y de aquellos a los que él hizo felices durante más de dos décadas. Quizás por eso conseguir una entrada para ese partido termine siendo una locura. ¡Va a ser la última vez de Messi con la camiseta argentina!
La última vez del jugador que ganó todo con la Selección; el campeón del mundo, de América y de la Finalissima. El futbolista que convirtió tantas noches en recuerdos que quedaron guardados para siempre.
Durante tantos años supimos que algún día esto iba a pasar, pero nunca pudimos imaginar cómo porque Messi se convirtió en una costumbre. Argentina jugaba y él estaba.
Podía cambiar el entrenador, los compañeros, el esquema y los resultados. Pero Messi seguía ahí.
Estuvo cuando todavía era aquel chico de 17 años que empezaba a aparecer en la Selección, estuvo en las derrotas, en las finales perdidas, cuando las críticas se hicieron insoportables, cuando decidió alejarse y cuando decidió volver.
Pero también estuvo cuando Argentina volvió a ganar. En el Maracaná, en Wembley, en Qatar y en la Copa América de Estados Unidos. E incluso estuvo también cuando parecía que ya no quedaba nada más por conquistar. Por eso esta despedida tiene algo diferente.
“Me vacié, ya no tengo más para dar”, escribió cuando anunció su retiro de la Selección. Y agregó que detrás vienen chicos que merecen estar.
Esa frase, tal vez, sea la que mejor explique lo que está pasando. Messi sintió que es el momento de decir adiós. Y mientras todos piensan en cómo lo despedirán, la Selección ya está empezando a pensar en cómo seguir sin él; y la lista que Lionel Scaloni presentó hace algunos días así lo demuestra.
Messi aparece todavía en ella. También Rodrigo De Paul y Giovani Lo Celso. Pero alrededor empiezan a aparecer nombres que hasta hace poco parecían ser parte del futuro y que ahora empiezan a convertirse en presente: “Nico” Paz, Franco Mastantuono, Matías Soulé, Giuliano Simeone, Gianluca Prestianni, Santiago Castro y José Manuel López. Todos ellos están ahí para empezar a construir una Selección diferente.
Por ese motivo, esto también significa despedir a una generación que durante años aprendimos a reconocer de memoria. A los que acompañaron a Messi en el camino y que fueron construyendo, junto con él, una Selección que terminó cambiando para siempre la relación de los argentinos con la camiseta.
El desafío de poder darle forma a una nueva Selección
El equipo que viene todavía no tiene una cara definida y aún no sabemos quién será el nuevo líder, quién llevará la cinta, quién asumirá la responsabilidad cuando el partido se complique ni quién será capaz de pedir la pelota cuando todos quieran esconderse.
Nadie sabe quién será también el próximo gran ídolo de los niños que sueñan con la pelota en los pies. Pero claro, quizás, tampoco haga falta saberlo todavía porque el error sería intentar encontrar rápidamente al nuevo Messi.
Sin Messi, el desafío de la Selección será encontrar la manera de vivir después de la partida de su líder.
Por ese motivo, el 6 de octubre habrá dos partidos: el duelo contra Benín y el juego contra el tiempo. Durante 90 minutos todos miraran a Messi como lo hicieron durante más de 20 años. Esperarán que toque la pelota, que encare, que tire un pase imposible, que haga un gol y que levante la cabeza. Pero también todos estarán atento al reloj; y cuando llegue el final, quizás muchos no quieran irse del Monumental porque más allá del fin de un nuevo amistoso, será también el final de una manera de mirar a la Selección.
Durante mucho tiempo nadie supo imaginar una Argentina sin Messi; ahora habrá que aprender a hacerlo. Porque será una realidad.
Primero vendrá la despedida, después el silencio, y finalmente, como siempre ocurre con la Selección, habrá que volver a empezar.
Pero antes de todo eso, habrá que decirle gracias a Messi. Habrá que estar ahí y llenar el estadio. Porque Messi va a despedirse de la gente que durante tantos años esperó verlo entrar a una cancha con la camiseta argentina luego de ganarlo todo.
Quizás por eso nadie quiera perderse la última vez. Después vendrá el silencio; y como siempre, habrá que volver a empezar.







